10 de mayo de 2017

BUENOS DÍAS, TRISTEZA (Bonjour tristesse)
(USA-GB) Columbia / Wheel Films, 1957. 94 min. Color. CinemaScope.
G: Arthur Laurents, basado en la novela de Françoise Sagan. Ft: Georges Perinal. Mt: Helga Cranston. DA: Roger Furse. Vest: Hope Bryce. Ms: Georges Auric. Títulos: Saul Bass. Pr y Dr: Otto Preminger.
Int: Deborah Kerr, David Niven, Jean Seberg, Mylène Demongeot, Geoffrey Horne, Walter Chiari, Juliette Greco, Martita Hunt, Roland Culver, Jean Kent, Eveline Eyfel, David Oxley.
La joven Cecile (Jean Seberg) baila con el acompañante de turno en un club de moda parisino mientras su mente escapa al verano pasado en la Costa Azul.
En los lavabos de ese local, a solas, Cecile se mira en el espejo.
Unos meses antes en la Riviera francesa. Cecile y su padre Raymond (David Niven), tienen alquilado un chalet frente al mar donde disfrutan de unas placenteras vacaciones.
Aquí vemos a Elsa (Mylene Demongeot), la amante ocasional del padre, negándose remolonamente a salir de la cama porque el sol le ha quemado la piel.
Elsa, roja como un cangrejo y con crema protectora en la nariz, y Raymond
se divierten bajo la sombrilla.
Lo cierto es que Cecile, Raymond y Elsa forman un compenetrado trío. El padre porta un ramo de flores para recibir a una antigua amiga suya a la que ha invitado a pasar unos días con ellos.
Esta es la recién llegada Anne (Deborah Kerr).
En principio, la discreta Anne trata de ocultar su atracción por Raymond fingiendo
ante sí misma una relación de mera amistad con él.
 
...Pero pronto se manifiesta abiertamente en sus sentimientos hacia él ante
la inquieta sonrisa de Cecile que observa la situación creada.
La relación entre ambas mujeres va tensándose cuando Anne se siente autorizada
para interferir en la vida de Cecile.
Cecile comprende que el "status quo" establecido entre ella y su padre
está siendo resquebrajado por la influencia de Anne.
Mientras al fondo vemos a Anne dirigiéndose sola a la playa, Raymond discute con su hija en la terraza tratando de restar importancia a sus quejas.
Una imagen reveladora: un amansado Raymond disfruta con Anne de una sosegada velada en el chalet mientras ambos "ignoran" la presencia de Cecile.
SINOPSIS: Un viudo elegante y libertino y su hija adolescente, viven una existencia feliz y despreocupada en la Riviera francesa. Su frívolo concepto de los sentimien­tos llegará a provocar la muerte tal vez por suicidio de una diseñadora inte­resada sentimentalmente por el padre.
Fiesta en casa. En primer término vemos a la doncella (Eveline Eyfel) echarse al coleto disimuladamente un lingotazo de whisky mientras el resto de los concurrentes parece divertirse de lo lindo.
Este es Philippe (Geoffrey Horne), un atractivo joven que pasa sus vacaciones al lado de su madre en un chalet cercano al de Raymond y Cecile.
Más como un símbolo de rebeldía que por atracción, Cecile inicia con Philippe
una relación sentimental.
Ella sabe que Anne no aprueba sus escarceos con Philippe pero la desafía.
Un momento de relax y buen entendimiento entre padre e hija.
Ante su hija, Raymond sopesa la posibilidad de casarse con Anne y cambiar de vida.
Anne comienza a ejercer como madrastra comprensiva pero al mismo tiempo autoritaria cuando trata de cambiar las costumbres de Cecile. Algo que la muchacha no lo soporta.
El rostro preocupado de Anne.
Es verano, están en la Costa Azul y se impone una visita al Casino. Eso en la superficie, pero Cecile ya ha urdido un plan para librarse de la presencia de Anne.
Ese plan ha dado resultado: Anne se siente burlada y engañada por Raymond cuando, según lo trazado por Cecile, descubre que éste aún mantiene relaciones eróticas con Elsa.
Tras la inesperada tragedia, volvemos al presente en un París nocturno y en blanco y negro. Juliette Greco canta en un club al que asisten Raymond y Cecile.
Mientras se aplica crema en el rostro, Cecile recuerda los acontecimientos del verano pasado y no puede reprimir las lágrimas por un sentimiento de culpa y ante el vacío que se abre en las vidas de ella y su padre.
COMENTARIO: No estoy seguro de lo que pudo empujar a Preminger a llevar al cine la novelita de Françoise Sagan. En cualquier caso, pese a los cambios introducidos y la transformación operada en los personajes en su tránsito al celuloide, la película, aunque muy interesante, resulta –digamos– poco típica de su autor quien probablemente a falta de otros asideros se centró en un concienzudo y milimétrico trabajo con los actores (principalmente, las tres actrices), creando con ellos la sensa­ción en pantalla de autenticidad y libertad en su actuación. Incluso el papel de David Niven, cuyo previsible Raymond (el padre de Cecile) es de trazo fácil, está soberbiamente trabajado.
Pero hablando de los roles femeninos, el film se centra en el personaje de Cecile incorporado por Jean Seberg. Esta enigmática mujer y fascinante actriz que aún no había pasado por las manos de Godard y Robert Rossen, por lo que posteriormente supimos de ella, era difícil de manejar y estos grandes directores con los que trabajó comprendieron que resultaba más rentable explicarle bien su personaje en largas conversaciones y dejarla luego con la suficiente libertad para que se estableciera una ósmosis entre actriz y personaje. El resultado fue excitante, tanto en los dos trabajos que hizo para Preminger como en las películas que rodó con Godard y Rossen. Así, ver a Cecile-Seberg en “BUENOS DÍAS, TRISTEZA” cómo se mueve, cómo mira y observa a los demás, cómo reacciona, cómo respira, “ella es la película”, una joven que necesita sentirse libre, rellenar a su antojo el dulce vacío de sus días utilizando a su libertino padre como el adecuado instrumento para perpetuar esa burbujeante concepción de la vida ociosa. En realidad, precisando más, ambos personajes son complementarios y se retroalimentan.
La llegada inesperada de Anne (Deborah Kerr), antigua amiga de su padre, una mujer madura y de vida organizada, su influyente presencia invadiendo ese pequeño paraiso acotado, es considerada por Cecile como una amenaza y por lo tanto activa su deseo “natural” de sacarla del escenario, de deshacerse de ella, recurriendo cuando lo precisa la situación, como un juego, al concurso interesado de la inconsistente Elsa (“prodigiosa” Mylene Demongeot), amante estival de Raymond.
La antipatía de Preminger por Anne resulta evidente a través del tratamiento que da al personaje, no solo en la descripción sino en la forma de encuadrar y dirigir a Deborah Kerr. He aquí el dibujo: una mujer suave pero intransigente, algo ridícula en su exquisitez, impositiva, con una consciente superioridad intectual que la hace creerse capaz de competir con las mujeres jóvenes y turgentes que satisfacen el apetito sexual de Raymond. Podemos decir que en cierto modo el director se pone de parte de la joven Cecile para desembarazarse de ella, si bien, a nivel de guión, no le quedaba otra que reconocer el insensato proceder de la joven (y su padre) y a la postre una posterior y parcial asunción de las consecuencias acarreadas.
Luz, diversión, inconsciencia y color para el flashback que constituye el cuerpo de la película y que describe el verano pasado en la Riviera, y unos expiatorios prólogo y epílogo en blanco y negro para el nocturno presente parisino de ese padre y su hija saltando de fiesta en fiesta como meros fantasmas que huyen de sí mismos.

20 de abril de 2017

LA MISTERIOSA DAMA DE NEGRO (The Notorious Landlady)
(USA) Columbia / Kohlmar / Quine, 1962. 127 min. BN.
Pr: Fred Kohlmar. G: Larry Gelbart y Blake Edwards, basado en una historia de Margery Sharp. Ft: Arthur E. Arling. Mt: Charles Nelson. DA: Cary Odell. Vest: Kim Novak (sus modelos) y Gordon T. Dawson. Ms: George Duning. Dr: Richard Quine.
Int: Kim Novak, Jack Lemmon, Fred Astaire, Lionel Jeffries, Estelle Winwood, Maxwell Reed, Henry Daniell, Richard Peel, Philippa Bevans, Doris Lloyd, Ronald Long.
Tras su destino en Arabia Saudí, Bill Gridley (Jack Lemmon) es un diplomático americano que piensa que ha tenido mucha suerte al ser trasladado a Londres.
Lo primero es lo primero: buscar un lugar céntrico donde alojarse, para lo cual
recurre a los anuncios de alquiler que aparecen en la prensa.
En respuesta a uno de los anuncios, se presenta en el 33 de Gray Square y es
atendido por una reticente doncella (Kim Novak).
La insistencia de Gridley consigue vencer las reticencias de esa "doncella" que
finalmente resulta ser Carly Hardwicke, la dueña de la casa.
El jefe de Gridley en la Embajada es Franklyn Ambruster (Fred Astaire).
Ambruster  advierte a nuestro hombre que en virtud de la honorabilidad de su puesto en la Embajada, debe tener un extremo cuidado con las personas que se relacionen con él.
El inspector Oliphant de Scottland Yard (Lionel Jeffries) pone en antecedentes a Gridley de la mala fama de su casera al ser sospechosa del posible asesinato de su marido.
La guapa Sra. Hardwicke, que acepta su difícil situación con bastante calma, toma
un baño relajante.
Por el mohín de sorpresa, parece que ha sido interrumpida en la intimidad
del cuarto de baño.
En efecto, un atribulado Gridley se presenta frente a la bañera con un revólver
en la mano que ha encontrado en el cajón de una mesita.
Gridley se encuentra entre dos fuegos: por un lado, debe informar al inspector Oliphant de cualquier cuestión relevante que observe en el comportamiento de Carly, y por otro, se siente muy atraído por esta mujer y cree en su inocencia.
Bailando con la dama sospechosa y enamorándose perdidamente de ella.
Un momento apurado para Gridley cuando es sorprendido cuando "espiaba"
en el dormitorio de Carly y ha de esconderse en el armario.
Ahí le tenemos, sudando la gota gorda y con una percha colgada de su oreja.
La policía quiere hallar pruebas de la culpabilidad de Carly. Sin embargo, nuestro enamorado Gridley desea demostrar su inocencia.
Finalmente, Ambruster, temeroso de las posibles implicaciones diplomáticas que acarrearía la relación de Gridley con Carly, acepta colaborar con él en lo relativo a descubrir la inocencia de la dama.
SINOPSIS: Un diplomático americano que acaba de ser destinado en Londres, busca alojamiento en la ciudad y respondiendo a un anuncio en el periódico, alquila una planta de una céntrica mansión ignorando que su atractiva dueña es sospechosa de haber matado a su marido. Después de algunos lances misteriosos, el diplomático, enamorado ya de su casera, hará lo posible por ayudar a aclarar la situación, lo que le complicará la vida.
¿Quién no se enamoraría de esta mujer?
Hummm... Parece ser que Ambruster tampoco sabe resistirse a los encantos de Carly. Normal.
A medida que las cosas se complican para Carly, Gridley se siente más y más enamorado de ella.
Empieza a quedarnos claro que el sentimiento amoroso es mutuo.
Preludio de un beso.
El beso.
El incordiante inspector Oliphant exponiendo sus teorías a Ambruster respecto al caso
de la "casera sospechosa".
En mitad de la noche, Carly toca por última vez su armonio antes de verse obligada
a desprenderse de él. Sorprendido por el intempestivo concierto, Gridley
se despierta asustado y sorprende a la ejecutante.
Una conversación telefónica con una improvisada base para el aparato.
Un teléfono blanco, una lima de uñas... y el resto, pura fascinación.
Desde su ventana, Carly observando a quien la observa.
La sorpresiva y traumática aparición de Miles Hardwicke (Maxwell Reed),
el "difunto" marido de Carly.
Tras un forcejeo entre los cónyuges, se oye un disparo. Luego Miles yace muerto sobre la moqueta.
Parece que el horizonte se oscurece aún más para Carly.
Era previsible. Todas las pruebas acusan a la Sra. Hardwicke y le resultará
muy difícil demostrar su inocencia ante el juez.
La solución del caso, in extremis, la tendrá Mrs. Dunhill (Estelle Linwood), una pobre anciana impedida que Gridley tendrá que salvar de una muerte segura para que pueda testificar en el juicio.
COMENTARIO: Siempre que tengo un pretexto, incluso cuando no lo tengo, no me resisto y lo hago. Sirva pues ahora este breve y afectivo acercamiento a “LA MISTERIOSA DAMA DE NEGRO” como otro tardío granito de arena que aporto para la reivindicación de Richard Quine como algo más que un mero seguidor del estilo y tendencias artísticas de Stanley Donen y Vincente Minnelli. Toda la elegancia y exquisito talento de Quine para la comedia volvían a dejarse notar gozosamente en esta película que es falso thriller, verdadera historia de amor y, como decía, comedia y "slapstick" y también musical merced a la armónica conjugación de los movimientos de cámara –con abundantes desplazamientos, planos largos y grúas– e intérpretes (afortunada y evocadora utilización de Fred Astaire), entendiendo esto en el mismo sentido en que “CHARADA” de Donen deviene un “musical” sin la necesidad de incluir canciones o números musicales.
Richard Quine, en la forma aparentemente libre de dirigir a sus actores, consigue mediante sutiles coreografías en el interior del plano que los sujetos que encarnan nos lleguen menos encorsetados en las reglas del juego y por lo tanto más cercanos y cálidamente humanos, más amorosamente dibujados, aprovechando siempre que puede –digamos– su “historial” (disfrutamos de Novak, Lemmon y Astaire porque “representan” lo que ellos mismos, en su trayectoria, significan para nosotros, muy probablemente siguiendo las intenciones de Quine). Por ejemplo: la utilización de Fred Astaire viene dada por lo que este actor y bailarín representa en nuestra memoria; así, cuando le vemos dirigiéndose a su despacho caminando por el pasillo de la Embajada, combinando de manera sincopada los movimientos de todo su cuerpo, estamos asistiendo a un momento musical.
En suma, estamos ante una deliciosa cinta que aplica los mecanismos del suspense y sus tópicos, en este caso un Londres muy típico de las intrigas con asesinato, solo como excusa para dinamitar su función en beneficio de los personajes y también como oportunidad para acudir a juguetonas referencias hitchcockianas, ejecutando algunos pequeños guiños a “VERTIGO”. De repente, en una inesperada escena acentuadamente lúgubre, Lemmon descubre en mitad de la noche a Kim Novak en una estancia con cortinajes, velas y candelabros, tocando el armonio como si fuera una fantasmagórica aparición de Carlotta Valdés.
Pese a la incomprensible decisión de haber sido rodada en blanco y negro, estamos ante un trabajo en verdad inspirado a cargo del autor de "ME ENAMORE DE UNA BRUJA" sin duda en su mejor momento. Inmediatamente antes había rodado la que considero su película más importante, “UN EXTRAÑO EN MI VIDA”, y después de la que ahora nos ocupa aún haría tres comedias memorables. Luego, el declive, la oscuridad, el olvido y un disparo.