28 de julio de 2015

LA NOCHE AMERICANA (La nuit américaine)
(Fr-It) Les Films du Carrosse / PECF / Produzione Intercontinentale Cinematografica, 1973. 115 min. Color.
Pr: Marcel Berbert. G: François Truffaut, Jean-Louis Richard y Suzanne Schiffman. Ft: Pierre William Glenn. Mt: Martine Barraqué y Yann Dedet. DA: Damien Lanfranchi. Vest: Monique Dury. Ms: Georges Delerue. Dr: François Truffaut.
Int: Jacqueline Bisset, Jean-Pierre Léaud, François Truffaut, Valentina Cortese, Jean-Pierre Aumont, Dani, Alexandra Stewart, Nathalie Baye, Nike Arrighi, Jean Champion, David Markham, Graham Greene, Bernard Menez, Jean-François Stevenin, Gaston Joly, Walter Bal.
El director Ferrand (François Truffaut) flanqueado por el cámara Walter (Walter Bal) y la script Joëlle (Nathalie Baye) estudia la mejor manera de resolver un plano.
Ferrand indica al joven actor Alphonse (Jean-Pierre Léaud) cómo debe empuñar el arma para la difícil secuencia del disparo.
Tensión y silencio en el plató mientras mientras la cámara rueda.
Liliane (Dani), ayudante de la script, intima con Alphonse y es una muchacha inquieta que no siente una especial vocación por su trabajo.
Alexandre (Jean-Pierre Aumont) y Severine (Valentina Cortese), dos veteranos profesionales de la interpretación con largas carreras a sus espaldas, recuerdan su pasado glorioso.
A Severine, con serios problemas de retentiva, le asaltan miedos e inseguridades al sentirse incapaz de memorizar sus diálogos.
Ferrand recibe a Julie Baker (Jacqueline Bisset) que se incorpora al rodaje recién llegada de Hollywood.
El inestable e impresionable Alphonse pronto se siente fascinado por la belleza de Julie.
En esta imagen en blanco y negro vemos a Ferrand dando instrucciones precisas a Julie Baker sobre cómo debe mover la cabeza en ese plano.
SINOPSIS: En los Estudios “La Victorine” de Niza se rueda una película llamada “Os presento a Pamela” y a medida que avanza el rodaje van surgiendo dudas, dificultades, problemas, roces, percances y romances que afectan tanto a los miembros del equipo como a la propia película.
Durante el rodaje, Ferrand sabe tratar a Julie, una mujer frágil que ha pasado por una reciente crisis nerviosa que ha dejado huella en su carácter.
El paciente Ferrand sabe que dirigir a una actriz con problemas es una tarea delicada.
El rodaje de la película avanza; los problemas se suceden.
Stacey (Alexandra Stewart) es otra de las actrices a la que en pleno rodaje, en una determinada escena con bañador, se le nota un avanzado estado de embarazo. El director tiene que resolver ese problema.
Julie, en lugar de resolver sus propias zozobras, cree conveniente satisfacer la "pasión amorosa" que Alphonse siente por ella. Como terapia para suavizar la tensión, se le ocurre concederle una noche de sexo. Craso error.
Tras esa noche de amor, la actitud irresponsable e infantiloide de Alphonse provoca una crisis en Julie. Ella se encierra en su camerino y el rodaje se paraliza.
La gestación de un plano con muchas dificultades. Los encargados de resolverlo son Joëlle y el ayudante de producción Bernard (Bernard Menez).
El plano en cuestión es el de un gatito que debe acercarse a una bandeja de un desayuno consumido
y lamer la leche sobrante.
Una imagen promocional de "LA NOCHE AMERICANA" con el bellísimo rostro de Jacqueline Bisset.
COMENTARIO: Si buscamos líneas maestras en el cine de François Truffaut creo que ya aparecen claras desde su cortometraje “LES MISTONS” y los tres primeros largos. Por ejemplo, la imposibilidad de una felicidad duradera, la caprichosa repercusión del destino en la vida de las personas, ese tono agridulce que inunda su narrativa, la importancia capital de las mujeres y, claro, el amor al cine. De ahí, mi suposición de que Truffaut siempre buscó la forma de introducir abiertamente el “cine dentro del cine”. Con “LA NOCHE AMERICANA” lo consiguió con plenitud e intensidad y seguro que se quedó muy a gusto pues quiso y pudo demostrar esa unión real de vida y arte, como ocurre en las grandes obras; y esto nos lleva a la idea del arte que recrea a la vida con tanta fuerza que revela su auténtica razón de ser: el amor que la vida nos tiene y el amor que nosotros le tenemos a ella.
Este hermoso film que ahora nos ocupa, es toda una declaración de amor al cine y al mismo tiempo un homenaje a las gentes que lo hacen. Aunque, según dice ese director Ferrand que él mismo interpreta, “las películas son más armoniosas que la vida”, Truffaut, por lo afirmado en el párrafo anterior, se com­plació en establecer de manera transparente paralelismos y ocasionales convergencias, y todo ello en un embelesante tono de comedia solo roto por la fortuita intrusión de la tragedia (la muerte por accidente de un actor). Vida y ficción parecían fundirse.
Por encima de otras conside­raciones, se trata del regalo de un hombre (al que perdimos prematuramente) muy enamorado de la vida y de su profesión. Se lo agradeceremos siempre mientras disfrutamos de sus fascinantes películas, esas que, sembradas de momentos mágicos perfectamente ensamblados, nos producen la impresión de algo que surje de la pantalla y nos pertenece por entero; y por entero, en este mundo, solo nos pertenece la vida. O algo todavía mejor, porque las películas no mueren nunca.

23 de junio de 2015

NINOTCHKA
(USA) MGM, 1939. 110 min. BN.
G: Charles Brackett, Billy Wilder, Walter Reisch (y Ernst Lubitsch), basado en una historia de Melchior Lengyel. Ft: William Daniels. Mt: Gene Ruggiero. DA: Cedric Gibbons y Randall Duell. Vest: Adrian. Ms: Werner R. Heymann. Pr y Dr: Ernst Lubitsch.
Int: Greta Garbo, Melvyn Douglas, Ina Claire, Bela Lugosi, Sig Rumann, Felix Bressart, Alexander Granach, George Gaye, Rolfe Sedan, Edwin Maxwell, Richard Carle, George Tobias, Dorothy Adams, Tamara Shayne, Peggy Moran, Mary Forbes.
Ninotchka (Greta Garbo) es una convencida funcionaria soviética que ha viajado desde Moscú a París
con una delicada misión.
Ninotchka se reune con Iranoff (Sig Ruman), Buljanoff (Felix Bressart) y Kopalski (Alexander Granach), camaradas que la precedieron en su viaje a la capital del Sena y que ahora temen ser enviados a Siberia.
En su primera salida del hotel, Ninotchka se topa con Leon (Melvyn Douglas), un atractivo francés que se ofrece a guiarla por la ciudad.
El desconcertado Leon se siente poderosamente atraído por esa mujer sin que
al principio sepa muy bien discernir por qué.
El motivo de su viaje a París es vender unas joyas requisadas con el fin de recaudar dinero para la revolución. Los abogados franceses exponen a Ninotchka las dificultades políticas y legales de esa operación.
La tenacidad de Leon y el poderoso influjo que Ninotchka ejerce sobre él, le empujan a insistir en su afán de abrirse camino hasta su corazón.
Ninotchka comienza a no ser ajena a los encantos y "tentaciones" de una ciudad como París. Frente al espejo, con ese extraño sombrero en la cabeza, parece poner en cuestión por primera vez sus firmes convicciones.  
Comiendo en un restaurante para obreros, tras intentarlo inútilmente con algunos chistes, por fin nuestro amigo Leon consigue romper la soviética armadura de Ninotchka y ella reirá a mandíbula batiente cuando a él se le rompe la silla y cae al suelo.
Probando los placeres de la "decadente" vida capitalista.
SINOPSIS: En París, un playboy protegido de una aristócrata rusa exiliada tras la revolución bolchevique, termina enamorándose de una extricta comisaria soviética que ha viajado desde Moscú para cerciorarse de que los tres comisarios que la precedieron están cumpliendo su cometido. Pero los “decadentes” encantos de la ciudad del Sena y la perseverancia del atractivo galán que la corteja, irán socavando sus convicciones comunistas.
Tras una velada mágica, Ninotchka y Leon han regresado al hotel: amor, champagne y juegos nocturnos.
Están borrachos y enamorados. Ella ha olvidado ya la razón de su presencia en París y él está experimentando por primera vez el verdadero amor.
Ese ridículo gorro fue la pieza que abrió brecha en el adoctrinado cerebro de Ninotchka. El carácter seductor de Leon hizo el resto.
Swana (Ina Claire) es la aristócrata rusa exiliada, antigua dueña de las joyas incautadas. Sin embargo, ella ahora está más preocupada ante la posibilidad de perder el afecto de Leon al que considera "propiedad" suya. Teme que Ninotchka se lo arrebate y a su manera lucha por él. 
Esa mirada "perdida" de Greta Garbo aflora inevitablemente, includo en esta comedia. Aquí está frente a Leon pero por unos momentos parece no verle. Ella se encuentra más allá. 
De regreso a Moscú tras su misión en París, regala a su compañera de habitación, Anna (Tamara Shayne), una "negligé" francesa de raso al enterarse de que se casa.
El reencuentro con los tres camaradas (que gracias a su informe no han sido deportados a Siberia) y que ahora son para ella sus grandes amigos.
Una bonita foto de la Garbo para promocionar "NINOTCHKA".
COMENTARIO: Imagino que no descubro la rueda si digo que Ernst Lubitsch fue un gran estilista. La clave secreta de ese toque suyo, el llamado “toque Lubitsch” tan difícil de definir, tenía su punto de partida en esa manera juguetona, irónica e inimitable con que satirizaba las debilidades del ser humano en sociedad. Y su elegancia mental le llevaba a originales maneras de abordar las escenas casi siempre diseñadas para suministrar al espectador detalles y sugerencias que lo convirtieran placenteramente en cómplice de lo que ocurría en la pantalla.
En sus comedias, llamémoslas frívolas (varias de comienzos del sonoro con elementos que las situarían dentro del género musical), casi siempre “ambientadas” en algún país europeo, las historias estaban relacionadas esencialmente con el dinero y el sexo, dos cosas que el público (en especial el americano) entendía y valoraba. De ahí, el éxito y popularidad que en general obtuvieron sus películas realizadas en la década de los treinta. 
George Bernard Shaw dijo en cierta ocasión: “Si deseas contarle a la gente la verdad, hazles reir o te matarán”. Supongo que el autor de la divertida parodia anti-nazi “SER O NO SER” tuvo siempre en cuenta este sabio consejo y ahí están “EL DESFILE DEL AMOR”, “MONTECARLO”, “UN LADRÓN EN LA ALCOBA” y otros memorables títulos de su filmografía hablándonos con perspicacia de la realeza, el sexo y el dinero.
En “NINOTCHKA” -que de alguna manera es una versión de Pygmalion, de una estatua que cobra vida, a través del proceso de transformación de esa comisaria soviética enviada a París-, además de los temas ya mencionados en el párrafo anterior, entra en juego el arte de Lubitsch para desarrollar una malévola y desarmante burla de las ideologías establecidas: comunismo versus capitalismo. Y así tenemos una perfecta y deliciosa comedia -que en su día no fue valorada en su justa medida- en la que se sumaron los talentos de Billy Wilder, Charles Brackett y Lubitsch para conseguir unos resultados que se me antojan insuperables. El ritmo, la brillantez, ligereza y precisión de los diálogos, la elegancia e inventiva de una puesta en es­cena que confió plenamente en la inteligencia (e imaginación) del espectador y todo ello potenciado por esa magia indescriptible que desprende la presencia de Greta Garbo en la pantalla (quién si no Garbo podía haber sacado tanto partido de ese delicioso momento en que contempla con calma la lujosa suite que le está destinada y pregunta “¿Qué parte de la habitación es la mía?”), elevaron esta película a la categoría de obra maestra seminal para todos los que a partir de ella han querido acercarse (mínimamente) al estilo Lubitsch, tan “invi­sible”, elíptico y sencillo en apariencia, pero tan demoledor y eficaz en sus propósitos.
No hay nada como el paso del tiempo y la perspectiva que proporciona, para recolocar cada obra, cada persona, en el lugar que les corresponde. En el caso de “NINOTCHKA”, nadie dudaría en situar este inmarchitable título de Lubitsch como una de las diez mejores comedias de la historia del cine.

29 de mayo de 2015

UN DÍA EN NUEVA YORK (On the Town)
(USA) MGM, 1949. 98 min. Color.
Pr: Arthur Freed y Roger Edens. G: Betty Comden y Adolph Green, basado en el ballet "Fancy Free" de Jerome Robbins. Ft: Harold Rosson. Ms: Leonard Bernstein y Roger Edens. Cor: Gene Kelly. Mt: Ralph E. Winters. DA: Cedric Gibbons y Jack Martin Smith. Can: Arthur Freed, Betty Comden, Adolph Green y Nacio Herb Brown. Dr: Gene Kelly y Stanley Donen.
Int: Gene Kelly, Frank Sinatra, Betty Garrett, Vera-Ellen, Ann Miller, Jules Munshin, Florence Bates, Alice Pearce, George Meader, Hans Conried, Tom Dugan, Carol Haney.
Chip (Frank Sinatra), Ozzie (Jules Munshin) y Gabey (Gene Kelly) acaban de bajar a tierra en el puerto de Nueva York con un permiso de veinticuatro horas y están dispuestos a "comerse" la ciudad.
Gabey conoce en el Metro neoyorquino a Ivy Smith (Vera-Ellen), a la que acaban de nombrar "Miss andén" de ese mes. El joven marinero se enamora de ella instantáneamente.
Chip y Ozzie están dispuestos a ayudar a su amigo Gabey a localizar a esa monada que se le escapó en el Metro. En la búsqueda les ayudará una taxista llamada Brunilda Esterhazy (Betty Garrett) tenaz en su afán de seducir a Chip.
Entra en escena Claire (Ann Miller), una vitalista estudiante de paleontología que de inmediato queda impresionada por el notable parecido de Ozzie con la figura de un espécimen del paleolítico.
Chip y Brunilda. Él, empeñado en la búsqueda sistemática de "Miss andén", y ella queriendo a toda costa llevarse al ingenuo marinero a su piso (en una flagrante demostración de roles invertidos).
SINOPSIS: Tres alegres marineros desembarcan en el puerto de Nueva York disponiendo tan solo de veinticuatro horas de permiso en esa ciudad que intentarán aprovechar al máximo. En su afán de divertirse, conocen a tres chicas y con ellas vivirán intensamente su corto plazo de libertad.
Las cosas no están saliendo como ellos imaginaban y la desilusión se dibuja en sus rostros.
Ivy trata de ocultar al enamorado Gabey su precaria situación económica y su origen provinciano.
Chip y Ozzie tratan de animar con escaso éxito al decaído Gabey. La pobre muchacha aprisionada entre ellos es Lucy Schmeeler (la gran Alice Pearce) que se presta a colaborar en la "fiesta".
Ivy forma parte de las ensoñaciones musicales de Gabey.
Otro momento en que Gabey forma parte de ese onírico ballet en torno a la buscada Ivy Smith.
COMENTARIO: Resulta difícil -diría incluso que inútil- teorizar, explicar, describir el cine musical pues de todos los géneros cinematográficos es el que entra con mayor placer e intensidad por los sentidos sin espacio intelectual para el análisis. De ahí, que sea el que más se resiste a cualquier propósito de acercamiento crítico. ¿Cómo diseccionar el ímpetu, la alegría de vivir, el entusiasmo que rezuman estas películas, sin desvirtuar, sin desintegrar, todo lo que de sensorial tienen? Cuando veo -por ejemplo- “UN DÍA EN NUEVA YORK” o “CANTANDO BAJO LA LLUVIA” me invaden unas ganas que apenas puedo contener de bailar por las aceras, saltar sobre los bancos, subirme a las farolas o al techo de un tranvía, luzca un sol radiante o caigan chuzos de punta. Da igual, su vitalidad es muy contagiosa.
El título que ahora nos ocupa fue el primero de los tres musicales dirigidos al alimón por Kelly y Donen (tan bien conjuntados ambos que para el caso podríamos considerarlos como un "director siamés") y también el primero en romper los corsés que hasta entonces habían constreñido al género (muchas escenas se rodaron en exteriores auténticos de Nueva York), oxigenándolo y dotándolo, al hilo de lo que decía en el párrafo anterior, de dinamismo y espontaneidad y consiguiendo una perfecta fluidez al integrar los bailes y canciones dentro del devenir argumental en un todo homogéneo, sin frenazos ni altibajos que pudieran entorpe­cer el apabullante ritmo mantenido a lo largo de toda la película. Cómo colocaban y movían la cámara estos dos genios (y Minnelli también en “THE BAND WAGON”) haciéndola participativa de los estados de ánimo, de las emociones de los personajes, es el secreto que los distingue de otros realizadores, más convencionales, acomodaticios o mediocres (George Sidney, Walter Lang, Charles Walters), que cultivaron el género.
Se ha hablado siempre de los veinticinco años de Orson Welles cuando llegó a Hollywood para rodar "CIUDADANO KANE"; sin embargo, pocos han tenido en cuenta que Stanley Donen aún no los había cumplido cuando se inició el rodaje del film que ahora nos ocupa. Para terminar, estamos ante el que hoy consideramos un gozoso clásico de una capital importancia en la historia del musical (y del cine en general) al que, merced a ese milagro llamado Kelly-Donen, seguirían “CANTANDO BAJO LA LLUVIA” y “SIEMPRE HACE BUEN TIEMPO” (ésta resultaría casi una secuela de “UN DÍA EN NUEVA YORK” pero en clave desencantada y que de alguna manera ya prefiguraba “BÉSALAS POR MÍ”, comedia ácida que afrontaría Donen en solitario dos años después).

7 de mayo de 2015


EL PROCESO (The Trial / Le procès)
(Fr-It-Al) Paris Europe / FICIT / Hisa, 1962. 118 min. BN.
Pr: Alexander Salkind. G: Orson Welles, basado en la novela de Franz Kafka. Ft: Edmond Richard. Mt: Yvonne Martin, Fritz H. Mueller, Chantal Delattre y Orson Welles. DA: Jean Mandaroux. Vest: Helen Thibault. Ms: Jean Ledrut y el "Adagio" de Albinoni. Títulos: Alexandre Alexeieff y Claire Parker. Dr: Orson Welles.
Int: Anthony Perkins, Jeanne Moreau, Romy Schneider, Orson Welles, Suzanne Flon, Madeleine Robinson, Akim Tamiroff, Elsa Martinelli, Fernand Ledoux, Maurice Teynac, Jess Hahn, Billy Kearns, William Chappell, Arnoldo Foá, Wolfgang Reichmann, Thomas Holtmann, Katina Paxinou, Michel Lonsdale, Paola Mori.
Una mañana, Josef K (Anthony Perkins) es despertado por un hombre (Arnoldo Foà) que aparece en su dormitorio de la pensión donde reside y que se identifica como Inspector A.
Mientras se viste, es vigilado por los dos ayudantes del inspector (Jess Hahn y Billy Kearns).
El rostro de Josef K delata miedo e indefensión ante una situación que no comprende.
Su patrona, Mrs. Grubach (Madeleine Robinson), parece sentir por el joven Josef K un "amor maternal".
Angustiado, vigilado, acosado, perseguido...
Marika Burstner (Jean Moreau) es una mujer extraña, esquiva e intempestiva que también se hospeda en la pensión de Mrs. Grubach.
Escenarios angustiosos, salas, archivos y pasillos interminables, y Josef K tratando inútilmente de escapar de esa pesadilla.
En la mirilla de la puerta, los ojos inquisitivos de Leni (Romy Schneider) la muchacha al servicio del abogado al que acude Josef K en busca de ayuda legal.
El aspecto imponente del abogado (Orson Welles) deambulando por sus lúgubres y abigarrados aposentos.
SINOPSIS: Joseph K., un respetable funcionario, despierta una mañana y se encuentra con la policía en su habitación de alquiler. No logra saber de qué se le acusa pero a partir de ese momento entabla una lucha con la Ley que le llevará ante agen­tes del aparato judicial, abogados, familiares, otros acusados, servidores de los tribunales, un pintor de jueces y finalmente un sacerdote. Sin lograr saber con exactitud cuál ha sido su falta, y en total rebeldía contra el sistema, dos policías le dinamitan en un descampado en las afueras de su fantasmal ciudad.
El abogado con su "servicial" Leni, escucha con cierta displicencia el relato de Josef K.
Leni es una criatura gatuna y desconcertante.
Bloch (Akim Tamiroff) es un resignado cliente del abogado que espera pacientemente, allí mismo, en la mansión del letrado, la resolución de su caso.
Entre las múltiples funciones de Leni, se encuentra la de amante de su jefe.
Leni se encarga de entretener melosamente a los dos angustiados clientes del abogado.
Las desproporcionadas puertas de la Ley empequeñecen la figura de quien pretende tener acceso. 
En su infructuosa búsqueda de sentido y solución a la situación surgida, Josef K se topa con la sensual mujer de un ujier del Palacio de Justicia (Elsa Martinelli) y durante unos momentos se deja llevar por ella.
Desde luego, este plano recuerda mucho a las inmensas oficinas donde trabajaba el J.J. Baxter de "EL APARTAMENTO" de Billy Wilder.
Ante algo que no domina ni comprende, Josef K comienza a rebelarse en esa sala de juicios repleta de personas ajenas a su problema.
La reaparición del Inspector A con dos amenazantes esbirros no hace augurar nada bueno para nuestro atribulado Josef K.
Solo, abrumado, impotente, Josef K se acerca al dramático final de ese pesadillesco periplo. 
NOTA DE TEO CALDERÓN: Se cumple el centenario del nacimiento de Orson Welles y este blog ha querido rendir tributo al genio de Kenosha hablando de una de sus películas. Cualquier título podía servir y habiendo sido reseñados aquí en ocasiones anteriores "CIUDADANO KANE", "EL CUARTO MANDAMIENTO" y "SED DE MAL", ahora he elegido, casi por sorteo, "EL PROCESO". Sin embargo, la ocasión era especial y he creído más oportuno y aportativo el comentario que sobre este film escribió Juan Cobos (amigo personal de Welles, crítico, ensayista y una gran autoridad en el estudio de la figura y obra de este inabarcable genio) para mi libro "Movie Movie". Una tarea que el director de la prestigiosa revista Nickel Odeon (ya extinta) ejerció con sumo placer y que he agradecido siempre. Habrá más oportunidades para reproducir textos suyos estudiando otras películas de Welles, redactados para las diferentes ediciones del mencionado libro que, dicho sea de paso, inspiró este blog. 
COMENTARIO DE JUAN COBOS: La película comienza con una historia en diapositivas de dibujos hechos con sombras de alfileres que cuenta la extraña historia de un hombre que pasó toda su vida ante las puertas de la Ley y murió sin poder flanquearlas. Y la propia voz de Orson Welles —adaptador del relato de Kafka— nos da la clave de lo que seguirá: "La lógica de esta historia es la lógica de un sueño, o de una pesadilla". El que la primera imagen que sigue sea el rostro dormido de Joseph K que abre los ojos permite considerar si realmente llegó a despertar ante la presencia de un extraño o si lo que le sucede es justamente una pesadilla.
Ante la posibilidad, poco frecuente en su carrera, de que le produjesen una nueva película, Welles eligió "El proceso" entre una serie de títulos libres de derechos de autor según Salkind, el productor, pues éste descartó filmar una historia original del director. Como siempre que adaptó textos ya existentes —y fue en la mayoría de sus películas— el autor de "SED DE MAL" escribió un excelente guión que respetando esencialmente a Kafka le permitió hacer una obra que es genuinamente cinematográfica. La fe indivisible del director en la imagen y la palabra aparece aquí una vez más.
Las largas escenas, en general de varios mi­nutos cada una, que componen "EL PROCESO" llevan dentro una realización dinámica donde el encuadre y la palabra se reparten el protagonismo sin dañarse. Una fotografía casi siempre nocturna que permite el contraste continuo entre zonas de sombra con otras de fuertes golpes de luz transmiten esa sensación primordial de un mundo ilógico que tiene más de sueño que de realidad. Fundamentalmente es Joseph K quien se expresa con la lógica cotidiana, incapaz de comprender lo que le sucede y pasando de figura pasiva a airado atacante de la injusticia en que se ve envuelto y que todos parecen aceptar como algo normal. En esa peripecia, o quizás pesadilla real, las mujeres juegan un papel erótico de primer orden, desde las amorosas miradas de la señora Grubarch (Madeleine Robinson) y el equívoco comportamiento del personaje de Jeanne Moreau, a los ofrecimientos directos de la mujer del ujier (Elsa Martinelli) o la muchacha del abogado (Romy Schneider), que se entrega no sólo a su señor sino también a los acusados. Incluso la patrona de Joseph K le insinúa su enamoramiento. En el lado opuesto está la incompren­sión o la violencia de los hombres que tratan de convencer al acusado de que acepte como normal su condición culpable.
La estrechez impidió construir unos decorados abiertos que irían disipándose a medida que la historia avanzaba, pero Welles supo sacar un extraordinario partido de las gigantescas dependencias de una estación parisina de ferrocarril ya abandonada. El mobiliario es colocado así en vastos espacios donde perviven los altos techos y las columnas de hierro y donde todo tiene un aire de abandono que se corresponde a la indefensión que atenaza a Joseph K. Este sentido delirante de los espacios y momentos abigarrados como la comparecencia de K ante el Tribunal o las escenas en las escaleras o la casa del pintor abren la película hacia un mundo irreal donde el carácter injusto y deshumanizado de la Ley se corresponde con la historia inicial que hacia el final el abogado (interpretado por Orson Welles) vuelve a explicar a Joseph K.