20 de noviembre de 2014

ESPLENDOR EN LA HIERBA (Splendor in the Grass)
(USA) Warner Bros / NBI, 1961. 124 min. Color.
G: William Inge. Ft: Boris Kaufman. Mt: Gene Milford. DA: Richard Sylbert. Vest: Anna Hill Johnstone. Son: Edward Johnstone y Richard Vorisek. Ms: David Amram. Pr y Dr: Elia Kazan.
Int: Natalie Wood, Warren Beatty, Pat Hingle, Audrey Christie, Barbara Loden, Zohra Lampert, Fred Stewart, Joanna Roos, Sandy Dennis, Gary Lockwood, Jan Norris, John McGovern, Sean Garrison, Phyllis Diller, William Inge.
Bud (Warren Beatty) y Wilma (Natalie Wood) son estudiantes y están enamorados. Hasta ahí, normal.
Bud es guapo y de buena familia y su problema no es el revoloteo de las chicas a su alrededor.
El amor de Wilma por Bud, más fuerte que el de él por ella, hace que esta dulce muchacha cifre su vida en torno a esta relación.
La señora Stamper (Joanna Roos) y la señora Loomis (Audrey Christie) son las madres de Bud y Wilma, respectivamente. Ambas ven con muy buenos ojos el romance de sus vástagos.
Una parejita perfecta. Ahí están, sentaditos a la mesa. Sin embargo, a ella se la ve más inocente y entusiasmada que a él en cuyo guapo rostro se dibuja una cierta reticencia.
Retrato de grupo familiar, los Stamper, en un interior. Es Navidad y además hay que celebrar que el pozo de papá ha dado petroleo.
Un momento precioso, mágico... ese ansiado instante del beso.
Ace Stamper (Pat Hingle) y su hijo Bud, durante la fiesta observan con cierto grado de preocupación el comportamiento dislocado de la hermana de Bud.
Estamos en 1929 y el confiado Ace Stamper muestra su inquietud por el desplome de la Bolsa y la caída del valor de sus acciones. Su optimismo ha desaparecido y algo trágico está a punto de ocurrir.
La mirada limpia y esperanzada de Wilma intentando superar las indecisiones de un Bud que no sabe estar a la altura de ese amor.
En esta historia, el joven Bud comete algunas estupideces que delatan su inmadurez y debilidad. Aquí le vemos con Kay (Sandy Dennis), una compañera de estudios provocando los celos y el desencanto de Wilma.
La decepcionada Wilma,  tiene una crisis nerviosa lo suficientemente grave como para que sus padres se vean obligados a internarla en un sanatorio mental.
SINOPSIS: En la segunda mitad de los años veinte, en una localidad de Kansas, una pareja de estudiantes están profundamente enamorados pero los represivos conceptos morales de la época y la condicionante actitud de los padres les impide consumar sus naturales impulsos sexuales. Finalmente, este asfixiante entorno termina malogrando el romance.
Ginny (Barbara Loden), la hermana de Bud, es una muchacha inquieta y fuera de control. Sin embargo, su desinhibido pensamiento la convierte en el miembro más lúcido de la familia. 
El padre trata de comprender los problemas de su vástago, ignorando que él, en cierta manera,
los ha propiciado.
La afición de Ginny por el alcohol, su resentimiento hacia el entorno y su baja autoestima, la empujan a situaciones vejatorias para ella como mujer.
"Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no debemos afligirnos pues la belleza permanece inalterable en el recuerdo".
La señora Loomis intuye que algo no va bien en la vida sentimental de su hija.
La tremenda decepción amorosa de Wilma la sume en un pozo de depresión del que tardará
mucho tiempo en emerger.
Han pasado los años y las heridas parecen haber cicatrizado. Wilma visita a Bud en su granja.
La emoción del reencuentro entre Wilma y Bud conlleva una buena dosis de tristeza y nostalgia.
Esta es Angelina (Zohra Lampert), la esposa de Bud, que recibe a Wilma en el umbral de su hogar con una sonrisa ajena al drama interior de la visitante.
Recuerdos, melancolía, el bien perdido... Un presente desolador.
Bud nunca demostró una gran inteligencia. Asaltado por las dudas generadas por su escasa lucidez y nula fortaleza de carácter, sin determinación, siempre se dejó llevar por los vaivenes de la vida. 
La hora de la despedida definitiva. Queda el dulce recuerdo.
De regreso a la ciudad en el coche de sus dos amigas, Wilma, con su mente navegando por el pasado, se aleja de la vida de Bud para siempre.
COMENTARIO: En el esquema argumental de “ESPLENDOR EN LA HIERBA”, Elia Kazan utilizó los elementos de lo que podría entenderse como un melodrama romántico al que, no obstante, revistió con unos ingredientes de carácter social (los efectos del crack del 29) y enfrentamiento generacional que lo transformaría en algo que pretendía un mayor alcance, el de un capítulo más en ese retablo que forman títulos como “LA LEY DEL SILENCIO” (aunque este film contiene además otras implicaciones), “UN ROSTRO EN LA MULTITUD” y “RÍO SALVAJE”. Así, “ESPLENDOR EN LA HIERBA” le permite efectuar otro retrato en ese recorrido indagatorio de momentos característicos de la evolución americana que en este caso pasa por la estructura y los intersticios de una historia romántico-familiar, la de los Stamper y los Loomis y el saboteaado romance de sus vástagos (el puritanismo de una pequeña colectividad acelera ese proceso de desintegración en el que los dos jóvenes protagonistas se ven inmersos) que nos muestra las dramáticas consecuencias de la incomprensión entre padres e hijos. Una temática, por cierto, muy en boga en el cine de los años cincuenta y que estaba presente en grandes títulos como “AL ESTE DEL EDÉN” (del propio Kazan) y “REBELDE SIN CAUSA”de Ray.
Partiendo de esta premisa argumental, anhelos, represión, ruptura, hundimiento, locura, ruina, suicidio, aceptación del fracaso, el recuerdo como último refugio, sirvieron al director para dar forma a una magnífica película imborrable en nuestra memoria y, por supuesto, una de las mejores en la filmografía del cineasta armenio. El film, sentimental y de gran fuerza emocional, está jalonado de momentos cumbre en los que Kazan era maestro (intensa, emocionante, de un gran lirismo, la memorable secuencia final en la granja) y solo cabría recriminarle cierta tendencia a que cada personaje esté sujeto a la representación de una postura y de que funcionen por contraste (por ejemplo, el conformismo del joven Bud, su inhibición sexual y su manifiesta cobardía quedan resaltados por la actitud desafiante e irrefrenable de su hermana Jinny).
Termino esta breve reseña afirmando que Natalie Wood (que tuvo la fortuna de trabajar a las órdenes de grandes directores y que con ellos solía estar maravillosa) efectuó en “ESPLENDOR EN LA HIERBA” la mejor actuación de toda su carrera. Tal vez a algunos/as puede sonarles un poco moña, pero los últimos planos de ella en la película siempre consiguen hacerme llorar. No me importa confesarlo.

3 de octubre de 2014

COMO UN TORRENTE (Some Came Running)
(USA) MGM / Sol C. Siegel, 1958. 137 min. Color. CinemaScope.
Pr: Sol C. Siegel. G: John Patrick y Arthur Sheekman, basado en la novela de James Jones. Ft: William H. Daniels. Mt: Adrienne Fazan. DA: William A. Horning y Urie McCleary. Vest: Walter Plunkett. Ms: Elmer Bernstein. Dr: Vincente Minnelli.
Int: Frank Sinatra, Dean Martin, Shirley MacLaine, Arthur Kennedy, Martha Hyer, Nancy Gates, Leora Dana, Betty Lou Keim, Larry Gates, Steven Peck, Connie Gilchrist, Ned Wever, Denny Miller, Carmen Phillips, William Schallert.
Dave Hirsh (Frank Sinatra) regresa a Parkman, Indiana, su ciudad natal, después de años de ausencia. En el autocar que le ha traído viajaba también, sin él saberlo, una prostituta llamada Ginnie (Shirley MacLaine) a la que Dave durante alguna borrachera le hizo promesas de amor.  
Este es Bama Dillert (Dean Martin), alcohólico y tahúr, reparando en la presencia de Dave en el bar cuando éste habla de juego con el camarero. 
Dave y Bama intiman rápidamente en la barra del bar y se proponen sacar el máximo partido lúdico a su presencia en esa ciudad.
A la "fiesta" etílica se unen Ginnie (que sigue a Dave como un perrito faldero) y Rosalie (Carmen Phillips), la amiguita de Bama.
Frank (Arthur Kennedy), hermano de Dave, es un "respetable" ciudadano de Parkman, esposo y padre de familia, con un negocio de joyería. Aquí le sorprendemos fuera de horario lectivo tratando de ligar con su escultural secretaria Edith (Nancy Gates).
En la ciudad, Dave conoce a Gwen French (Martha Hyer), una recatada profesora, inteligente y culta. Nuestro hombre comienza a interesarse por ella.
En sus andanzas por los garitos de la ciudad, Dave sorprende a su sobrina Dawn (Betty Lou Keim), una adolescente que se siente "mujer" antes de tiempo.
SINOPSIS: Un hombre desengañado y excéptico, con aptitudes literarias y recién licenciado del ejército, regresa a su ciudad natal tras una prolongada ausencia, con el manuscrito de una novela en su petate. En el autobús que le trae, viaja también una pobre muchacha que le sigue como un perrito sin amo(r). El amargo reencuentro familiar de nuestro hombre propicia su amistad con un jugador profesional y el acercamiento sentimental a una joven profesora que le anima a publicar su novela. Pero su relación con la chica del autobús, perseguida por un chulo mafioso, desencadenará el drama.
Una timba con Dave y Bama y un inminente percance con Joe (Ric Roman), un mal perdedor (el de los billetes en la mano).
Ginnie es una buena chica de vida descarriada, sentimental y muy enamorada de un despreciativo Dave que no acaba de tomarla en serio.
El desamparo y la entrega de la pobre Ginnie acaban conmoviendo a Dave que, no obstante,
es incapaz de amarla.
Ginnie, consciente de su escasa cultura, desea aprender cosas de Dave. La muchacha pone voluntad pero su escasa capacidad para comprender expresiones literarias irrita a Dave.
Las irreconciliables desavenencias de Dave con Gwen, le empujan a aceptar finalmente casarse con Ginnie que ajena al escaso entusiasmo de él, no cabe en sí de felicidad.
Tras la rápida ceremonia, un apesadumbrado Dave y una ilusionada Ginnie pasean por la feria.
Las irrupciones de un chulo mafioso que persigue por celos a Ginnie, desembocan en un trágico desenlace cuando ella cubre con su cuerpo a Dave, recibiendo la bala destinada a él.
COMENTARIO: Minnelli tal vez por su naturaleza de artista culto y refinado, cuando afrontaba un melodrama lo hacía con -digamos- ciertos miramientos, no se entregaba a tumba abierta como lo hicieron, por ejemplo, Clarence Brown, John M. Stahl, Douglas Sirk o Henry King. Ellos, desde ópticas diferentes, no obstante “vivían” sus historias, creían en lo que contaban y lo hacían de manera muy directa e intensa; por el contrario, Minnelli ante el mélo guardaba cierta distancia lo que propiciaba un estilo más contenido (incluso en su ejemplar adaptación de “MADAME BOVARY”). En consecuencia, lo anteriormente expuesto es aplicable a “COMO UN TORRENTE”, para mí una de sus obras mayores.
Despojando de polvo y paja el novelón (por su número de páginas) de James Jones, el realizador consiguió uno de sus mejores melodramas. Si ya conocéis la película que comento, imaginaos esa misma historia contada por un entregado Sirk; es fácil imaginar que el “desmelene” hubiera sido total y también apasionante, qué duda cabe, aunque no sé si adecuado para el contexto sobre el que se desarrolla la trama. El clima opresivo de esa pequeña ciudad del middle west viene a representar una sociedad muy cuidadosa con las apariencias y definida por un modelo de familia conservador que esconde sus miserias -todo lo inconfesable- bajo un lacado de buenas maneras, ese educado formalismo hipocritón inherente a una reciente prosperidad económica (la acción transcurre en 1948).
Perfecto en todos sus apartados, con unos personajes inolvidables, dibujados con delicadeza de trazo y riqueza de matices, el film sostiene en su desarrollo una gradación de acontecimientos en calculado crescendo, hasta desembocar en la portentosa secuencia nocturna en la feria, penúltima en el film. Un climax de nueve minutos durante el que Minnelli exhibe de nuevo su extraordinario talento para el musical (una concepción de puesta en escena aplicada en este caso a una dramática conjunción de órbitas de los personajes que conforman la historia) ofreciéndonos un prodigioso, virtuosista, dramático ballet virado sobre una gama casi infinita de rojos con las enloquecidas carreras del celoso Raymond (Steve Peck) buscando a su chica, Bama (Dean Martin) persiguiéndole a él mientras Dave (Sinatra) ha encontrado la redención con Ginnie (maravillosa Shirley MacLaine en uno de sus personajes más hermosos) y ambos pasean entre la gente describiendo una órbita hasta que finalmente la elipse se cierra.
En la breve escena final, esa coda con la que concluye la película, existe un momento sublime, es de esos instantes de gran intensidad que pocas películas contienen y que consiguen que la recordemos para siempre con un nudo de emoción. Me refiero naturalmente al momento en que Bama se quita el sombrero ante la tumba de Ginnie. Memorable.

9 de septiembre de 2014

¡ÁTAME!
(Esp) El Deseo S.A., 1989. 99 min. Color.
Pr Ej: Agustín Almodóvar. Ft: José Luis Alcaine. Mt: José Salcedo. DA: Esther García. Vest: José  Mª Cossío. Ms: Ennio Morricone. G y Dr: Pedro Almodóvar.
Int: Victoria Abril, Antonio Banderas, Loles León, Francisco Rabal, Julieta Serrano, Rossy de Palma, María Barranco, Lola Cardona, Emiliano Redondo, Montse G. Romeu, Concha Rabal, Francisca Caballero, Juana Cordero, José María Tasso.
El inestable Ricky (Antonio Banderas) recibe la buena noticia de que puede abandonar la institución psiquiátrica donde estaba internado.
Camuflado entre los decorados del plató donde se rueda una película, Ricky vigila los movimientos de la protagonista, de la que está enamorado. Ya tiene diseñado su plan para "conquistarla".
Esta es ella, Marina (Victoria Abril), amorosamente acechada por Ricky y sexualmente deseada por el director Máximo Espejo, a cuyas órdenes rueda un film de terror.
Imagen subacuática: un submarinista se adentra en una zona oscura de las cálidas aguas de la bañera de Marina mientras ella toma un relajante baño.
Otra imagen subacuática: esta no necesita más explicaciones.
Para la consecución de una placentera relajación, no hay nada mejor que una inmersión en agua tibia y el ligero cosquilleo entre los muslos de un persistente submarinista.
Ricky espera el momento oportuno para acceder al piso de Marina y materializar su secuestro.
 Comienza la pesadilla para nuestra chica.
SINOPSIS: Un joven recién dado de alta de una institución psiquiátrica, una vez devuelto a la sociedad, secuestra en su propia casa a una actriz por la que siente un obsesivo amor a raíz de una fugaz relación sexual mantenida con ella durante una de sus fugas. Desea con vehemencia que la muchacha se enamore de él, casarse y formar una familia. Pero ella, previsiblemente, no comparte sus sentimientos, mayormente por el método empleado.
La secuestrada Marina habla por teléfono con su madre estrictamente dirigida por Ricky. 
Ricky le abre su corazón a Marina. Ella no sabe a qué atenerse.
Ricky ata a Marina porque debe dejarla sola mientras sale en busca de algo -lo que sea- que la calme un horrible "dolor de muelas" que la martiriza (en realidad, un claro síndrome de abstinencia).
A consecuencia de su salida nocturna en busca de "jaco", Ricky recibe una brutal paliza de unos camellos y regresa a casa herido y magullado. Marina reacciona sorprendentemente.
Por fin, ella le abraza y Ricky siente la profunda emoción de sentirse amado.
A pesar del lamentable estado físico del lacerado Ricky, hacen el amor con desesperada entrega, fundiéndose el uno en el otro y sintiendo intensamente el dulce y a la vez doloroso placer de cada instante como si fuera el último.
Marina, una mujer perdida, se siente ahora redimida por el amor. Algo nuevo se abre para ella.
Fiesta para celebrar el final de rodaje. Lola (Loles León), hermana de Marina, ayudante de producción en el rodaje de la película, se marca un cimbreante baile.
COMENTARIO: Si entramos de buen grado, sin apriorismos, en “¡ÁTAME!” (con un Antonio Banderas y una Victoria Abril sublimes, en perfecta química) habremos penetrado en un universo construido a partir de elementos reconocibles de la sociedad de aquel momento, pero que, no obstante, el realizador procura transformar con su personal mirada en un limbo propio, delirante, excesivo, lleno de sorpre­sivos objetos y colores "vivientes" sobre el que ya puede desgranar su fábula habitada por criaturas pasionales, desequilibradas y en plena crisis, a las que se acerca con ternura y una buena dosis de complicidad, a las que -entre golpes- procura ayudar a encontrar un (ilusorio) “final feliz” cantando juntos el “Resistiré” del Duo Dinámico como si la canción hablara de ellos.
Esta película, donde el sentimiento amoroso adquiere proporciones que lo desbordan todo, cuenta con dos de los personajes almodovarianos más trabajados y adorables de toda su filmografía. Ese Ricky ingenuo y enajenado, seguro de sí mismo y febrilmente entregado al propósito de conseguir la mujer que él considera el amor de su vida (“Me llamo Ricky, tengo veintitrés años, cincuenta mil pesetas, y estoy solo en el mundo. Intentaré ser un buen marido para tí y un buen padre para tus hijos”), y la desnortada Marina, impulsiva y natural (no le gusta llevar bragas porque se marcan debajo del vestido), deseada de manera muy diferente por dos hombres opuestos y que acaba cediendo ante la ardorosa vitalidad de su enamorado secuestrador a pesar del expeditivo método de conquista empleado por él (o tal vez por eso mismo).
Sentimental, arriesgado, sincero, divertido y original, inventivo en cualquier caso, en “¡ÁTAME!”, como antes en la formidable “LA LEY DEL DESEO”, comienzan a aflorar, no obstante, los primeros brotes de amargura en su cine y marca el inicio de su deriva hacia el melodrama con raíces en Sirk pero de una gradual sofisticación narrativa (¡vaya evolución/depuración desde “PEPI, LUCI, BOM Y OTRAS CHICAS DEL MONTÓN”!).
Y claro, no me resisto a traer a colación la prestigiada “EL COLECCIONISTA” de William Wyler para comparar el frío academicismo de aquella, es decir, su cobardía expositiva, en contraste con la que ahora nos ocupa, una película que me emociona profundamente cada vez que vuelvo sobre ella. Sin duda, es a fecha de hoy mi favorita de todas las del manchego.
La insólita escena del submarinista de juguete en la bañera buceando hacia la “gruta” de Marina, o la fabulosa secuencia de la entrega sexual de ella y el doliente Ricky en la cama (probablemente, el polvo por amor mejor filmado de la historia del cine), son un par de momentos -entre otros- que dan la medida de la audacia y capacidad de Almodóvar para sorprender y conmover al espectador con su puesta en escena sin ataduras pero a la vez muy elaborada y siempre de una gran inspiración visual. Por todo ello, ante películas como ésta, se siente el placer poco frecuente de asistir a una luminosa prueba de que el cine aún puede ser el arte más completo, aleccionador y emocionante de cuantos aún se practican en esta prosaica y deshumanizada sociedad en cuya superficie chapoteamos.
En fin, habiendo dejado claro mi grado de entusiasmo por la obra de Pedro Almodóvar, cada nuevo trabajo suyo, entonces y ahora, se me antoja una bandeja repleta de sabrosos ingredientes, magistralmente elaborados e imaginativamente dispuestos ante los ojos de alguien forzado a comer hamburguesas casi todo el año.