27 de septiembre de 2016

TIERRA DE FARAONES (Land of Pharaohs)
(USA) Warner Bros / Continental Co., 1954. 106 min. Color. CinemaScope.
G: William Faulkner, Harry Kurnitz y Harold Jack Bloom. Ft: Lee Garmes y Russell Harlan. Mt: Rudi Fehr y Vladimir Sagovsky. Vest: Mayo (Antoine Malliarakis). DA: Alexandre Trauner. Ms: Dimitri Tiomkin. Pr y Dr: Howard Hawks.
Int: Jack Hawkins, Joan Collins, Dewey Martin, Alexis Minotis, James Robertson Justice, Luisa Boni, Sydney Chaplin, James Hayter, Kerima, Piero Giagnoni.
Pose promocional en la que vemos al faraón Keops (Jack Hawkins) fascinado con la belleza de la princesa chipriota Nellifer (Joan Collins).
La reina Nailla (Kerima) ama a su esposo, el faraón Keops. Ella es una mujer inteligente pero no olvida las reglas del juego en aquella sociedad: la sumisión.
El faraón, tras su regreso de la guerra, se obsesiona con la idea de construir una gran tumba en forma de pirámide para cuando llegue su hora de abandonar este mundo. Para ello entra en contacto con Vastar (James Robertson Justice), un arquitecto que forma parte de los prisioneros de guerra.
El sumo sacerdote Hamar (Alexis Minotis), amigo leal del faraón, supervisará todo el tinglado en estrecho contacto con Vastar y su hijo Senta (Dewey Martin).
Nailla y Keops en actitud cariñosa bajo la atenta mirada de la corte faraónica.
Al faraón Keops, metido de lleno en su panteónico proyecto,  no le convencen los sistemas de seguridad que han diseñado sus arquitectos y es por eso ha acudido a los servicios de Vastar.
El faraón Keops queda impresionado por la bella y desafiante Nellifer,
princesa de Chipre, ahora prisionera suya.
El faraón quiere bajarle los humos a Nellifer pero obviamente no lo consigue y
por el contrario queda más enganchado de ella.
SINOPSIS: En el antiguo Egipto, unos 2.800 años antes de Cristo, el faraón Kéops tras numer­o­sas y victoriosas campañas militares, piensa en construir un gran monumento mortuorio en forma de pirámide donde, llegada la hora, sería enterrado junto a sus tesoros, que según la creencia le servirían como credenciales para la "segunda vida". No obstante, le preocupan los ladrones de tumbas y contrata los servicios de un arquitecto capaz de diseñar el sistema perfecto para impedir el acceso. Pero a su joven y ambiciosa esposa no le gusta la idea de que su marido, una vez muerto, se lleve con él todos los tesoros y buscará la forma de...
Nellifer ha conseguido los favores de Keops completamente enamorado de ella.
Pero su ambición la empuja a seducir a Treneh (Sydney Chaplin), capitán de la guardia

personal del faraón, con la intención de tener acceso a los tesoros reales.
Oro, perlas, esmeraldas y diamantes. La expectativa de poseer estos cuatro elementos en cantidades industriales colma la idea de felicidad de Nellifer.
Nellifer ha provocado la muerte de Nailla. Un obstáculo menos en su carrera hacia el trono.
Lógicamente, el siguiente paso será deshacerse de Keops y para ello utiliza a Treneh,
mero peón en su planes.
Bella, seductora, ambiciosa y desalmada, esa es nuestra irresistible Nellifer.
Han pasado los años y la piramidal obra está muy adelantada. Aquí vemos a Kyra (Luisa Boni), Senta, 
Mika (James Hayter) y Vastar en reunión familiar tocando un tema 
delicado: su incierto futuro tras la conclusión de las obras.
Parece que con la muerte del faraón los planes de Nellifer han llegado a término.
COMENTARIO: Un film considerado por muchos, quizá por su carácter exótico y colosal, como atípico en la trayectoria de Howard Hawks. Es posible, pero sólo aparentemente pues contiene elementos muy valiosos y en relación directa con el resto de su obra. Representó, eso sí, el primer gran fracaso comercial en la carrera de Hawks (algo que aún hoy no he logrado entender) y tanto es así que el autor de “TENER Y NO TENER” no supo encajarlo bien y abandonó Hollywood para perderse por ahí, viajando a Europa donde permaneció cerca de cuatro años “vagabundeando”. Luego regresaría al redil y reanudó su actividad rodando “RIO BRAVO”.
En cualquier caso, se trata de la mejor película (junto con "FARAÓN" de Jerzy Kawalerowicz y “CLEOPATRA” de Mankiewicz) que jamás se rodó sobre los antiguos egipcios. Didáctica y concisa en su espectacularidad, meridiana y directa en su limpia narrativa, llega a resultar un magnífico documental sobre el sistema de trabajo en el Egipto de los faraones y las ingeniosas técnicas de construcción de aquellas gentes. Y todo ello -con unos guionistas de excepción- dando forma a un apasionante melodrama mortuorio-pasional que se "cierra" (nunca mejor empleada esta expresión) con una impresionante secuencia final. Para la historia habrá quedado una bellísima y muy, muy malvada Nellifer-Joan Collins.

2 de septiembre de 2016

"CAFÉ SOCIETY"
(USA) FilmNation Entertainment / Gravier / Perdido, 2016. 96 min. Color.
Pr: Stephen Tenenbaum, Letty Aronson y Edward Walson. Ft: Vittorio Storaro. Mt: Alisa Lepselter. DP: Santo Loquasto. Vest: Suzy Benzinger. Ms: diversas grabaciones. G y Dr: Woody Allen.
Int: Jesse Eisenberg, Kristen Stewart, Steve Carell, Blake Lively, Jeannie Berlin, Parker Posey, Corey Stoll, Ken Stott, Sari Lennick, Stephen Kunken, Sheryl Lee, Anna Camp, Paul Schakman, Taylor Carr, Woody Allen (narrador).
Bobby (Jesse Eisenberg) forma parte integrante de una peculiar familia judía del Bronx neoyorquino. A la hora de comer, alegres (o no tanto) conversaciones de sobremesa. Aquí le vemos junto a Ben (Corey Stoll), su hermano mayor.
Por imperativo consejo de su madre, Bobby se acaba de trasladar a Los Angeles en una intentona de escapar del marasmo que impide que su vida despegue.
Una vez instalado, Bobby visitará a su tío Phil Stern (Steve Carell), un influyente representante artístico en Hollywood con la esperanza de que le proporcione algún trabajo.
Durante sus interminables esperas para ser recibido en el despacho de su tío, nuestro Bobby conoce a Vonnie (Kristen Stewart), su joven secretaria.
Una vez que el inaccesible Phil se digna recibir a su sobrino le proporciona 
una ocupación y encarga a la servicial Vonnie la misión de 
acompañarle -en horas no lectivas- para que absorba el ambiente de la ciudad.
Por una serie de afinidades, los dos jóvenes pronto entablan amistad.
Bobby, sin poderlo evitar, se enamora de Vonnie. Pero ella frena los avances
del muchacho cuando le confiesa que ya tiene novio.
La actividad profesional de Phil es frenética. Además, este hombre tiene
problemas personales como, por ejemplo, que ya no ama a su esposa.
Mientras y pese a todo, nuestra joven pareja continúa muy a gusto cuando
se encuentran juntos.
SINOPSIS: A mediados de los años treinta, un joven judío del Bronx decide abandonar su anodina vida con la familia y viajar hasta Hollywood para probar suerte y tratar de convertir sus sueños en realidad. Allí tiene un tío suyo, poderoso agente artístico, al que pide trabajo. Pero una vez instalado en la Meca del cine, se enamora de la joven secretaria de su tío mientras comprueba que la vida en esos sofisticados ambientes no es lo suyo.
Disfrutando de una encantadora velada en un recóndito y pequeño restaurante.
A Vonnie se le complica la vida y entra en crisis cuando comprende que también
ama a Bobby, más allá de una cálida amistad.
Pronto sabremos que el "novio" de Vonnie no existe como tal y en realidad es la amante secreta 
de Phil, un hombre escindido entre la lealtad que le debe a su esposa y 
la pasión amorosa que siente por su secretaria.
Finalmente, de manera casual, Bobby descubre la identidad del hombre que
le disputa su amor por Vonnie.
De regreso a Nueva York, el desencantado Bobby trabajará de relaciones públicas en el club nocturno de su gangsteril hermano Ben, un local de moda entre la "gente guapa" de Manhattan.
Entre el público asistente, una noche aparece Veronica (Blake Lively), una de las
muchas bellas mujeres que desean conocer el famoso local.
Su buena amiga Rad (Parker Posey), a la que conoció en Los Angeles, ahora, durante su estancia en Nueva York, le presenta a Veronica y le anima a que entable relación con ella.
La belleza, franqueza y simpatía de Veronica pronto seducen a Bobby.
Pasado un tiempo, con el recuerdo de Vonnie (ahora casada con su tío Phil) y el amor aún anidando en su corazón, no obstante, Bobby decide pedir en matrimonio a Veronica.
Aquí vemos a un compungido Bobby tras recoger las cenizas de su hermano Ben, ejecutado en la silla eléctrica tras ser juzgado y condenado a la pena capital por sus crímenes.
Una imagen del rodaje en Central Park en la que Woody Allen cambia impresiones
con la pareja protagonista.
“La vida es un bien perdido cuando no se ha vivido como se hubiera querido” 
(Mihail Eminescu).
COMENTARIO: De unos años a esta parte, solo autores en activo de la talla de Pedro Almodóvar y Woody Allen logran con cada nuevo trabajo suyo reavivar mi pasión por el cine, una pasión que a la intemperie de los mercenarios tiempos que corren, entre tanta basura hábil y ruidosamente presentada, viene languideciendo lentamente.
En “CAFÉ SOCIETY” nuestro Woody regresa una vez más a ese territorio tan querido por él (y por muchos de nosotros) de la comedia romántica. Pero hablar de comedia romántica tratándose del autor de “ANNIE HALL” significa también la utilización de ese registro para bucear en muchos de aquellos aspectos del comportamiento humano que le hacen víctima casi siempre de sus propias contradicciones, del sinsentido del amor y de la cegadora locura cuando se funde con el deseo, de los bandazos de la vida, del paso del tiempo y las circunstancias que nos hacen cambiar, de las corrientes que nos empujan a variar de rumbo, del azar y sus imprevistas consecuencias.            
Asimismo, “CAFÉ SOCIETY” se convierte, como “RADIO DAYS”, “LA ROSA PÚRPURA DEL CAIRO” y “BALAS SOBRE BROADWAY”, en crónica de una época -los años treinta- por la que Allen siente una nostálgica predilección y hacia la que efectúa en aquellas y en la de ahora un evocador viaje cargado de referencias estéticas y cinéfilas no exentas de un severo y revelador decapado de la esmaltada superficie del sueño americano (tan difundido en la sociedad americana de entonces) dejando al descubierto lo que se escondía bajo el glamour, la celebridad, las grandes mansiones, los locales de moda, las burbujas de champagne y la música de jazz, en un nítido acercamiento al universo de Scott Fitzgerald.
Hay una historia central, la del joven Bobby (Jesse Eisenberg) que llega a aquel Hollywood dorado tratando de buscar una salida a la monotonía y la mediocridad de su vida en el seno de una familia judía de Nueva York (de nuevo Allen aprovecha la ocasión para sus imprescindibles puyas a la religión) y su encuentro con Vonnie (Kristen Stewart), la muchacha que pretendía llegar a ser una estrella y hubo de conformarse con ser la secretaria y amante secreta de un endiosado representante de estrellas. Sobre este eje, alternando Hollywood y Nueva York, la película se despliega de manera intermitente en varias historias secundarias que en lugar de diluir la atención sobre el tronco del relato, merced a ese talento especial que posee Allen para dotar a lo más grave de un aspecto liviano, asistimos a un prodigio de narrativa ingrávida y elíptica, casi musical, contribuyendo así a dotar a la película de un ritmo y una claridad expositiva que facilita la comprensión de unos personajes y sus circunstancias y de cómo éstas sabotean sus sueños y aspiraciones. No siempre huyendo de la soledad y la tristeza se llega a alcanzar la felicidad. De hecho, pocas veces ocurre, ni siquiera cuando crees tenerla delante. Esa última parte de la película, cuando la comedia ya ha dejado paso a un aterciopelado drama (¿recordáis los últimos quince minutos de “ESPLENDOR EN LA HIERBA”?) nos deja un poso de melancolía y -si nos identificamos con Bobby y Vonnie-, una sensación de fracaso por el bien perdido.

19 de agosto de 2016

LOS INSACIABLES (The Carpetbaggers)
(USA) Paramount / Embassy, 1963. 150 min. Color. Panavision.
Pr: Joseph E. Levine. G: John Michael Hayes, basado en la novela de Harold Robbins. Ft: Joseph McDonald. Mt: Frank Bracht. DP: Hal Pereira y Walter Tyler. Vest: Edith Head. Ms: Elmer Bernstein. Dr: Edward Dmytryk.
Int: George Peppard, Alan Ladd, Carroll Baker, Martin Balsam, Bob Cummings, Martha Hyer, Elizabeth Ashley, Leif Erickson, Lew Ayres, Ralph Taeger, Archie Moore, Audrey Totter, Tom Tully, Arthur Franz, Anthony Warde, Tom Lowell, John Conte, Vaughn Taylor.
En uno de los amargos enfrentamientos con su hijo, el magnate de la aviación Jonas Cord (Leif Erickson) tiene un ataque cardiaco y fallece.
Jonas Cord Jr. (George Peppard) acaba de heredar el imperio de su padre, al que odiaba, y entre sus nuevas "pertenencias" está Rina (Carroll Baker) su reciente viuda, mujer tan bella como lasciva.
Con la muerte del padre de Jonas, Nevada Smith (Alan Ladd), amigo fiel y socio en las empresas del difunto, sigue al lado de este impulsivo joven al que conoce desde niño.
Rina es una mujer de irresistible belleza, sensual, pragmática y con pocos escrúpulos.
Al quedar viuda ve tambalear su situación en la casa e intenta defender sus derechos.
Una de las maneras en que Jonas mide el odio y rencor que sentía hacia la figura de su padre es poseer sexualmente a su atractiva madrastra, algo que al parecer ha venido practicando desde que la conoció.
Atracción sexual exenta de sentimientos románticos.
Estamos en el año 1928 y Nevada Smith, alejado de los negocios de Jonas, se dedica ahora al cine como actor en westerns de serie.
Jonas ha descubierto el pasado aventurero y delictivo de Nevada Smith y se lo hace saber. No obstante, ese secreto quedará entre ellos pues el joven magnate siente una gran admiración por este hombre íntegro y amigo leal.
Monica Winthrop (Elizabeth Ashley) es la hija del ingeniero de la fábrica de aviones de Jonas y está muy interesada sentimentalmente por él.
Monica cree hacer avances para conseguir que Jonas acepte casarse con ella.
SINOPSIS: A la muerte de su padre, un joven dado a la buena vida hereda una fábrica de aviones. Con el poder en sus manos, traumatizado por el odio y el rencor a causa de un estigma que arrastra desde la niñez y espoleado por su ambición se convertirá en un magnate tiránico y megalómano que irá destruyendo a las personas que alguna vez le quisieron.
Jonas en su afán expansionista ahora se interesa por los negocios cinematográficos y tiene planes para Nevada Smith. Aquí le vemos entrevistándose con el productor Bernard Norman (Martin Balsam).
Nevada Smith acepta de buen grado las condiciones de su nuevo contrato cinematográfico.
Rina visita a Nevada y en cierto modo trata de seducirle. Ella siente una extraña admiración por este hombre, el único que no ha intentado acostarse con ella.
Nuestro admirable "vaquero" cinematográfico la rechaza con tacto y delicadeza porque sabe que un romance con ella no llegaría a buen fin.
Rina viaja a Europa y en el París de entreguerras se entrega a una vida de fiestas y diversión enloquecida que terminará mal para ella.
Jennie Denton (Martha Hyer) es una prostituta de lujo que entra en la vida de Jonas.
Nuestro hombre, tras la muerte de Rina, se empeñará en convertir a Jennie en
una estrella cinematográfica, pese al oficio de ella.
Dan Pierce (Robert Cummings), un sinuoso representante artístico, se pone de acuerdo con Bernard, que se la tiene jurada a Jonas, para intentar estafarle con la venta de un estudio cinematográfico en bancarrota.
Han pasado los años y Nevada Smith, pese al deleznable comportamiento de Jonas en todos los terrenos, mantiene su lealtad hacia él.
Harto de comprobar cómo Jonas arruina la vida de todos los que le rodean, Nevada decide darle una lección y se enzarzan en una pelea.
Tras este brutal enfrentamiento, exhausto y finalmente decepcionado,
Nevada Smith se alejará de Jonas para siempre.
COMENTARIO: Partiendo del material que suministraba el bestseller de Harold Robbins, asistimos a un melodrama-río inequívocamente inspirado en la figura y andanzas del legendario Howard Hughes aunque, cabe pensar, eso solo fuera un señuelo para ocultar lo que tal vez pretendió esta discutible película, su auténtica razón de ser: servir de pretexto a través del doble itinerario físico y moral de este ambicioso, despótico y neurótico Jonas Cord para así proporcionarnos una visión “didáctica” de la metodología y desenvolvimiento del capitalismo americano. A este respecto, no falta ningún ingrediente característico que nos ilustre a lo largo de los ciento cincuenta minutos de metraje con el despliegue de una completa galería de arquetipos y representantes de esa fauna (ambiciosos, arrivistas, trepas, emprendedores, banqueros, negociadores sin escrúpulos, esposas adúlteras y ninfómanas, prostitutas de lujo) pero, eso sí, valiéndose de una vieja treta que limara el alcance de la parábola hasta dejarla roma, consistente en procurar circunscribir lo que nos cuentan al caso particular del mencionado Cord cuyo repugnante proceder podría deberse a un trauma que nuestro hombre arrastra desde la infancia y que “explicaría” vía psicologismo barato (a través de reiterativos flashbacks) su pragmatismo desalmado aplicado como herramienta de venganza y de autoafirmación. 
Comprendo que parte de mi antipatía hacia Edward Dmytryk es de índole personal por aquello de que siempre he detestado a los que delatan a sus compañeros para conservar el status (y sus piscinas). Sin embargo, debo confesar que alguno de sus trabajos me gustan; obviamente, los que rodó antes de dejarse “castrar” por el maccarthysmo. Luego ya dejó de interesarme su devenir profesional salvo por una película, “CITA EN HONG KONG” (Soldier of Fortune, 1955), convencional pero bien construída intriga con trasfondo romántico, típica de la guerra fría y cuyo mayor interés a estas alturas resida probablemente en una competente factura y en sus carismáticos intérpretes (Clark Gable y Susan Hayward).
Volviendo a la que ahora nos ocupa, Dmytryk, tal vez obligado a servir los intereses industriales del peculiar e impositivo productor Joseph Levine, adoptó para la ocasión un estilo narrativo hiperbólico y remarcador que acaba resultando a la postre algo amazacotado en esa intentona sin duda mal aconsejada de fundir enfatismo y clasicismo. Si queremos comparar, algo parecido a lo que ocurría con otra de sus películas-río, “EL ÁRBOL DE LA VIDA”.
En su momento, “LOS INSACIABLES” pretendió también ser un vehículo para el definitivo lanzamiento de Carroll Baker como una nueva Jean Harlow y del mediocre George Peppard como heredero de los grandes seductores, aunque en el caso de él con la equivocada fórmula, aquí y en subsiguientes películas (“LAS ÁGUILAS AZULES”), de endilgarle personajes engreídos y antipáticos. Sin embargo, como mayor virtud de la película hemos de agradecer la elegante y estoica presencia de un glorioso Alan Ladd, envejecido y mítico, en su última aparición en la pantalla (murió con apenas cincuenta años a las pocas semanas de finalizar el rodaje) incorporando el personaje de Nevada Smith. En mi opinión, a él debe la película alguno de sus mejores momentos.