1 de enero de 2021

 "FELLINI OCHO Y MEDIO" (8 1/2)

(It-Fr) Cineriz / Francinex, 1963. 138 min. BN.

Pr: Angelo Rizzoli. G: Federico Fellini, Ennio Flaiano, Brunello Rondi y Tullio Pinelli. Ft: Gianni Di Venanzo. Mt: Leo Catozzo. DP: Piero Gherardi. Vest: Piero Gherardi y Leonor Fini. Ms: Nino Rota. Dr: Federico Fellini.

Int: Marcello Mastroianni, Claudia Cardinale, Anouk Aimée, Sandra Milo, Barbara Steele, Rosella Falk, Madeleine Lebeau, Edra Gale, Caterina Borato, Guido Alberti, Mario Pisu, Mino Doro, Hedy Vessel, Nadine Sanders, Yvonne Casadei.

Este es Guido Anselmi (Marcello Mastroianni), un director de cine en crisis, sí, pero sin renunciar a su natural impulso de seducir.

Guido remaquilla a la carnal y juguetona Carla (Sandra Milo), su amante.

El baño de Guido.

He aquí la atemorizante figura de La Saraghina (Edra Gale).

Una belleza que atrae e inquieta. Es Gloria Morin (Barbara Steele).

SINOPSIS:
Un famoso pero angustiado director de cine se encuentra al borde del desmoronamiento nervioso, en plena crisis personal y creativa, e intenta eludir las responsabilidades y servidumbres que lleva consigo el inicio de una nueva película. Para ello, desde el balneario al que ha acudido para recuperar la calma y el equilibrio, busca un onírico refugio entre los fantasmas que habitan el universo de sus recuerdos y fantasías.

Dos personajes en una atmósfera delirante: Gloria y Mario (Mario Pisu).

Entra en escena Luisa (Anouk Aimée), la esposa de Guido.

Llega Claudia (Claudia Cardinale), actriz y musa de Guido, para alimentar sus sueños.

El matrimonio Anselmi.

Recuerdos, sueños, temores, "Asa-Nisi-Masa", un desfile felliniano.

COMENTARIO: En el momento en que Fellini aborda la realización de esta película, tras el enorme impacto que tres años antes había supuesto el estreno de su anterior film, “LA DOLCE VITA”, el realizador se encontraba en el cénit de su prestigio, acosado por el éxito y la adulación. Probablemente, agotado, confuso e inseguro como el Guido de “OCHO Y MEDIO” (un espléndido Marcello Mastroianni, aquí como alter ego de Fellini). Es por eso que no podemos sustraernos a la sensación de asistir en esta ocasión a un impudoroso strip-tease, una confesión pública (no exenta de cierta autocomplacencia) que se convierte a la vez en una penetrante reflexión sobre la creación artística. Las angustias y neuras, los sueños y recuerdos, el psicoanálisis, la crítica sarcástica y las acusaciones, también las numerosas miradas al ombligo, adquieren en la pantalla –con esa borbotónica capacidad creadora de universos del autor de “LAS NOCHES DE CABIRIA”– el poder de alusión, la fascinación y la potencia necesarias para hacer de esta ceremonia de exorcismo personal una de las obras más importantes e influyentes de la historia del cine.