18 de junio de 2016

SÁBADO TRÁGICO (Violent Saturday)
(USA) 20th Century-Fox, 1955. 91 min. Color. CinemaScope.
Pr: Buddy Adler. G: Sidney Boehm, basado en la novela de William L. Health. Ft: Charles G. Clarke. Mt: Louis Loeffler. DA: Lyle R. Wheeler y George W. Davis. Vest: Kay Nelson y Charles LeMaire Ms: Hugo Friedhofer. Dr: Richard Fleischer.
Int: Victor Mature, Richard Egan, Virginia Leith, Sylvia Sidney, Stephen McNally, Ernest Borgnine, Lee Marvin, Margaret Hayes, Tommy Noonan, J. Carrol Naish, Brad Dexter, Dorothy Patrick, Billy Chapin, Raymond Greenleaf, Robert Adler.
Del autocar detenido en Bradenville se apea un individuo bien trajeado (Stephen McNally) al que conoceremos como Harper y que aparenta ser un viajante de comercio.
Emily Fairchild (Margaret Hayes) es una mujer casada insatisfecha y de vida mundana que ahoga su frustración en sus encuentros con un amante.
Chapman (J. Carrol Naish) y Dill (Lee Marvin), dos individuos de los que más tarde sabremos que son atracadores, viajan en tren hacia Bradenville.
Harper se inscribe en el hotel de la ciudad y se presenta como un amigable vendedor. Mientras, vemos bajar por la escalera a Linda (Virginia Leith), una atractiva enfermera que también se hospeda allí.
Shelley Martin (Victor Mature) que trabaja como gerente de una vital mina para la ciudad, trata de convencer a su hijo Steve (Billy Chapin) de que no todos pueden ser héroes y que los que -como él- no han ido a la guerra también tienen un importante cometido en la vida civil y cotidiana.
Shelley charla con su esposa Helen (Dorothy Patrick) sobre los problemas y peleas que su hijo Steve tiene en el colegio con alguno de sus compañeros en torno a la valía de su padre.
Ahora ya sabemos que Harper, Chapman y Dill, esos tres hombres llegados discretamente a la ciudad, son delincuentes que planean atracar el banco.
Dill, hombre áspero y nervioso,  padece de insomnio y descarga sus dudas y cuitas personales con Harper en medio de la noche.
Aquí vemos a Emily en el Club de Campo coqueteando abiertamente con Gil Clayton (Brad Dexter) 
antes de iniciar una partida de golf.
Boyd Fairchild (Richard Egan), bebedor y dicharachero, ahoga su complejo de inferioridad (está al frente de la mina de su padre pero se cree incapaz de gestionar el negocio familiar) y su infelicidad matrimonial tomando unos whiskies y contándole sus penas a la enfermera Linda.
Es Linda quien se encarga de acompañar a Boyd, completamente borracho, hasta su casa. Emily, la esposa, no ve con buenos ojos su presencia allí y ambas mujeres se enzarzan una agria discusión en la que Linda recrimina a la otra el abandono al que somete a su esposo.
SINOPSIS: En un soleado y tranquilo día, unos individuos de aspecto apacible, en realidad unos gangsters, llegan discretamente a una pequeña ciudad minera con la intención de atracar su banco. Este hecho violento sacudirá y afectará en diverso grado las vidas de varias personas, cuyos asuntos y problemáticas personales se han ido entrelazando en las horas previas al atraco.
Emily, ante las palabras de su esposo,  parece tomar conciencia del fracaso 
de su matrimonio y se siente culpable por ello.
Elsie Braden (Sylvia Sidney), empleada de la biblioteca local, sorprende a Harry Reeves (Tommy Noonan), director del banco, espiando a Linda mientras se quita la ropa.
El día ha llegado y la cuenta atrás se ha iniciado. Harper y Chapman se dirigen al banco.
El nervioso Dill, desde su posición, hace lo propio.
Típica imagen de los atracadores, dentro del banco, apuntando con sus armas a todo el mundo.
Entre los atemorizados presentes, se halla la esposa de Shelley y su hijo pequeño.
Los atracadores, en su plan de fuga, han secuestrado a Shelley y utilizan la granja de una familia amish como punto de fuga, utilizando un camión que despiste a la policía.
Shelley atado y amordazado en el granero, trata de calibrar la situación y zafarse de las ligaduras.
Un momento especialmente tenso: Dill se dispone a rematar a Shelley que en su intentona de reducir a los delincuentes yace en el suelo herido. Detrás de él, el escindido granjero amish (Ernest Borgnine) duda sobre quebrantar o no sus principios religiosos.
En el último segundo, el granjero decide salvar a Shelley clavando su horca en la espalda de Dill.
Durante el atraco, la esposa de Boyd ha muerto alcanzada por los disparos de Dill. Él ahora está atormentado porque unas horas antes habían acordado arreglar su situación y empezar desde cero. Linda (que ama a este hombre) le consuela.
COMENTARIO: Richard Fleischer, como realizador contratado por los estudios, tocó todos los géneros y de vez en cuando, superando con creces los niveles que podían esperarse de un “artesano asalariado”, conseguía, con talento e inspiración, adherir a sus sólidas y briosas puestas en escena partículas de un universo propio que por alquimia "violentaban" las propiedades del grisáceo material de base hasta transformarlo, eso sí, sin por ello sacarlo del molde impuesto. ¿Cómo explicar de otro modo la fascinación, riqueza y redondez de films de encargo como "20.000 LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO" y "LOS VIKINGOS", o la audaz concepción de un western como "DUELO EN EL BARRO"?.
El título que ahora nos ocupa se encuentra, en mi opinión, entre los mejores trabajos que realizó Fleischer en la década de los cincuenta. Es una historia coral con varias acciones en paralelo, una crónica dramática que se adentra con una portentosa efectividad narrativa en lo que esconde la cotidiana y apacible vida de varios de los habitantes de una pequeña ciudad minera llamada Bradenville. Y son los tres delincuentes llegados discretamente a esa localidad para atracar su banco los que en sus idas y venidas van engarzando de manera involuntaria las diferentes historias por el mero contacto visual o coincidencia espacial con algunos de los habitantes.
Ya una de las primeras escenas de la película nos proporciona la pista sobre el método narrativo que adoptará Fleischer partiendo de un guión milimétricamente estructurado: asistimos a la presentación del personaje de la bibliotecaria, una mujer de mediana edad solitaria y triste (soberbia Sylvia Sidney) con apuros de dinero y acuciada por el Banco. La eficacia de esta escena que culmina con ella robando un bolso mientras es observada de manera casual por uno de los delincuentes que se encuentra allí estudiando en un mapa las carreteras que circundan esa ciudad, reside en la fluidez y economía de su construcción (la mirada de un personaje nos lleva a otro) y también en la significación e importancia que adquieren el decorado, los objetos, en relación al personaje (ella, en su tenso desplazamiento, acompañada por la cámara, se aferra al carrito de recoger libros para, en cierto modo, descargar físicamente su desesperación y resentimiento por cómo la han tratado la vida y esa ciudad).               
Lo que narra “SÁBADO TRÁGICO” a partir del conocimiento que ya tenemos de las entrecruzadas vidas de los personajes es el súbito estallido de la precaria, aparencial armonía social y emocional de unos seres por la intrusión de un elemento desencadenante (los atracadores) en su apaciguado microcosmos. Estamos ante un cer­tero retrato colectivo de contrastadas pinceladas de “ciudadanos respetables” tratando de superar sus frustraciones a través del alcohol, el adulterio, la búsqueda del respeto y, en ocasiones, sorprendidos en actos bochornosos (terribe escena nocturna de nuevo con la bibliotecaria cuando ésta va a tirar el bolso robado a un contenedor y sorprende al apocado empleado del banco (Tommy Noonan) espiando desde la oscuridad a la enfermera a través de su ventana mientras se desnuda). 
Si bien en el último tercio, tras el atraco, la película incursiona en el terreno del thriller, no ha sido -como explicaba antes- ese el tono predominante de la trama. De hecho, a los atracadores y la preparación del golpe no se les presta mayor atención que a los conflictos de los demás personajes y solo representarán en un momento determinado el elemento catalizador. En cualquier caso, estamos ante un espectáculo cinematográfico de primer orden en el que una vez más, cuando hablamos del cine de Fleischer, tenemos que aludir a un seco y contundente tratamiento de la violencia casi siempre ligada a estados tensionales (los dos alaridos guturales de Emily en el banco al ser alcanzada por dos disparos) u objetos y texturas que intervienen en la acción (salpicaduras de agua del abrevadero tras el que se parapeta uno de los delincuentes cuando es abatido por los perdigones de una escopeta). Y también a este respecto, resulta memorable el dibujo conseguido del gangster con rinitis interpretado por Lee Marvin, así como su muerte (impresionante por su fisicidad y significado moral) ensartado por la acción del amish, resuelta en un solo plano frontal.
En este blog volveremos sobre Richard Fleischer, un excelente director cuya obra -nunca es tarde- merece ser revisada y de nuevo valorada con la debida atención, esa que durante décadas apenas se le ha prestado a ambos lados del Atlántico. Imagino que por la pereza de unos y el menosprecio de otros.

25 de mayo de 2016

SALOMÓN Y LA REINA DE SABA (Solomon and Sheba)
(USA) U. Artists / Theme Pictures (Edward Small), 1959. 141 min. Color. Super Technirama 70.
Pr: Ted Richmond. G: Anthony Veiller, Paul Dudley y George Bruce, basado en una historia de Crane Wilbur. Ft: Frederick A. Young. Mt: John Ludwig. DA: Richard Day, Alfred Sweeney y Luis Pérez Espinosa. Vest: Ralph Jester. Ms: Mario Nascimbene y Malcolm Arnold (sin acreditar). Dr: King Vidor.
Int: Yul Brynner, Gina Lollobrigida, George Sanders, Marisa Pavan, David Farrar, John Crawford, Finlay Currie, Harry Andrews, José Nieto, William Devlin, Julio Peña, Laurence Naismith, Maruchi Fresno, Jack Gwillim, Jean Anderson, Alejandro Rey.
Adoniyah (George Sanders), hermano mayor de Salomón, mientras guerrea con sus enemigos los egipcios, sueña con heredar el trono de Israel ante la inminente muerte de su padre, el rey David. Aquí le vemos, entre batalla y batalla, consultando con su amigo y confidente, el general Joab (John Crawford).
Inesperadamente, se les une el joven Salomón (Yul Brynner) que viene desde
Jerusalem con la noticia del mal estado de salud de su anciano padre.
El anciano rey David (Finlay Currie) aún tiene fuerzas para sentarse por última vez en el trono y anunciar que por mandato de Dios su heredero será Salomón, con el consiguiente disgusto de Adoniyah.
En su lecho de muerte, David acompañado de su esposa Betsabé (Maruchi Fresno) y su hija adoptiva Abishag (Marisa Pavan), da los últimos consejos a su heredero Salomón.
La reina de Saba (Gina Lollobrigida), tras una provechosa entrevista con su aliado el faraón de Egipto, viaja hasta Israel para visitar Jerusalem y conocer a Salomón.
Adoniyah que no se resigna a quedar postergado, ve en esa bella y astuta mujer una efectiva herramienta para sus planes de arrebatarle el trono a su hermano.
Salomón recibe por todo lo alto a la reina de Saba. Y lo hace acompañado de Abishag,
el profeta Nathan (William Devlin) y el sacerdote Hezrai (Laurence Naismith).
La cautivadora reina de Saba ataviada con sus mejores galas. La ocasión lo merece.
Tras un largo y penoso viaje por el desierto, el imprescindible baño de toda reina de la antigüedad que se precie. Rebaja los calores y contribuye a la higiene.
Nuestro rey tiene ojos en la cara y sangre en las venas, así pues, con permiso de Jehová, posará su mirada lúbrica en las seductoras curvas de la regia visitante.
Rompiendo el protocolo y la tradición, Salomón invita a la reina de Saba a que le acompañe en uno de sus famosos "juicios" públicos.
Esta vez, utilizando su intuición e inteligencia, tendrá que dilucidar quién es la verdadera madre de una criatura recién nacida reclamada por dos mujeres. 
SINOPSIS: El rey David en su lecho de muerte nombra heredero a su hijo menor Salomón. Entonces, el hijo mayor, Adoniyah, guerrero, cruel y ambicioso, tratará por todos los medios de arrebatarle el trono a su hermano mientras éste, poco aficionado a las armas, se disipa en los encantos carnales de la seductora reina de Saba, durante la estratégica visita de ésta a Israel.
Ciertamente, la Lollo dejaba pasmado al personal con su belleza y especialmente aquí, posando
con ese desafiante torso que consigue que la Biblia nos entre por los ojos.
Salomón y Saba, ya liados sentimentalmente, fijan sus miradas en un punto que parece
llamar su atención. ¿Alguna aquiescente señal desde Arriba a su denostado romance?
Abishag, entre celosa y curiosa, visita los aposentos de la reina bajo la atenta mirada de Baltor (Harry Andrews), avieso consejero de la de Saba.
Nada como un estratégico modelazo de gasa traslúcida para encender pasiones.
Pose oficial de Salomón y la de Saba para el público asistente.
Una incitadora danza para "contentar" a la diosa de la fertilidad. Luego ya si eso, los de la pista de baile, se unirán cada cual con su pareja para lo que surja.
Salomón ya solo tiene ojos para la reina de Saba, ante el evidente incomodo de los que tiene detrás.
La baza principal en las interpretaciones del actor Yul Brynner eran sus penetrantes miradas.
Los pecados de Salomón, entregado a la lascivia con la reina de Saba, irritaron a Jehová que mandó rayos y truenos sobre el templo de Jerusalem pillando dentro a la pobre Abishag.
Salomón y sus generales bastante apurados ante el imparable avance de las tropas egipcias comandadas por el ambicioso e incansable Adoniyah que se ha pasado al enemigo para derrocar a su hermano.
Todos culpan a la de Saba de las desgracias acaecidas a los israelitas.
Al final, los insoslayables "decretos" de Jehová se impondrán a las naturales pasiones humanas.
Salomón renunciará consternado a continuar su romance con esa mujer y ella 
regresará a su reino de Saba, eso sí, embarazada.
COMENTARIO: Viendo esta película tal vez resulte trabajoso asociarla a la trayectoria de un pionero de las características de King Vidor, uno de aquellos hombres que inventaron el cine clásico y crearon las bases del cine moderno. Posiblemente, el más inquieto y el que en buena parte de su obra mejor describió la crónica de Norteamérica, la primitiva y la industrial, reflejando una forma de entender la vida individual y colectiva al compás del entonces pujante capitalismo liberal; algo que quedaba patente con especial fuerza en lo que rodó durante el periodo mudo y los primeros años de la década de los treinta pero que puede seguir encontrándose hasta incluso en el magnífico western “LA PRADERA SIN LEY” (Man without a Star, 1954). No obstante, aunque logró sobrevivir más de cuarenta años dentro del férreo sistema hollywoodense y consiguió hacer películas audaces y sin compromisos, como es lógico, no siempre fue así. Tuvo que hacer equilibrios en la cuerda floja entre lo que deseaba hacer y lo que le dejaban. Pero esa es la historia de muchos de los grandes.
Vidor vendría a Europa para rodar sus dos últimas películas. La que antecedió a la que ahora nos ocupa fue “GUERRA Y PAZ”, una superproducción que adaptaba la novela de Tolstoi, una de las más hermosas películas de su carrera, empresa espectacular e íntima a la vez, reflexiva y moral, probablemente, la mejor adaptación cinematográfica de Tolstoi que jamás se haya hecho. Una inolvidable obra maestra que casi todos hemos visto más de una vez. Eso fue en Italia, en 1956.
Tres años después, recalaría en España para hacerse cargo de otra superproducción bíblica (tan en boga por aquellos años) de desgraciada historia. Cuando habían sido rodados casi dos tercios del film, Tyrone Power, que encarnaba al rey Salomón y participaba en la producción, murió de un infarto, lo que obligó a rodar de nuevo con su sustituto Yul Brynner todas las partes en las que había intervenido el fallecido actor. Se suprimieron algunas secuencias, otras se modificaron para que el hinchado presupuesto no se disparara y así las cosas, el maestro King Vidor se despidió del cine con este fiasco no exento de interés. Porque pese a la adversidad, el film (cuyo tema central es el de un individuo, Salomón, escindido entre una excluyente dedicación a Jehová y su pasión amorosa por la sensual y suculenta reina de Saba con los rasgos de Gina Lollobrigida) logró conservar algunos destellos de grandeza y un poder de fascinación en sus imágenes del que yo mismo, revisándola hace unos días, no he podido escapar casi sesenta años después de su estreno.

25 de abril de 2016

LA DOLCE VITA
(It-Fr) Riama Films / Pathé Consortium Cinema, 1959. 173 min. BN. TotalScope.
Pr: Giuseppe Amato y Angelo Rizzoli. Pr Ej: Franco Magli. G: Federico Fellini, Ennio Flaiano, Tullio Pinelli, Brunello Rondi y (sin acreditar) Pier Paolo Pasolini. Ft: Otello Martelli. Mt: Leo Cattozzo. DA y Vest: Piero Gherardi. Ms: Nino Rota. Dr: Federico Fellini.
Int: Marcello Mastroianni, Anita Ekberg, Anouk Aimée, Yvonne Furneaux, Alain Cuny, Lex Barker, Nadia Gray, Annibale Ninchi, Magali Noël, Jacques Sernas, Walter Santesso, Valeria Ciangottini, Ida Galli, Audrey McDonald, Nico, Riccardo Garrone, Adriano Celentano, Polidor, Harriet White, Alain Dijon, Laura Betti, Carlo Di maggio, Mino Doro.
Marcello Rubini (Marcello Mastroianni) es un periodista con aspiraciones de escritor que mientras le llega la inspiración se dedica a la prensa del cotilleo.
A Roma ha llegado la des pampanante estrella americana Sylvia (Anita Edberg) para incorporarse al rodaje de una película. Y allí tenemos a Marcello en primera fila.
Nuestro hombre se desenvuelve muy bien en los festivos y selectos ambientes de la capital y ejerce su profesión con cierta indolencia.
Marcello se las arregla para acompañar a Sylvia en su curiosidad por conocer el Vaticano.
Durante la fiesta de bienvenida que se le da a la estrella recién llegada, ella baila
una incitadora rumba ante los complacidos ojos de los invitados.
La hiperbólica anatomía de Sylvia y su proceder caprichoso y exhibicionista, tiene su impacto.
El alcohol y el baile de la estrella han enardecido a la variopinta fauna de esa velada loca.
Marcello, mujeriego empedernido,  ha quedado fascinado con Sylvia.
Marcello rescata a Sylvia de cuantos la quieren acaparar y se la lleva en su coche sin rumbo fijo.
En su noctámbulo deambular por la ciudad, acaban llegando a la Fontana di Trevi. Es verano, hace calor y ella decide "refrescarse" en las aguas de la fuente.
La imagen de Sylvia como una diosa carnal resulta a la vez irresistible y extraña.
Marcello queda subyugado por la sensualidad de esa hermosa mujer que parece 
ajena al efecto que causa en los hombres.
Con la "humedad" de la situación, un conato de beso.
En este momento del rodaje, Mastroianni parece estar más interesado por lo que probablemente le está gritando Fellini que por su espectacular compañera.
Amanece en Roma, las calles están mojadas y la juerga entre la estrella y el periodista ha terminado. 
Es hora de recogerse en el hotel.
SINOPSIS: En la Roma de finales de los años cincuenta del pasado siglo, un periodista de la prensa cotilla y sensacionalista ejerce con desgana su labor, siguiendo las fiestas y escarceos de la alta sociedad y mezclándose en sus ambientes, mientras siente alternativamente fascinación y rechazo hacia lo que ve.
Maddalena (Anouk Aimée) es la ociosa y casquivana esposa de un millonario y combate su aburrimiento asistiendo a fiestas y con esporádicos encuentros sexuales con Marcello.
La extravagancia de esa noche para Magdalena consiste en hacer el amor con el periodista en el cochambroso domicilio de una prostituta con la que se han encontrado por la calle.
Emma (Yvonne Furneaux) es la celosa novia (motivos no la faltan) de nuestro hombre que constantemente le llama por teléfono para controlar sus idas y venidas.
Sus intentos de suicidio que suelen "fracasar", exasperan a Marcello.
Una vez más, Emma y Marcello, camino apresurado del hospital para un lavado de estómago.
Con desavenencias y reconciliaciones continúan juntos pero no es probable que él la ame. La suya es una relación de hastío y necesidad mutua.
El rutinario ejercicio de su profesión le lleva de fiesta en fiesta.
El encuentro de Marcello con el intelectual Steiner (Alain Cuny), amigo suyo por el que siente un gran respeto y en el que se mira como referente de lo que son sus aspiraciones, tendrá su repercusión. 
Fanny (Magali Nöel) es una corista que se prostituye ocasionalmente y que ha acompañado al padre de Marcello, llegado de provincias, en su visita a su hijo en la gran ciudad.
Aquí vemos a Maddalena y Jane (Audrey McDonald, a la derecha), dos mujeres adornando con su belleza una de las innumerables fiestas dadas en las mansiones y palazzos romanos por una decadente aristocracia.
Maddalena , pensativa e indolente, permitiendo que la seduzca uno de los invitados.
Marcello interesándose por una invitada con un atuendo de aparatoso diseño.
Nadia (Nadia Gray), la anfitriona de una de esas veladas, aceptando practicar
el striptease para complacer a sus invitados.
La infortunada Emma, que ha asistido a un degradante espectáculo colectivo con un supuesto milagro de la Virgen, toma conciencia de sí misma.
Marcello y Emma en la cama, durante su enésima "reconciliación".
Parecen estar condenados el uno al otro.
Sus noctámbulas andanzas profesionales (o no) suelen llevar a Marcello a amaneceres en lugares insospechados. Aquí, en la playa con una estrambótica compañía.
A lo lejos, Marcello ve a una angelical adolescente con la que se encontró anteriormente cuando la muchacha le atendía en un chiringuito de playa. Intenta comunicarse con ella por señas pero no lo consigue y renuncia.
La última imagen de la película es el rostro dulce y a la vez resignado de esa adolescente, Paola (Valeria Ciangottini), a través del cual comprendemos que nuestro hombre Marcello nunca llegará a acceder al interior de una mujer, a la complejidad del alma femenina, tal vez porque ha renunciado a muchas cosas, entre ellas, a la pureza y la pasión. Por ello, nos tememos que jamás aprenderá a amar ni terminará ese libro que pretende escribir.
COMENTARIO: Por la época en que Fellini rodó esta película, Roma estaba en ebullición y para la industria de Hollywood representaba en cierto modo la gran “rival” pues allí se concentraban producciones y superproducciones, directores, periodistas, cronistas y fotógrafos. Actores y actrices cuyas carreras declinaban, llegaban a ese bullicioso y decadente escenario buscando tal vez la oportunidad de reavivar sus carreras, o en última instancia, considerando el lugar como un acogedor “cementerio de elefantes”. En aquellos días, Via Veneto se había convertido en algo así como el Sunset Boulevard de Europa y en ese ambiente disipado y febril situó Fellini la que sería su más ambiciosa película hasta aquel momento (que se abre con la poderosa y sorprendente imagen de una gigantesca escultura de un Jesucristo colgado de un helicóptero, sobrevolando la ciudad en ruta hacia la Plaza de San Pedro).
Así pues, “LA DOLCE VITA” vino a ser una especie de retablo de tumultuoso contenido en torno a la decadente, ociosa, corrupta, contradictoria y errática “bella fauna” romana. El hilo conductor de los diferentes episodios que conforman su estructura dramática es el periodista Marcello Rubini interpretado por Mastroianni (actor al que Fellini utilizaría aquí y en su siguiente película como su alter ego, no sin cierta dosis de autocomplacencia), personaje indolente, desencantado y perezoso, sin apegos e incómodo consigo mismo, que en razón de su trabajo ”recorre” con pasiva lucidez las estancias del discurso-denuncia (de contenido cercano en este caso al cine de Antonioni) que el autor vertebra con borbotónica eficacia adentrándose ya a partir de este film de manera definitiva en ese universo onírico desbordante de imaginación visual que iría creciendo y desatándose en sucesivos trabajos suyos.
Aún hoy, cincuenta y siete años después de su rodaje, “LA DOLCE VITA” continúa fascinándome. Una película ferozmente atacada en su día por la Iglesia católica y la prensa conservadora, que fluctúa entre la denuncia de una sociedad vacía, libertina y corrupta y el vigoroso fresco de un mundo tumultuoso y pleno de vida, casi un circo. No obstante, no quiero reuir la exposición de lo que considero algunos momentos reprochables que, eso sí, no llegan a empañar el altísimo nivel de esta obra fundamental, si bien son escenas que emiten un cierto chirrido a través de su propia estructura (el buñuelesco-berlanguiano episodio del “milagro” de los niños que creen ver a la Virgen), o de algún personaje como es el caso del intelectual Steiner (interpretado por el catedralicio Alain Cuny) y sus pomposos parlamentos en torno al doloroso vacío espiritual de su vida (la verdad, un sujeto pretenciosamente trágico).
Bueno, para concluir este felliniano paseo, no deseo defraudar a nadie no haciendo alusión a la célebre secuencia del baño nocturno de Anita Ekberg (icono erótico de magestuosa opulencia) en la romana Fontana di Trevi, imágenes que han saltado por encima de la propia película quedando para la historia (del cine) como esos momentos míticos que acaban convirtiéndose en reclamos imperecederos. Actrices como Vivien Leigh, Gloria Swanson, Marilyn Monroe o Janet Leigh han protagonizado otros.