25 de mayo de 2016

SALOMÓN Y LA REINA DE SABA (Solomon and Sheba)
(USA) U. Artists / Theme Pictures (Edward Small), 1959. 141 min. Color. Super Technirama 70.
Pr: Ted Richmond. G: Anthony Veiller, Paul Dudley y George Bruce, basado en una historia de Crane Wilbur. Ft: Frederick A. Young. Mt: John Ludwig. DA: Richard Day, Alfred Sweeney y Luis Pérez Espinosa. Vest: Ralph Jester. Ms: Mario Nascimbene y Malcolm Arnold (sin acreditar). Dr: King Vidor.
Int: Yul Brynner, Gina Lollobrigida, George Sanders, Marisa Pavan, David Farrar, John Crawford, Finlay Currie, Harry Andrews, José Nieto, William Devlin, Julio Peña, Laurence Naismith, Maruchi Fresno, Jack Gwillim, Jean Anderson, Alejandro Rey.
Adoniyah (George Sanders), hermano mayor de Salomón, mientras guerrea con sus enemigos los egipcios, sueña con heredar el trono de Israel ante la inminente muerte de su padre, el rey David. Aquí le vemos, entre batalla y batalla, consultando con su amigo y confidente, el general Joab (John Crawford).
Inesperadamente, se les une el joven Salomón (Yul Brynner) que viene desde
Jerusalem con la noticia del mal estado de salud de su anciano padre.
El anciano rey David (Finlay Currie) aún tiene fuerzas para sentarse por última vez en el trono y anunciar que por mandato de Dios su heredero será Salomón, con el consiguiente disgusto de Adoniyah.
En su lecho de muerte, David acompañado de su esposa Betsabé (Maruchi Fresno) y su hija adoptiva Abishag (Marisa Pavan), da los últimos consejos a su heredero Salomón.
La reina de Saba (Gina Lollobrigida), tras una provechosa entrevista con su aliado el faraón de Egipto, viaja hasta Israel para visitar Jerusalem y conocer a Salomón.
Adoniyah que no se resigna a quedar postergado, ve en esa bella y astuta mujer una efectiva herramienta para sus planes de arrebatarle el trono a su hermano.
Salomón recibe por todo lo alto a la reina de Saba. Y lo hace acompañado de Abishag,
el profeta Nathan (William Devlin) y el sacerdote Hezrai (Laurence Naismith).
La cautivadora reina de Saba ataviada con sus mejores galas. La ocasión lo merece.
Tras un largo y penoso viaje por el desierto, el imprescindible baño de toda reina de la antigüedad que se precie. Rebaja los calores y contribuye a la higiene.
Nuestro rey tiene ojos en la cara y sangre en las venas, así pues, con permiso de Jehová, posará su mirada lúbrica en las seductoras curvas de la regia visitante.
Rompiendo el protocolo y la tradición, Salomón invita a la reina de Saba a que le acompañe en uno de sus famosos "juicios" públicos.
Esta vez, utilizando su intuición e inteligencia, tendrá que dilucidar quién es la verdadera madre de una criatura recién nacida reclamada por dos mujeres. 
SINOPSIS: El rey David en su lecho de muerte nombra heredero a su hijo menor Salomón. Entonces, el hijo mayor, Adoniyah, guerrero, cruel y ambicioso, tratará por todos los medios de arrebatarle el trono a su hermano mientras éste, poco aficionado a las armas, se disipa en los encantos carnales de la seductora reina de Saba, durante la estratégica visita de ésta a Israel.
Ciertamente, la Lollo dejaba pasmado al personal con su belleza y especialmente aquí, posando
con ese desafiante torso que consigue que la Biblia nos entre por los ojos.
Salomón y Saba, ya liados sentimentalmente, fijan sus miradas en un punto que parece
llamar su atención. ¿Alguna aquiescente señal desde Arriba a su denostado romance?
Abishag, entre celosa y curiosa, visita los aposentos de la reina bajo la atenta mirada de Baltor (Harry Andrews), avieso consejero de la de Saba.
Nada como un estratégico modelazo de gasa traslúcida para encender pasiones.
Pose oficial de Salomón y la de Saba para el público asistente.
Una incitadora danza para "contentar" a la diosa de la fertilidad. Luego ya si eso, los de la pista de baile, se unirán cada cual con su pareja para lo que surja.
Salomón ya solo tiene ojos para la reina de Saba, ante el evidente incomodo de los que tiene detrás.
La baza principal en las interpretaciones del actor Yul Brynner eran sus penetrantes miradas.
Los pecados de Salomón, entregado a la lascivia con la reina de Saba, irritaron a Jehová que mandó rayos y truenos sobre el templo de Jerusalem pillando dentro a la pobre Abishag.
Salomón y sus generales bastante apurados ante el imparable avance de las tropas egipcias comandadas por el ambicioso e incansable Adoniyah que se ha pasado al enemigo para derrocar a su hermano.
Todos culpan a la de Saba de las desgracias acaecidas a los israelitas.
Al final, los insoslayables "decretos" de Jehová se impondrán a las naturales pasiones humanas.
Salomón renunciará consternado a continuar su romance con esa mujer y ella 
regresará a su reino de Saba, eso sí, embarazada.
COMENTARIO: Viendo esta película tal vez resulte trabajoso asociarla a la trayectoria de un pionero de las características de King Vidor, uno de aquellos hombres que inventaron el cine clásico y crearon las bases del cine moderno. Posiblemente, el más inquieto y el que en buena parte de su obra mejor describió la crónica de Norteamérica, la primitiva y la industrial, reflejando una forma de entender la vida individual y colectiva al compás del entonces pujante capitalismo liberal; algo que quedaba patente con especial fuerza en lo que rodó durante el periodo mudo y los primeros años de la década de los treinta pero que puede seguir encontrándose hasta incluso en el magnífico western “LA PRADERA SIN LEY” (Man without a Star, 1954). No obstante, aunque logró sobrevivir más de cuarenta años dentro del férreo sistema hollywoodense y consiguió hacer películas audaces y sin compromisos, como es lógico, no siempre fue así. Tuvo que hacer equilibrios en la cuerda floja entre lo que deseaba hacer y lo que le dejaban. Pero esa es la historia de muchos de los grandes.
Vidor vendría a Europa para rodar sus dos últimas películas. La que antecedió a la que ahora nos ocupa fue “GUERRA Y PAZ”, una superproducción que adaptaba la novela de Tolstoi, una de las más hermosas películas de su carrera, empresa espectacular e íntima a la vez, reflexiva y moral, probablemente, la mejor adaptación cinematográfica de Tolstoi que jamás se haya hecho. Una inolvidable obra maestra que casi todos hemos visto más de una vez. Eso fue en Italia, en 1956.
Tres años después, recalaría en España para hacerse cargo de otra superproducción bíblica (tan en boga por aquellos años) de desgraciada historia. Cuando habían sido rodados casi dos tercios del film, Tyrone Power, que encarnaba al rey Salomón y participaba en la producción, murió de un infarto, lo que obligó a rodar de nuevo con su sustituto Yul Brynner todas las partes en las que había intervenido el fallecido actor. Se suprimieron algunas secuencias, otras se modificaron para que el hinchado presupuesto no se disparara y así las cosas, el maestro King Vidor se despidió del cine con este fiasco no exento de interés. Porque pese a la adversidad, el film (cuyo tema central es el de un individuo, Salomón, escindido entre una excluyente dedicación a Jehová y su pasión amorosa por la sensual y suculenta reina de Saba con los rasgos de Gina Lollobrigida) logró conservar algunos destellos de grandeza y un poder de fascinación en sus imágenes del que yo mismo, revisándola hace unos días, no he podido escapar casi sesenta años después de su estreno.

25 de abril de 2016

LA DOLCE VITA
(It-Fr) Riama Films / Pathé Consortium Cinema, 1959. 173 min. BN. TotalScope.
Pr: Giuseppe Amato y Angelo Rizzoli. Pr Ej: Franco Magli. G: Federico Fellini, Ennio Flaiano, Tullio Pinelli, Brunello Rondi y (sin acreditar) Pier Paolo Pasolini. Ft: Otello Martelli. Mt: Leo Cattozzo. DA y Vest: Piero Gherardi. Ms: Nino Rota. Dr: Federico Fellini.
Int: Marcello Mastroianni, Anita Ekberg, Anouk Aimée, Yvonne Furneaux, Alain Cuny, Lex Barker, Nadia Gray, Annibale Ninchi, Magali Noël, Jacques Sernas, Walter Santesso, Valeria Ciangottini, Ida Galli, Audrey McDonald, Nico, Riccardo Garrone, Adriano Celentano, Polidor, Harriet White, Alain Dijon, Laura Betti, Carlo Di maggio, Mino Doro.
Marcello Rubini (Marcello Mastroianni) es un periodista con aspiraciones de escritor que mientras le llega la inspiración se dedica a la prensa del cotilleo.
A Roma ha llegado la des pampanante estrella americana Sylvia (Anita Edberg) para incorporarse al rodaje de una película. Y allí tenemos a Marcello en primera fila.
Nuestro hombre se desenvuelve muy bien en los festivos y selectos ambientes de la capital y ejerce su profesión con cierta indolencia.
Marcello se las arregla para acompañar a Sylvia en su curiosidad por conocer el Vaticano.
Durante la fiesta de bienvenida que se le da a la estrella recién llegada, ella baila
una incitadora rumba ante los complacidos ojos de los invitados.
La hiperbólica anatomía de Sylvia y su proceder caprichoso y exhibicionista, tiene su impacto.
El alcohol y el baile de la estrella han enardecido a la variopinta fauna de esa velada loca.
Marcello, mujeriego empedernido,  ha quedado fascinado con Sylvia.
Marcello rescata a Sylvia de cuantos la quieren acaparar y se la lleva en su coche sin rumbo fijo.
En su noctámbulo deambular por la ciudad, acaban llegando a la Fontana di Trevi. Es verano, hace calor y ella decide "refrescarse" en las aguas de la fuente.
La imagen de Sylvia como una diosa carnal resulta a la vez irresistible y extraña.
Marcello queda subyugado por la sensualidad de esa hermosa mujer que parece 
ajena al efecto que causa en los hombres.
Con la "humedad" de la situación, un conato de beso.
En este momento del rodaje, Mastroianni parece estar más interesado por lo que probablemente le está gritando Fellini que por su espectacular compañera.
Amanece en Roma, las calles están mojadas y la juerga entre la estrella y el periodista ha terminado. 
Es hora de recogerse en el hotel.
SINOPSIS: En la Roma de finales de los años cincuenta del pasado siglo, un periodista de la prensa cotilla y sensacionalista ejerce con desgana su labor, siguiendo las fiestas y escarceos de la alta sociedad y mezclándose en sus ambientes, mientras siente alternativamente fascinación y rechazo hacia lo que ve.
Maddalena (Anouk Aimée) es la ociosa y casquivana esposa de un millonario y combate su aburrimiento asistiendo a fiestas y con esporádicos encuentros sexuales con Marcello.
La extravagancia de esa noche para Magdalena consiste en hacer el amor con el periodista en el cochambroso domicilio de una prostituta con la que se han encontrado por la calle.
Emma (Yvonne Furneaux) es la celosa novia (motivos no la faltan) de nuestro hombre que constantemente le llama por teléfono para controlar sus idas y venidas.
Sus intentos de suicidio que suelen "fracasar", exasperan a Marcello.
Una vez más, Emma y Marcello, camino apresurado del hospital para un lavado de estómago.
Con desavenencias y reconciliaciones continúan juntos pero no es probable que él la ame. La suya es una relación de hastío y necesidad mutua.
El rutinario ejercicio de su profesión le lleva de fiesta en fiesta.
El encuentro de Marcello con el intelectual Steiner (Alain Cuny), amigo suyo por el que siente un gran respeto y en el que se mira como referente de lo que son sus aspiraciones, tendrá su repercusión. 
Fanny (Magali Nöel) es una corista que se prostituye ocasionalmente y que ha acompañado al padre de Marcello, llegado de provincias, en su visita a su hijo en la gran ciudad.
Aquí vemos a Maddalena y Jane (Audrey McDonald, a la derecha), dos mujeres adornando con su belleza una de las innumerables fiestas dadas en las mansiones y palazzos romanos por una decadente aristocracia.
Maddalena , pensativa e indolente, permitiendo que la seduzca uno de los invitados.
Marcello interesándose por una invitada con un atuendo de aparatoso diseño.
Nadia (Nadia Gray), la anfitriona de una de esas veladas, aceptando practicar
el striptease para complacer a sus invitados.
La infortunada Emma, que ha asistido a un degradante espectáculo colectivo con un supuesto milagro de la Virgen, toma conciencia de sí misma.
Marcello y Emma en la cama, durante su enésima "reconciliación".
Parecen estar condenados el uno al otro.
Sus noctámbulas andanzas profesionales (o no) suelen llevar a Marcello a amaneceres en lugares insospechados. Aquí, en la playa con una estrambótica compañía.
A lo lejos, Marcello ve a una angelical adolescente con la que se encontró anteriormente cuando la muchacha le atendía en un chiringuito de playa. Intenta comunicarse con ella por señas pero no lo consigue y renuncia.
La última imagen de la película es el rostro dulce y a la vez resignado de esa adolescente, Paola (Valeria Ciangottini), a través del cual comprendemos que nuestro hombre Marcello nunca llegará a acceder al interior de una mujer, a la complejidad del alma femenina, tal vez porque ha renunciado a muchas cosas, entre ellas, a la pureza y la pasión. Por ello, nos tememos que jamás aprenderá a amar ni terminará ese libro que pretende escribir.
COMENTARIO: Por la época en que Fellini rodó esta película, Roma estaba en ebullición y para la industria de Hollywood representaba en cierto modo la gran “rival” pues allí se concentraban producciones y superproducciones, directores, periodistas, cronistas y fotógrafos. Actores y actrices cuyas carreras declinaban, llegaban a ese bullicioso y decadente escenario buscando tal vez la oportunidad de reavivar sus carreras, o en última instancia, considerando el lugar como un acogedor “cementerio de elefantes”. En aquellos días, Via Veneto se había convertido en algo así como el Sunset Boulevard de Europa y en ese ambiente disipado y febril situó Fellini la que sería su más ambiciosa película hasta aquel momento (que se abre con la poderosa y sorprendente imagen de una gigantesca escultura de un Jesucristo colgado de un helicóptero, sobrevolando la ciudad en ruta hacia la Plaza de San Pedro).
Así pues, “LA DOLCE VITA” vino a ser una especie de retablo de tumultuoso contenido en torno a la decadente, ociosa, corrupta, contradictoria y errática “bella fauna” romana. El hilo conductor de los diferentes episodios que conforman su estructura dramática es el periodista Marcello Rubini interpretado por Mastroianni (actor al que Fellini utilizaría aquí y en su siguiente película como su alter ego, no sin cierta dosis de autocomplacencia), personaje indolente, desencantado y perezoso, sin apegos e incómodo consigo mismo, que en razón de su trabajo ”recorre” con pasiva lucidez las estancias del discurso-denuncia (de contenido cercano en este caso al cine de Antonioni) que el autor vertebra con borbotónica eficacia adentrándose ya a partir de este film de manera definitiva en ese universo onírico desbordante de imaginación visual que iría creciendo y desatándose en sucesivos trabajos suyos.
Aún hoy, cincuenta y siete años después de su rodaje, “LA DOLCE VITA” continúa fascinándome. Una película ferozmente atacada en su día por la Iglesia católica y la prensa conservadora, que fluctúa entre la denuncia de una sociedad vacía, libertina y corrupta y el vigoroso fresco de un mundo tumultuoso y pleno de vida, casi un circo. No obstante, no quiero reuir la exposición de lo que considero algunos momentos reprochables que, eso sí, no llegan a empañar el altísimo nivel de esta obra fundamental, si bien son escenas que emiten un cierto chirrido a través de su propia estructura (el buñuelesco-berlanguiano episodio del “milagro” de los niños que creen ver a la Virgen), o de algún personaje como es el caso del intelectual Steiner (interpretado por el catedralicio Alain Cuny) y sus pomposos parlamentos en torno al doloroso vacío espiritual de su vida (la verdad, un sujeto pretenciosamente trágico).
Bueno, para concluir este felliniano paseo, no deseo defraudar a nadie no haciendo alusión a la célebre secuencia del baño nocturno de Anita Ekberg (icono erótico de magestuosa opulencia) en la romana Fontana di Trevi, imágenes que han saltado por encima de la propia película quedando para la historia (del cine) como esos momentos míticos que acaban convirtiéndose en reclamos imperecederos. Actrices como Vivien Leigh, Gloria Swanson, Marilyn Monroe o Janet Leigh han protagonizado otros.