25 de abril de 2016

LA DOLCE VITA
(It-Fr) Riama Films / Pathé Consortium Cinema, 1959. 173 min. BN. TotalScope.
Pr: Giuseppe Amato y Angelo Rizzoli. Pr Ej: Franco Magli. G: Federico Fellini, Ennio Flaiano, Tullio Pinelli, Brunello Rondi y (sin acreditar) Pier Paolo Pasolini. Ft: Otello Martelli. Mt: Leo Cattozzo. DA y Vest: Piero Gherardi. Ms: Nino Rota. Dr: Federico Fellini.
Int: Marcello Mastroianni, Anita Ekberg, Anouk Aimée, Yvonne Furneaux, Alain Cuny, Lex Barker, Nadia Gray, Annibale Ninchi, Magali Noël, Jacques Sernas, Walter Santesso, Valeria Ciangottini, Ida Galli, Audrey McDonald, Nico, Riccardo Garrone, Adriano Celentano, Polidor, Harriet White, Alain Dijon, Laura Betti, Carlo Di maggio, Mino Doro.
Marcello Rubini (Marcello Mastroianni) es un periodista con aspiraciones de escritor que mientras le llega la inspiración se dedica a la prensa del cotilleo.
A Roma ha llegado la des pampanante estrella americana Sylvia (Anita Edberg) para incorporarse al rodaje de una película. Y allí tenemos a Marcello en primera fila.
Nuestro hombre se desenvuelve muy bien en los festivos y selectos ambientes de la capital y ejerce su profesión con cierta indolencia.
Marcello se las arregla para acompañar a Sylvia en su curiosidad por conocer el Vaticano.
Durante la fiesta de bienvenida que se le da a la estrella recién llegada, ella baila
una incitadora rumba ante los complacidos ojos de los invitados.
La hiperbólica anatomía de Sylvia y su proceder caprichoso y exhibicionista, tiene su impacto.
El alcohol y el baile de la estrella han enardecido a la variopinta fauna de esa velada loca.
Marcello, mujeriego empedernido,  ha quedado fascinado con Sylvia.
Marcello rescata a Sylvia de cuantos la quieren acaparar y se la lleva en su coche sin rumbo fijo.
En su noctámbulo deambular por la ciudad, acaban llegando a la Fontana di Trevi. Es verano, hace calor y ella decide "refrescarse" en las aguas de la fuente.
La imagen de Sylvia como una diosa carnal resulta a la vez irresistible y extraña.
Marcello queda subyugado por la sensualidad de esa hermosa mujer que parece 
ajena al efecto que causa en los hombres.
Con la "humedad" de la situación, un conato de beso.
En este momento del rodaje, Mastroianni parece estar más interesado por lo que probablemente le está gritando Fellini que por su espectacular compañera.
Amanece en Roma, las calles están mojadas y la juerga entre la estrella y el periodista ha terminado. 
Es hora de recogerse en el hotel.
SINOPSIS: En la Roma de finales de los años cincuenta del pasado siglo, un periodista de la prensa cotilla y sensacionalista ejerce con desgana su labor, siguiendo las fiestas y escarceos de la alta sociedad y mezclándose en sus ambientes, mientras siente alternativamente fascinación y rechazo hacia lo que ve.
Maddalena (Anouk Aimée) es la ociosa y casquivana esposa de un millonario y combate su aburrimiento asistiendo a fiestas y con esporádicos encuentros sexuales con Marcello.
La extravagancia de esa noche para Magdalena consiste en hacer el amor con el periodista en el cochambroso domicilio de una prostituta con la que se han encontrado por la calle.
Emma (Yvonne Furneaux) es la celosa novia (motivos no la faltan) de nuestro hombre que constantemente le llama por teléfono para controlar sus idas y venidas.
Sus intentos de suicidio que suelen "fracasar", exasperan a Marcello.
Una vez más, Emma y Marcello, camino apresurado del hospital para un lavado de estómago.
Con desavenencias y reconciliaciones continúan juntos pero no es probable que él la ame. La suya es una relación de hastío y necesidad mutua.
El rutinario ejercicio de su profesión le lleva de fiesta en fiesta.
El encuentro de Marcello con el intelectual Steiner (Alain Cuny), amigo suyo por el que siente un gran respeto y en el que se mira como referente de lo que son sus aspiraciones, tendrá su repercusión. 
Fanny (Magali Nöel) es una corista que se prostituye ocasionalmente y que ha acompañado al padre de Marcello, llegado de provincias, en su visita a su hijo en la gran ciudad.
Aquí vemos a Maddalena y Jane (Audrey McDonald, a la derecha), dos mujeres adornando con su belleza una de las innumerables fiestas dadas en las mansiones y palazzos romanos por una decadente aristocracia.
Maddalena , pensativa e indolente, permitiendo que la seduzca uno de los invitados.
Marcello interesándose por una invitada con un atuendo de aparatoso diseño.
Nadia (Nadia Gray), la anfitriona de una de esas veladas, aceptando practicar
el striptease para complacer a sus invitados.
La infortunada Emma, que ha asistido a un degradante espectáculo colectivo con un supuesto milagro de la Virgen, toma conciencia de sí misma.
Marcello y Emma en la cama, durante su enésima "reconciliación".
Parecen estar condenados el uno al otro.
Sus noctámbulas andanzas profesionales (o no) suelen llevar a Marcello a amaneceres en lugares insospechados. Aquí, en la playa con una estrambótica compañía.
A lo lejos, Marcello ve a una angelical adolescente con la que se encontró anteriormente cuando la muchacha le atendía en un chiringuito de playa. Intenta comunicarse con ella por señas pero no lo consigue y renuncia.
La última imagen de la película es el rostro dulce y a la vez resignado de esa adolescente, Paola (Valeria Ciangottini), a través del cual comprendemos que nuestro hombre Marcello nunca llegará a acceder al interior de una mujer, a la complejidad del alma femenina, tal vez porque ha renunciado a muchas cosas, entre ellas, a la pureza y la pasión. Por ello, nos tememos que jamás aprenderá a amar ni terminará ese libro que pretende escribir.
COMENTARIO: Por la época en que Fellini rodó esta película, Roma estaba en ebullición y para la industria de Hollywood representaba en cierto modo la gran “rival” pues allí se concentraban producciones y superproducciones, directores, periodistas, cronistas y fotógrafos. Actores y actrices cuyas carreras declinaban, llegaban a ese bullicioso y decadente escenario buscando tal vez la oportunidad de reavivar sus carreras, o en última instancia, considerando el lugar como un acogedor “cementerio de elefantes”. En aquellos días, Via Veneto se había convertido en algo así como el Sunset Boulevard de Europa y en ese ambiente disipado y febril situó Fellini la que sería su más ambiciosa película hasta aquel momento (que se abre con la poderosa y sorprendente imagen de una gigantesca escultura de un Jesucristo colgado de un helicóptero, sobrevolando la ciudad en ruta hacia la Plaza de San Pedro).
Así pues, “LA DOLCE VITA” vino a ser una especie de retablo de tumultuoso contenido en torno a la decadente, ociosa, corrupta, contradictoria y errática “bella fauna” romana. El hilo conductor de los diferentes episodios que conforman su estructura dramática es el periodista Marcello Rubini interpretado por Mastroianni (actor al que Fellini utilizaría aquí y en su siguiente película como su alter ego, no sin cierta dosis de autocomplacencia), personaje indolente, desencantado y perezoso, sin apegos e incómodo consigo mismo, que en razón de su trabajo ”recorre” con pasiva lucidez las estancias del discurso-denuncia (de contenido cercano en este caso al cine de Antonioni) que el autor vertebra con borbotónica eficacia adentrándose ya a partir de este film de manera definitiva en ese universo onírico desbordante de imaginación visual que iría creciendo y desatándose en sucesivos trabajos suyos.
Aún hoy, cincuenta y siete años después de su rodaje, “LA DOLCE VITA” continúa fascinándome. Una película ferozmente atacada en su día por la Iglesia católica y la prensa conservadora, que fluctúa entre la denuncia de una sociedad vacía, libertina y corrupta y el vigoroso fresco de un mundo tumultuoso y pleno de vida, casi un circo. No obstante, no quiero reuir la exposición de lo que considero algunos momentos reprochables que, eso sí, no llegan a empañar el altísimo nivel de esta obra fundamental, si bien son escenas que emiten un cierto chirrido a través de su propia estructura (el buñuelesco-berlanguiano episodio del “milagro” de los niños que creen ver a la Virgen), o de algún personaje como es el caso del intelectual Steiner (interpretado por el catedralicio Alain Cuny) y sus pomposos parlamentos en torno al doloroso vacío espiritual de su vida (la verdad, un sujeto pretenciosamente trágico).
Bueno, para concluir este felliniano paseo, no deseo defraudar a nadie no haciendo alusión a la célebre secuencia del baño nocturno de Anita Ekberg (icono erótico de magestuosa opulencia) en la romana Fontana di Trevi, imágenes que han saltado por encima de la propia película quedando para la historia (del cine) como esos momentos míticos que acaban convirtiéndose en reclamos imperecederos. Actrices como Vivien Leigh, Gloria Swanson, Marilyn Monroe o Janet Leigh han protagonizado otros.

29 de marzo de 2016

MOGAMBO
(USA) MGM, 1953. 116 min. Color.
Pr: Sam Zimbalist. G: John Lee Mahin, basado en la novela de Wilson Collinson. Ft: Robert Surtees y Frederick A. Young. Mt: Frank Clarke. DA: Alfred Junge. Vest: Helen Rose. Ms: los sonidos de la selva. Dr: John Ford.
Int: Clark Gable, Ava Gardner, Grace Kelly, Donald Sinden, Philip Stainton, Eric Pohlmann, Laurence Naismith, Denis O'Dea, Bruce Seton.
He aquí los personajes protagonistas de un triángulo amoroso en plena selva:
Victor (Clark Gable), Eloise (Ava Gardner) y Linda (Grace Kelly).
Linda Nordley ha llegado a Kenia acompañando a su confiado esposo para un safari
hasta la peligrosa región de los gorilas.
El cazador Victor Marswell, un tipo de vuelta de todo que ha aceptado el encargo de acompañar a la pareja en su aventura, pronto capta el interés de Linda.
Inesperadamente, entra en escena Eloise Kelly, una bregada y bella mujer que llega hasta ese rincón de la selva para complicar la situación.
Dos mujeres muy diferentes frente a un tipo endurecido que no está muy seguro de cómo tratarlas.
La perceptiva y experimentada Eloise, conocedora de los hombres, pronto capta la situación y establece con la engreída Linda una tensa relación.
Donald Nordley (Donald Sinden), el esposo de Linda, parece ajeno a lo que se está cociendo entre su mujer y Victor, lo que empuja a Eloise a ironizar con él.
Nada mejor que una elegante cena para irse "conociendo".
Una velada trufada de insinuaciones que culmina con Eloise, Donald y John (Philip Stainton), amigo y ayudante de Victor, formando un animado trío en torno a una pianola.
Una relajada Eloise haciendo tiempo mientras se pasea entre las jaulas de los animales.
Nocturno con la serena belleza de Eloise resplandeciendo.
Victor se ha dejado arrastrar por el delicado encanto de Linda y cuando Eloise
se lo reprocha, él la maltrata verbalmente.
Antes del viaje que los llevará al corazón de la selva.
SINOPSIS: En Kenya, un bregado cazador blanco ve alterado su modus vivendi con la llegada a su cuartel general de, por un lado, una atractiva y desinhibida aventurera y, por otro, una remilgada damita inglesa acompañada de su marido, más interesado en un ingenuo estudio de las costumbres de los gorilas que en vigilar a su esposa gradualmente atraída por la saludable arrogancia y machismo de nuestro héroe, que habrá de pechar con los requerimientos amorosos de estas dos mujeres.
El esposo de Linda, un personaje ciertamente panoli, continúa sin percatarse del
naciente romance entre su mujer y Victor.
Durante el recorrido en canoa por el río, la tensión entre las dos mujeres se puede mascar.
Ambas, cada una a su manera, están muy interesadas sentimentalmente por el rudo Victor.
Un alto en el camino a la tierra de los gorilas es el momento en que Victor y Linda, alejados del campamento, se entregan a lo que sienten el uno por el otro.
Con el río de fondo, un apasionado beso que sella oficialmente su adúltero romance.
Linda no sabe disimular los celos que provoca en ella la presencia de Eloise en el safari.
Un momento apurado para Linda: ha caído en una trampa construida para cazar animales.
El paso de la expedición por una misión en la selva, es aprovechada por Eloise para ponerse en paz con Dios y la pide al padre Josef (Denis O'Dea) que la confiese.
En un remanso de paz, Eloise, a quien la vida ha vapuleado, confiesa a John, gran amigo de Victor, sus sentimientos por el cazador.
Linda, cegada pasionalmente por Victor, no quiere entender los consejos de Eloise.
Adentrándose en la peligrosa región donde moran los gorilas.
Por fin, Victor parece comprender que de quien está realmente enamorado es de Eloise,
a la que tan rudamente ha tratado hasta ahora.
Victor besa a la noble y valiente mujer que tiene entre sus brazos.
A través de un espinoso itinerario moral y del amor, hemos descubierto a Eloise, tanto en su belleza exterior como en su grandeza interior.
Pose promocional de Clark Gable y Ava Gardner, luciendo ella una inconmensurable belleza.
Lógicamente, no podía faltar un posado semejante con la otra parte contratante de ese triángulo romántico que presentaba la película, la no menos atractiva Grace Kelly, de corta pero brillante carrera en el cine.
COMENTARIO: A raíz del éxito de público obtenido dos años antes por “LAS MINAS DEL REY SALOMÓN”, la Metro decidió seguir explotando la veta de los relatos de aventuras africanas y optaron para la ocasión por un remake de "TIERRA DE PASIÓN", película realizada en 1932 por Victor Fleming. Cuando John Ford se hizo cargo -sorpresivamente- de este proyecto, imagino que lo hizo tomándoselo como unas vacaciones selváticas. En su día, cuando fue estrenada, se la consideró casi unánimemente como uno de sus trabajos menos personales. Lo cierto es que, sin demérito para la película, parece, por momentos, más de Howard Hawks que de Ford (ésta es una apreciación mía que pocos comparten).
Ford no nos tenía acostumbrados a una carga erótica tan intensa como la de “MOGAMBO” donde las mujeres, creo que por primera vez, adquieren una capital importancia sobrepasando con creces su papel de sumisas y asexuadas criaturas esperando en el porche el regreso del varón. En este sentido, el tratamiento que Ford da a los personajes de Grace Kelly y Ava Gardner es de una cariñosa entrega y, en el caso de la segunda, de comprensión y complicidad. De hecho, esta película resulta especialmente atractiva y memorable merced a la utilización que se hace de la Gardner, de manera próxima y muy “carnal”. Ava duchándose, Ava marcándose unos pasos de baile mientras cargan el rinoceronte atrapado, Ava tocando la pianola y cantando, Ava cubriendo su cabeza cuando entra en la capilla, una excelsa Ava confesándose tras la cortinilla bajada o narrando su vida a John (Philip Stainton) y, sobre todo, una maravillosa y espontánea Ava dando de comer a las crías de elefante y rinoceronte dentro del cercado. Ella, con la entrega de Ford, consigue que su maltratada y curtida Eloise emerja descubriéndonos esas dulzura y femineidad que laten bajo una capa externa de sarcasmo y mordacidad. En su evolución, en sus gestos, en sus réplicas, la llegamos a sentir humana y físicamente.
De niño, la disfruté naturalmente sin capacidad analítica pero ahora, después de una docena de visionados repartidos en el tiempo, continúa deleitándome esa concatenación de momentos sublimes que constituyen su desarrollo y que la convierten en una obra inolvidable en virtud de la sabiduría del autor que se deja notar en su relajada seguridad narrativa, en una sagaz utilización de los elementos de la naturaleza como aportación dramática, en su “áspero” romanticismo y en ese ocasional y avieso sentido del humor aplicado en algunas escenas.
En suma, una cinta muy estimulante, subcutáneamente fordiana (pese a ese barniz hawksiano al que aludía en el primer párrafo), cuyo “reconocimiento” por parte de aquel sector crítico que en el pasado se mostró excéptico y despreciativo tachándola de producto comercial y ejemplo de la decadencia de Ford (!), ha necesitado muchos años de reposo hasta alcanzar el privilegiado lugar que hoy ocupa en el corazón de todos los que (con las nieves del tiempo plateando nuestra sien) aún sentimos la pasión por el cine.