29 de septiembre de 2017

HOMBRE DEL OESTE (Man of the West)
(USA) United Artists / Ashton, 1958. 100 min. Color. CinemaScope.
Pr: Walter Mirisch. G: Reginald Rose, basado en la novela de Will C. Brown. Ft: Ernest Haller. Mt: Richard Heermance. DA: Hildyard Brown. Vest: Yvonne Wood. Ms: Leigh Harline. Dr: Anthony Mann.
Int: Gary Cooper, Julie London, Lee J. Cobb, Arthur O’Connell, Jack Lord, Royal Dano, John Dehner, Robert Wilke, Frank Ferguson, Emory Parnell, Chuck Roberson.
Este es Link Jones (Gary Cooper), nuestro "hombre del Oeste".
Tras dejar su caballo en el establo y cambiarse de indumentaria, Link continúa su viaje en tren bajo la desconfiada mirada del sheriff de esa ciudad.
Durante el viaje se le pega un amistoso individuo llamado Sam Beasley (Arthur O'Connell), un viejo tahúr en horas bajas con deseos de sacar tajada de donde sea.
Sam, enterado de que Link busca de una maestra para su pueblo, no duda en presentarle a Billie (Julie London), una cantante de "saloon" que según él posee título de magisterio.
Aprovechando una parada técnica, el tren en el que viajan es asaltado por unos forajidos.
En la confusión de la situación creada por la violencia de los asaltantes, nuestros tres personajes son abandonados cuando el tren se pone de nuevo en marcha.
Antes de emprender el camino a pie, Link se desprende de la chaqueta para ofrecérsela a Billie y de este modo nuestro hombre recupera su aspecto inicial.
Tras una larga y tortuosa caminata, Link y sus dos compañeros de viaje llegan hasta una cabaña en un paraje solitario y comprobamos que allí están refugiados los bandidos que asaltaron el tren.
La sorpresa es mayúscula cuando descubrimos que Link los conoce por haber formado parte de esa banda en el pasado.
Es más, el jefe Dock Tobin (Lee J. Cobb) es su tío. Aquí le vemos junto a sus secuaces Ponch (Robert Wilke), Coaley (Jack Lord) y el mudo Trout (Royal Dano).
Dock recrimina amargamente a su sobrino Link que los abandonara para iniciar una nueva vida.
Comienza la "diversión" para ese grupo de salvajes. Cowley amenaza a Link con cortarle el cuello si la atemorizada Billie no se desnuda delante de todos.
Dock parece desinteresado y no hace nada para impedir esa tensa situación.
Si quiere salvar la vida de Link, a Billie no le queda otra que acceder a ese forzado strip-tease.
Se va despojando de su ropa ante la mirada nerviosa y lasciva de los forajidos.
Link no puede hacer nada e intenta pedir a su tío que intervenga.
Al día siguiente llega Claude (John Dehner), otro miembro de la banda y primo de Link.
SINOPSIS: El tren en que viaja un pistolero reformado, ahora respetable ciudadano en busca de una maestra para su ciudad, es asaltado por miembros de la banda a la que él perteneció en el pasado. Abandonado en un paraje desértico junto a otros dos viajeros (una cantante de saloon y un viejo tahúr), buscan refugio y tras una larga caminata van a dar con una cabaña donde se ocultan los bandidos.
El resentido Coaley busca continuamente pendencia con nuestro hombre.
La difícil situación de Billie entre esos hombres salvajes y depravados no la impide ir descubriendo que se siente atraída por Link.
Sin embargo no le es permitido olvidar que el hombre del que se está enamorando tiene esposa e hijos.
Ante las aviesas intenciones de algunos miembros de la banda, el pragmático Link ha fingido unirse a ellos para tratar de salvar la vida de sus compañeros y la propia.
Claude se muestra muy desconfiado ante la presencia de Link en ese lugar y advierte a Dock que no se deje engañar por su sobrino.
La confrontación física entre Coaley y Link era inevitable...
...e inician una brutal pelea.
Dock parece disfrutar ante el espectáculo.
Todos observan la escena con diferentes estados de ánimo. Sam parece el más preocupado pues si muere Link él y la chica estarán perdidos.
Finalmente Link, completamente poseído por una furia asesina, logra derribar a Coaley e intenta estrangularle pero se detiene en el último instante y se conforma con humillarle ante los demás.
La última acción de Coaley es disparar a Link pero instintivamente se interpone el desafortunado Sam.
Un romance desesperanzado en un contexto hostil.
Ahora, los planes de Dock son planear el asalto al banco de Lassoo, un poblado minero.
Un tenso alto en el camino en su viaje hacia Lassoo.
Durante el camino, Claude expresa a Link su incredulidad respecto a que quiera unirse de nuevo a la banda, convencido de que en algún momento va a traicionarlos.
La dura realidad es que actualmente Lassoo es un pueblo fantasma, abandonado por sus habitantes cuando se agotaron las minas de oro.
Llega el momento en que Link ha de enfrentarse a la banda usando la astucia y su instinto de supervivencia.
Consigue herir mortalmente al mudo Trout, un individuo asilvestrado que se ha adelantado con él para inspeccionar el lugar.
Una vez que ha acabado con Ponch, Claude y Trout, cuando regresa al campamento encuentra a la pobre Billie herida y violada por el enloquecido Dock. 
Pose promocional de Cooper y London para cerrar esta serie de imágenes de la película.
COMENTARIO: Los westerns de Anthony Mann, vigorosos, telúricos, con personajes enérgicos que en ocasiones arrastran un pasado oscuro del que quieren zafarse, empujados muy a su pesar hacia la violencia y, por lo tanto, manifestándose ésta por estallidos (obsérvense a este respecto los que hizo con el actor James Stewart), lograron siempre superar la inercia de lo previsible merced a soluciones de puesta en escena que sin apartarse de las pautas del clasicismo, subvertían los contenidos del plano, el sentido de la secuencia. Una gramática narrativa que potencia el dramatismo y a la vez va pautando sutilmente el itinerario moral de sus protagonistas.
Centrándonos ahora en “HOMBRE DEL OESTE”, estamos ante un western que podemos considerar como el cierre que el autor de “WINCHESTER 73” efectuó sobre el género que cultivó. Su acción discurre con un ritmo pausado y, por momentos, majestuoso. Link Jones (Cooper) es un forajido reformado, un nuevo hombre que ha logrado enterrar los pecados de su pasado y reinventarse para formar una familia y llevar una vida sosegada como miembro integrante de una comunidad. Sin embargo, el azar le devuelve al oscuro cubil donde se refugian sus antiguos compañeros de fechorías emparentados con él, su tío y dos primos (tensas y extremadamente duras escenas en el interior de la cabaña donde nuestro hombre despojado ya de su barniz urbano con ese cambio de vestimenta y actitud, atrapado en la situación creada, ha de enfrentarse con lo que fue por motivos prácticos.
A lo largo de su desarrollo, Mann, ya desde los planos que ilustran los títulos de crédito con ese jinete solitario, ese “hombre del Oeste” recortado sobre el paisaje, hace que percibamos las características de ese paisaje (magnífico uso del Scope) como elementos geológicos inherentes al individuo y que condicionarán su comportamiento, aspecto este que se acentúa en la segunda mitad de la película cuando la civilización queda lejos y se ha perdido la sensación de seguridad. Entonces el verde de los prados va siendo sustituido gradualmente por otro entorno más áspero y amenazador formado por grandes rocas escarpadas y la ausencia de vegetación así como por la presencia de los cinco forajidos. A partir de ahí, del encuentro del personaje que incorpora Cooper con sus antiguos compinches en la mencionada cabaña, el tono y la atmósfera dan un vuelco, la película se oscurece y el tiempo se estira en el interior de ese refugio donde se oculta la banda. Todo lo que ocurre en ese tenebroso interior se vuelve muy tangible, mucho. La violencia, la maldad, la locura y también el sexo irrumpen y se deslizan chirriantes; sentimos de manera casi física ese cuchillo hiriendo una piel curtida, la respiración de Julie London, la mirada ansiosa y lasciva de quienes esperan verla desnuda, la calculada y silenciosa pasividad del jefe del grupo, el difícil equilibrio de Link Jones (Cooper), que –lo apuntaba más arriba– se nos ha descubierto como alguien diferente al que creíamos (ya en las primeras secuencias de la película miente con su nombre). 
El último tercio de la película resulta terrible y devastador en su inclemente concepción: un entorno hostil, una ciudad fantasma, el viento, un balazo recibido en la ingle, la sangre mezclándose con la tierra, la mineralidad del rostro cansado de Gary Cooper, un forajido mudo (Royal Dano) recuperando el sonido en su garganta y aullando como un animal herido de muerte, la figura homérica y fuera de época de Dock Tobin (Lee J. Cobb) emergiendo desafiante sobre las rocas...
Nunca el western había alcanzado cotas narrativas de tal fuerza como las conseguidas por “HOMBRE DEL OESTE” en el que asistimos al punitivo y redentor itinerario de Link, Billie y Sam (aquí un admirativo aparte para los trabajos de la impar Julie London y el gran Arthur O’Connell) empujados por los últimos estertores del Viejo Oeste salvaje, violento y desfasado que representa la disfuncional banda de Tobin ante el empuje de los nuevos tiempos donde la prosperidad va ligada al orden, la ley y la educación (cuando comienza la película el protagonista busca una maestra para su ciudad). Esto mismo lo trataría Ford cuatro años después, aunque de manera muy distinta, en “EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE”.  
La siguiente película de Anthony Mann, “CIMARRÓN”, basada en un novelón de Edna Ferber sobre el nacimiento del estado de Oklahoma, es más una epopeya que un western pese a que el escenario y el revestimiento puedan inducir a considerarlo como tal, y en ella se venía a poner el acento en la importante influencia de la mujer en aquel momento histórico a través de la complicada relación de Yancey Cravat con su esposa Sabra. Por eso considero “HOMBRE DEL OESTE” como el último gran western de Anthony Mann.

23 de marzo de 2017

LA JAURÍA HUMANA (The Chase)
(USA) Horizon / Columbia / Lone Star, 1965. 135 min. Color. Panavision.
Pr: Sam Spiegel. G: Lilliam Hellman, basado en la novela de Horton Foote. Ft: Joseph La Shelle y Robert Surtees. DP: Richard Day. Vest: Donald Feld. Ms: John Barry. Mt: Gene Milford. Dr: Arthur Penn.
Int: Marlon Brando, Jane Fonda, Robert Redford, Angie Dickinson, E.G. Marshall, James Fox, Janice Rule, Miriam Hopkins, Martha Hyer, Robert Duvall, Richard Bradford, Henry Hull, Jocelyn Brando, Steve Inhat, Diana Hyland, Katherine Walsh, Bruce Cabot, Paul Williams, Clifton James, Malcolm Atterbury, Joel Fluellen, Lori Martin.
Este es el sheriff Calder (Marlon Brando) al que se le avecinan grandes problemas.
Anna Reeves (Jane Fonda) ahora tiene motivos para estar preocupada.
Charlie Reeves (Robert Redford) ha escapado de prisión y se dirige a su ciudad natal.
Jake Rogers (James Fox) es el heredero de las industrias Rogers y es el amante de Anna.
Jake y Anna tienen buenas razones para no hacer público su romance.
La noticia de la evasión de Charlie Reeves pone en guardia al sheriff Calder.
Edwin Stewart (Robert Duvall) es un apocado empleado de banca, anulado y humillado por su esposa.
Esta es Emily, la insatisfecha y casquivana esposa de Edwin, buscando
estímulos fuera de casa.
Conocedor a fondo de la idiosincrasia de los habitantes de esa pequeña ciudad,
el prudente sheriff Calder utiliza la diplomacia mientras le es posible.
Ruby (Angie Dickinson) es la esposa del sheriff. Constituyen un matrimonio bien avenido pero, no obstante, ella tiene algunas cosas que recriminar a su marido.
Anna está escindida. Mientras su marido ha estado encarcelado se enamoró de Jake Rogers. Pero ahora, sabiendo que está huido y en las cercanías de la ciudad piensa que le debe cierta lealtad.
SINOPSIS: Un hombre que ha escapado de prisión, en su desesperada huída regresa a su ciudad natal en Texas. Este acontecimiento llega a oídos de los habitantes del lugar lo que provocará una conmoción que culmina en un estallido de violencia colectiva cuando muchos de ellos, borrachos, emprenden contra él una auténtica cacería como un estímulo extra en la juerga de ese sábado por la noche. Solo el sheriff, hombre sensato y cabal, intentará calmar los ánimos y evitar un linchamiento.
Una pareja consolidada a la que se le viene encima un montón de problemas.
Val Rogers (E.G. Marshall) es dueño del banco y de la fábrica  que da trabajo
a buena parte de los habitantes de la ciudad.
En la fiesta que da el millonario Val Rogers están invitados algunos de sus amigos
y subordinados. Naturalmente, también el sheriff y su esposa.
Otra fiesta menos pomposa pero más desenfrenada en la que Emily, pasada de
copas, monta su habitual numerito.
Emily, ante la inoperancia de su marido, coquetea con Damon Fuller (Richard Bradford).
La angustiada madre (Miriam Hopkins) del fugado Charlie Reeves pide ayuda al
sheriff Calder, temerosa de la suerte que pueda correr su hijo.
Calder escuchando pacientemente los lastimosos balbuceos del cornudo Edwin.
Ahora es Ruby quien escucha a la madre de Charlie, pero acaba no gustándole la insinuación de esa señora respecto al vasallaje de su marido el sheriff para con los intereses de Val Rogers.
Problemas entre padre e hijo cuando éste le confiesa ciertas cuestiones que ignoraba.
Este es Briggs (Henry Hull) el chismoso oficial de la ciudad.
Aquí tenemos a Briggs, en pleno ejercicio de sus facultades, "informando" a Edwin
sobre cuestiones maritales.
El sheriff Calder es abordado y agredido en su despacho por un grupo de ciudadanos borrachos que desean "interrogar" al pobre Lester, un hombre de color que se ha refugiado en el calabozo buscando amparo.
La tremenda paliza que recibe el íntegro sheriff Calder le deja maltrecho y ensangrentado.
Es sábado por la noche. Finalmente Charlie es localizado por una multitud enfebrecida y borracha.
Calder maltrecho por efecto de los golpes, aún reúne fuerzas y voluntad
para intentar impedir el linchamiento de Charlie.
 
Finalmente, el sheriff consigue rescatar a Charlie Reeves de la turba y escoltarle
hasta su despacho. Pero...
COMENTARIO: En su momento, nos sorprendió a todos que un director independiente con tan solo tres pequeñas películas en blanco y negro en su haber, “EL ZURDO”, “EL MILAGRO DE ANA SULLIVAN” y “MICKEY ONE” (esta última, puramente experimental), en su cuarto trabajo diera el salto a una gran producción avalada por la industria hollywoodense y con toda la maquinaria necesaria para poner en pie con garantías la historia que se contaba (guionista de prestigio, grandes medios, reparto espectacular). Si a ello añadimos que el año anterior había sido despedido por Burt Lancaster de la dirección de “EL TREN” en beneficio de John Frankenheimer, la extrañeza de verle al frente de la película que ahora nos ocupa fue aún mayor. Aunque el rodaje, eso sí, estuvo jalonado de desencuentros y dificultades, el resultado final, contra todo pronóstico, fue asombrosamente positivo.
Tras un minucioso recorrido –que abarca toda la primera parte de la película– durante el que los personajes principales van desvelándose gradualmente y con ellos los conflictos que arrastran, “LA JAURÍA HUMANA” deviene en un implacable retrato de una sociedad corrupta cuyo sistema de valores basado en el poder y la falsa respetabilidad que proporciona el dinero, esconde frus­traciones, alcoholismo, sexo reprimido, resentimientos, dependencias y una dosis acumulada de violencia latente que tras una quebradiza capa de “civilización” y convivencia pugna por entrar en erupción (incluyamos también el racismo y el fascismo entrando en juego). La excusa, el detonante, es la situación de excepción creada en esa pequeña ciudad por la presencia del presidiario escapado. A partir de ahí, el retrato resulta inmisericorde.
Previsiblemente, el film, de inusitada dureza y sequedad narrativa, incomodó bastante y no fue bien recibido por el público estadounidense (de manera muy especial en los Estados del Sur). Pero por encima de ese visceral rechazo de quien no quiere reconocerse frente al espejo estamos ante una gran obra, un excelente ejemplo de cine social muy crítico, que contó, además, con un acertadísimo casting y una soberbia dirección de actores entre los que destacaría al siempre electrizante Marlon Brando y las estimulantes composiciones de nuestra admirada Angie Dickinson y de Janice Rule (¡qué descubrimiento el de esta actriz a la que hasta entonces no habíamos prestado mucha atención!).