24 de agosto de 2013

EVA AL DESNUDO (All About Eve)
(USA) 20th Century-Fox, 1950. 138 min. BN.
Pr: Darryl F. Zanuck. G: Joseph L. Mankiewicz, basado en el relato “The Wisdom of Eve” de Mary Orr (Anne Caswell). Ft: Milton Krasner. Mt: Barbara McLean. DA: Lyle R. Wheeler y George W. Davis. Vest: Edith Head y Charles Lemaire. Ms: Alfred Newman. Dr: Joseph L. Mankiewicz.
Int: Bette Davis, Anne Baxter, George Sanders, Celeste Holm, Gary Merrill, Hugh Marlowe, Thelma Ritter, Marilyn Monroe, Gregory Ratoff, Barbara Bates, Walter Hampden, Randy Stuart.
La impar Bette Davis posando como Margo Channing, su personaje en la película.
George Sanders y Anne Baxter en esta pose promocional parecen llevarse mucho mejor que sus personajes en la película, Addison DeWitt y Eve Harrington, respectivamente.
Eve, noche tras noche, espera pacientemente en la salida de artistas del teatro la oportunidad de acceder
a su idolatrada Margo.
Karen (Celeste Holm) y Lloyd Richards (Hugh Marlowe) forman un feliz matrimonio y son los mejores amigos de Margo Channing. Él es el autor de las obras que tan exitosamente representa Margo en los escenarios. 
Bill Sampson (Gary Merrill) es el director escénico y también un hombre muy enamorado de la estrella
a quien dirige en las tablas.
Birdie Coonan (Thelma Ritter), una antigua actriz de variedades, es ahora la fiel ayudante de Margo.
La pobre Birdie tiene que soportar a menudo los malos humores de la irascible estrella a quien sirve. Pero ambas se quieren y se necesitan.
SINOPSIS: En el transcurso de la ceremonia en la que Eva Harrington, la nueva sensación de Broadway, recibe el codiciado Premio Sarah Siddons a la mejor actriz del año, varios de los presentes en el evento que la conocen bien desde sus comienzos recuerdan, cada uno desde su perspectiva, cómo esta ambiciosa mujer consiguió llegar a la cumbre de su profesión.
Margo da en su casa una fiesta para sus amigos y a ella asisten el temible columnista y crítico teatral Addison DeWitt (George Sanders) acompañado de Miss Casswell (Marilyn Monroe), una explosiva aspirante a actriz.
Addison, consciente del impacto que Miss Casswell causa entre los asistentes a esa fiesta, "aconseja" a la muchacha a qué invitados debe camelarse para obtener algún beneficio de su presencia allí.
Margo, insegura y asustada porque ya ha cumplido los cuarenta, tiene frecuentes enfrentamientos con su prometido Bill, ocho años más joven que ella. Él trata de convencerla de que la ama por encima de todo y de que continúa siendo una gran estrella admirada por todos.
Max Fabian (Gregory Ratoff) es el sufrido empresario teatral que produce las obras representadas por Margo Channing, mientras lucha con crónica su acidez de estómago.
Eve, fingiéndose una "mosquita muerta" que adora a Margo Channing, ha logrado convertirse en su protegida y sueña secretamente con ocupar algún día el lugar y la fama que ahora posee Margo.
Tras un fin de semana en el campo, Lloyd y Karen llevan a Margo de regreso a New York a tiempo para que se reincorpore a las representaciones. Pero ese coche se quedará sin gasolina.
En la ceremonia de la entrega de los Sarah Siddons Awards, Eve parece haber llegado a donde ella deseaba. Sin embargo, comprende que sus intrigas y artimañas para conseguir el ansiado éxito le han hecho perder lo principal: la amistad, la confianza y el cariño de los que fueron sus amigos. 
COMENTARIO: Esta intensa y absorbente obra maestra aborda con afilada inteligencia el mundo del teatro y su fauna y lo hace quizá como coartada para llegar más allá. Penetra bajo su iluminada superficie y nos descu­bre el andamiaje sobre el que se sostiene: la ambición centrada en la persecu­ción del éxito, el egoísmo, la mentira y la ausencia de escrúpulos. La perceptiva y devastadora mirada del racionalista Mankiewicz (que podría identificarse en la película que comentamos con la del sardó­nico Addison DeWitt) no está exenta, sin embargo, de una buena dosis de comprensión e incluso amor hacia esos personajes, víctimas y verdugos rotativamente, siempre vulnerables y a veces patéticos.
Tal vez por la importancia que siempre ha tenido la palabra en la obra de Joseph Mankiewicz, el cine de este guionista y realizador ha sido injustamente acusado de "teatral" en más de una ocasión, lo que denota la escasa atención que se pone en analizar la concepción de su narrativa cinematográfica. Tanto en la película que ahora nos ocupa como en buena parte de su filmografía, las soluciones de puesta en escena, son tan lógicas, equilibradas e inteligentes que el resultado es de una total transparencia, es decir, invisible en su perfección. Incluso la ocasional recurrencia a audacias expresivas resultaba tan funcional que se nos pasaba por alto que estábamos ante algo que nadie había hecho antes. Lo que no libró a nuestro hombre de disgustos y encontronazos en el seno de la industria para quien trabajaba. De ahí, que en su día, "EVA AL DESNUDO" sufriera varias mutilaciones a manos del mogul de la Fox, Darryl F. Zanuck, quien se empeñó en suprimir algunas escenas que se “repetían” desde distintos puntos de vista, según el personaje que lo narrara. Entonces, la cortedad de miras de Zanuck y su extrañeza ante cualquier innovación narrrativa, no permitieron a Mankiewicz presentar su película tal como la había concebido, cortapisa que volvería a sufrir con frecuencia a lo largo de su carrera. Sin embargo, lo que no le permitieron en "EVA AL DESNUDO", lo lograría cuatro años más tarde con “LA CONDESA DESCALZA”, eso sí, bajo la égida de su propia productora, la Figaro Inc, de breve andadura.
Entrando ahora en el terreno de una soberbia dirección de actores, nos encontramos con el resultado de unos trabajos asombrosos finamente matizados. Desde luego, nadie olvidará la Margo Channing de la impar y electrizante Bette Davis (“Abróchense los cinturones, esta noche vamos a tener tormenta”), los infinitos registros de Ann Baxter dando vida a la ambiciosa, sedienta de triunfo ("Aunque no hubiera nada más, estaría el aplauso"), sibilina, veladamente lesbiana y chantajista chantajeada Eve Harrington, o las breves pero deliciosas intervenciones de una casi debutante Marilyn Monroe (“Ahora me siento como un cisne en el canal de La Mancha”) ácidamente apostilladas por su acompañante e “introductor” el influyente crítico teatral Addison DeWitt ("Les presento a Miss Caswell, diplomada por la Escuela de Arte Dramático de Copacabana"), incorporado con venenosa elegancia por el gran George Sanders, a cargo del cual corre una de las escenas más impactantes de la película (su encuentro final con la "triunfadora" Eva).
Para clausurar esta breve reseña, deseo afirmar plenamente convencido que los diálogos de “EVA AL DESNUDO” son los más brillantes, inteligentes, sutiles y vitriólicos de cuantas películas ha visto en su (larga) vida quien esto escribe. 

11 de agosto de 2013

BUS STOP
(USA) 20th Century-Fox / Marilyn Monroe Prod., 1956. 96 min. Color. CinemaScope.
Pr: Buddy Adler. G: George Axelrod, basado en la obra de William Inge. Ft: Milton Krasner. Mt: William Reynolds. DA: Lyle R. Wheeler y Mark-Lee Kirk. Vest: William Travilla. Ms: Alfred Newman y Cyril Mockridge. Dr: Joshua Logan.
Int: Marilyn Monroe, Don Murray, Arthur O'Connell, Eileen Heckart, Betty Field, Robert Bray, Hope Lange, Hans Conried, Casey Adams, Linda Brace.
Durante una pausa de rodaje, Marilyn posa relajada y sexy con ese look de "chica perdida".
Cherie (Marilyn Monroe) comprueba desesperada cómo unos vaqueros garrulos la impiden cantar en el local donde ella trabaja.
Beauregard "Bo" Decker (Don Murray) es un ingenuo cowboy sin modales  recién llegado a Phoenix que tras ver actuar a Cherie queda inmediatamente prendado de ella.
El amigo y consejero de Bo se llama Virgil (Arthur O'Connell) y lo quiere como a un hijo. Pronto se percata de que Cherie, en contra de las apariencias, es una buena chica.
Bo,  entusiasmado y enamorado, se quita la mugre acumulada durante meses de trabajo.
Sin pedirle opinión ni consentimiento, Bo se empeña en considerar a Cherie como su prometida.
SINOPSIS: En su primera visita a la ciudad de Phoenix con motivo de su participación en un rodeo que allí se celebra, un vaquero ingenuo, impulsivo y tozudo conoce a una atractiva (y atribulada) cantante de saloon. Prendado por su belleza, rápidamente decide que ella habrá de ser su esposa. Lógicamente, la chica y cuantos le conocen intentarán disuadirle de tan precipitado empeño.
Cherie y su amiga Vera (Eileen Heckart) asisten al rodeo donde participa Bo.
Brusco, ingenuo y terco, el bueno de Bo empieza a tomar conciencia de que a lo mejor, después de todo, esa chica no quiere ser su novia. 
Cherie, sintiéndose acosada, trata de esconderse del pertinaz asedio de Bo.
Ahí tenemos a Bo con el morro hinchado por una pelea que él mismo ha provocado y a Cherie preguntándose finalmente si ese palurdo enamorado podría ser su hombre. 
Virgil, harto de los modales de su amigo, le increpa agriamente su actitud y le hace entrar en razón.
Ese momento conmovedor en que la desvalida Cherie comprende, rendida, que Bo es su mejor opción.
COMENTARIO: Joshua Logan ya había hecho sus primeros pinitos teatrales en la universidad formando una compañía amateur con unos jovenzuelos llamados Henry Fonda, James Stewart y Margaret Sullavan. Tras una breve etapa en Hollywood en 1938 trabajando para David O. Selznick antes de que éste se embarcara en "LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ", regresó a la Meca del cine de manera definitiva a mediados de los cincuenta procedente de las tablas de Broadway donde había dirigido algunos famosos musicales (“MR. ROBERTS”, SOUTH PACIFIC”, “PICNIC”, “FANNY”, etc).
Centrándonos en la película que nos ocupa, por deseo expreso de la Monroe (que había formado su propia compañía de producción), Logan se enfrentaba ¡cómo no! a una comedia de origen teatral jalonada con suaves incursiones en el terreno de lo dramático, cuya trama giraba en torno a la atracción sexual, el respeto, la amistad y el aprendizaje.
Muy bien escrita y filmada, “BUS STOP” se eleva con nitidez por encima del concepto de mera adaptación como lo demuestra el diseño y resolución formal de algunas escenas muy complicadas (concentradas especialmente en la primera parte) de incuestionable brillantez expositiva. No olvidemos que Logan ya había filmado previamente otra obra de William Inge, la espléndida “PICNIC” (posteada en este blog).
La película, además, está condicionada y potenciada por la magnética presencia de una Marilyn Monroe que en esta ocasión se empeñó en demostrar todo lo aprendido en materia de interpreta­ción a su paso por el Actor's Studio en los meses anteriores al rodaje del film. Hay un momento único, inolvidable, que deseo reseñar: ese en que Beauregard (Don Murray), en esa noche nevada en la cafetería de carretera, se despoja de su cazadora de vaquero con forro de pelo y la coloca por encima de los ateridos hombros de Cherie (Marilyn) que al sentir el cálido contacto de la lana sobre ella responde con un expresivo gesto de resguardo al percibir finalmente atendido su desamparo.
Sin duda, esta película significó para la mítica y malhadada rubia su mayor esfuerzo por demostrar al público de la época (y a los insensibles mogules de Hollywood) que más allá de su oxigenada cabellera y en el interior de ese físico espectacular había una desaprovechada actriz dramática (persiguió sin conseguirlo interpretar a Grushenka en “LOS HERMANOS KARAMAZOV”). Nadie se fijó entonces en su matizada composición de esa patética y desvalida Cherie y su esfuerzo no sirvió de nada pues siguieron encasillándola en comedias (muy buenas, eso sí)... hasta que Huston la llamó para la póstuma “VIDAS REBELDES".

4 de agosto de 2013

NIAGARA
(USA) 20th Century-Fox, 1953. 89 min. Color.
Pr: Charles Brackett. G: Charles Brackett, Walter Reisch y Richard Breen. Ft: Joseph MacDonald. Mt: Barbara McLean. DA: Lyle R. Wheeler y Maurice Ransford. Vest: Dorothy Jeakins. Ms: Sol Kaplan. Dr: Henry Hathaway.
Int: Joseph Cotten, Marilyn Monroe, Jean Peters, Casey Adams (Max Showalter), Richard Allan, Denis O´Dea, Don Wilson, Lurene Tuttle, Russell Collins, Will Wright.
Una luminosa y promocional sonrisa antes de comenzar el rodaje.
Recién despertada, con ese increíblemente bien perfilado labial, la sensual Rose (Marilyn Monroe) contempla con desencanto a su dormido marido en la cama de al lado.
Rose, que tiene sus propios planes, decide comenzar el día sin su marido George (Joseph Cotten).
Rose efectúa su irrupción en el guateque de sus vecinos enfundada en un provocativo vestido magenta y sin ropa interior (hace mucho calor).
George, enfermo de celos, contempla la escena desde la ventana de su cabaña.
Ella parece ignorarle y sólo desea disfrutar del momento y de una canción titulada "Kiss".
Polly (Jean Peters) y Ray (Casey Adams), una pareja de recién casados, contemplan la escena.
SINOPSIS: Una pareja de recién casados llega a las cataratas del Niágara en viaje de novios y se instala en un camping. Allí conocen a sus vecinos de cabaña, otro matrimonio compuesto por un huraño individuo con problemas mentales agudizados por los celos y una sensual y espectacular rubia sexualmente desatendida que planea con su amante deshacerse del marido.
Mientras suena la música en el pick up, Rose se une a ellos y pronto entablan amistad.
En el rostro de la insatisfecha Rose se adivina el ansia por reunirse con su amante clandestino.
Otro tenso momento previo a la cita amorosa en la que se dirimirá la suerte del marido de Rose.
El atormentado George, sospecha de las andanzas de su esposa y la sigue sin que ella lo perciba.
La belleza de Rose resplandece en cualquier circunstancia.
El terrible momento que todos odiamos en esta película por las consecuencias que trae para Rose.
La estupenda Jean Peters, en el rol de Polly, en esta ocasión cedió protagonismo a nuestra Marilyn, pero es ella quien cierra la película con una inesperada confesión en la que comprende perfectamente a la pobre Rose, ingenua hasta con sus planes criminales.
COMENTARIO: En esta ocasión, el trabajo de Henry Hathaway, uno de los más seguros, hábiles, prolíficos, eclécticos y, en ocasiones, inspirados artesanos de aquel Hollywood fenecido, brilló especialmente en este tenso drama resuelto en clave hitchcokiana (sin duda, al maestro Hitch le hubiera gustado filmar este argumento de haber caído en sus manos) y enmarcado en un espectacular y metafórico escenario que cobra casi tanto protagonismo como los personajes. 
No obstante, por encima de todo, debemos suponer que se trataba de conseguir un vehículo diseñado por la Fox para que sirviera de fulminante lanzamiento a la emergente Marilyn Monroe. Y ¡vaya si lo consiguieron! Ella, desde su primera aparición en el film adormilada en la cama bajo una reveladora sábana, luce especialmente bella y sensual y a partir de ahí, la película contiene prolongados planos y movimientos de cámara cuyo único fin no es hacer avanzar dramática­mente la trama, sino mostrarnos en todo su esplendor la exhuberante y liberada carnalidad de Marilyn. En este sentido, la cámara efectúa estratégicas panorámicas y travellings exclusivamente dedicados a su legendaria, esplendorosa y cimbreante popa). Por eso el prolongado climax final al borde de las cataratas, ya sin ella, carece de temperatura pese a lo bien filmado que está.
Eso sí, la película se cierra con el interesante personaje de la modosita Polly (una espléndida Jean Peters inevitablemente eclipsada por Marilyn) ya a salvo y reinsertada en su conformista normalidad de recién casada, efectuando unas jugosas reflexiones en voz alta.