27 de noviembre de 2019

LA VENTANA INDISCRETA (Rear Window)
(USA) Paramount / Alfred Hitchcock, 1953. 112 min. Color.
G: John Michael Hayes, basado en un relato de Cornell Woolrich. Ft: Robert Burks. Mt: George Tomasini. DA: Hal Pereira y Joseph MacMillan Johnson. Vest: Edith Head. Ms: Franz Waxman. Pr y Dr: Alfred Hitchcock.
Int: James Stewart, Grace Kelly, Wendell Corey, Thelma Ritter, Raymond Burr, Judith Evelyn, Ross Baldasarian, Georgine D’Arcy, Jesslyn Fax, Irene Winston.
Es verano y hace mucho calor. Aquí tenemos al sudoroso reportero Jeff (James Stewart) inmovilizado en su apartamento por un accidente profesional.
El patio vecinal visto desde la ventana de Jeff.
Un tentador método para combatir el aburrimiento: espiar a los vecinos con la ayuda de unos prismáticos.
Una estimulante visión matinal es la energética joven de enfrente, "Miss Torso" (Georgine Darcy), recién salida de la cama.
De repente, una imperiosa necesidad, la de rascarse la pierna escayolada.
Jeff contempla entre inquieto y fascinado a su prometida Lisa (Grace Kelly).
Su estratégica visita encierra un deseo que ella trabaja melosamente: convencer a un renuente Jeff de las ventajas del matrimonio.
Jeff ha logrado implicar a Lisa en su sospecha de que uno de los vecinos ha asesinado a su esposa y de cómo parece que trata de deshacerse del cadáver.
SINOPSIS: En plena canícula veraniega, un reportero gráfico inmovilizado en su habitación por tener una pierna rota y escayolada, combate a duras penas el calor y entretiene su forzada inactividad observando con unos prismáticos a sus vecinos desde la ventana trasera de su apartamento. Sus repetidas observaciones del vecindario, una noche le llevan a creer haber descubierto un asesinato en uno de los apartamentos de enfrente.

Lisa y Jeff observan, vigilantes, el "paisaje" de los apartamentos de enfrente. 
Jeff se toma un pequeño respiro en su detectivesca indagación y lo hace para contemplar complacido a su novia.
Vuelta a la labor de vigilancia. Ahora la sospecha ya es una certeza para Jeff.
Para Lisa siempre hay tiempo para un interludio que la permita avanzar en su propósito de atar en corto a nuestro hombre.
Un tenso momento. Jeff ha sido descubierto en sus pesquisas por el vecino asesino y éste se dirige a su apartamento con aviesas intenciones.
El momento en que Jeff contempla muy de cerca a Thornwall (Raymond Burr), el rostro del asesino.
Thornwall, tras forcejear con el escayolado Jeff, trata de tirarlo por la ventana.
Al día siguiente, ya todo ha pasado. El maltrecho Jeff tiene ahora las dos piernas escayoladas y Lisa, mientras lee una revista femenina, respira tranquila cuidando del "pájaro en su jaula". 
COMENTARIO: Con toda probabilidad, la película de Hitchcock en que más claramente queda explicitada la condición de "mirón" del espectador (y del propio autor) al estar narrada casi en su totalidad desde el punto de vista del voyeurista personaje que incorpora (magníficamente) James Stewart. El director diseñó una arriesgada, fascinante y genial puesta en escena que en su precisión y brillante complejidad alcanza niveles insuperables de maestría y efectividad narrativa. 
Otro aspecto que impregna sutilmente el desarrollo de “LA VENTANA INDISCRETA” (que situaría entre los tres o cuatro mejores trabajos de Hitchcock) es la suavizada misoginia con que nos es trasladado el personaje de Lisa (Grace Kelly), mujer acostumbrada a las cosas agradables de la vida que con su mal disimulado deseo de casamiento representa una “amenaza” para la egoísta independencia de Jeff (en su primera intervención en la película, primero percibimos su sombra cerniéndose y oscureciendo el rostro adormilado de él). En el mismo sentido, algo parecido ocurre con otros personajes femeninos enmarcados en las diferentes ventanas de la vecindad observadas por Jeff. Sin ir más lejos, en la forma que Hitch nos presenta lo que sucede en una de ellas, pregunto: ¿acaso existe una sibilina “justificación” para que Thorwald asesine a su esposa? La aviesa ironía desplegada en ocasiones por el autor de “ENCADENADOS” brilla aquí con especial intencionalidad como lo haría también en su siguiente realización, “ATRAPA A UN LADRÓN” (por ejemplo, confrontar los finales falsamente felices de ambos títulos).

21 de octubre de 2019

LA PRADERA SIN LEY (Man without a Star)
(USA) Universal, 1954. 89 min. Color.
Pr: Aaron Rosenberg. G: Borden Chase y D.D. Beauchamp, basado en la novela de Dee Linford. Ft: Russell Metty. Mt: Virgil Vogel. DA: Alexander Golitzen y Richard H. Riedel. Ms: Joseph Gershenson. Dr: King Vidor.
Int: Kirk Douglas, Jeanne Crain, Claire Trevor, William Campbell, Richard Boone, Mara Corday, Jay C. Flippen, Eddy Waller, Frank Chase, Jack Elam.
Viajando en un tren de ganado, nos encontramos con un errático vaquero llamado Dempsey Rae (Kirk Douglas) y un entusiasta e ingenuo joven, Jeff (William Campbell), que desea convertirse en un pistolero y vivir aventuras. 
Tras un grave percance en el tren en que viajaban y del que son expulsados, acaban siendo contratados en un rancho ganadero.
Una amistad que viene de lejos: Idonee (Claire Trevor), la experimentada dueña del "saloon", y nuestro hombre Dempsey.
Bella y desafiante, Reed Bowman (Jeanne Crain) es una mujer ambiciosa y sin demasiados escrúpulos que como resuelta dueña del rancho, se "fija" en Dempsey.
En el rancho de Reed aparece Steve Miles (Richard Boone), un tipo de mala ralea y que no puede disimular su animadversión hacia nuestro amigo Dempsey.
El calculado interés de Reed por Dempsey la lleva a ofrecerle el puesto de capataz.
Reed maneja la belleza de su cuerpo como una herramienta y ante Dempsey se baña con jabón de espuma en un artilugio que nuestro hombre desconocía y del que solo había oído hablar: una bañera. El espectáculo para él resulta doblemente atractivo.
SINOPSIS: Dempsey Rae, un antiguo propietario de cabezas de ganado en Texas, es ahora un vaquero errante que huye de un amargo pasado en busca de lugares donde la civilización y las alambradas no hayan llegado. Viajando escondido en un tren de mercancías conoce a Jeff, un ingenuo muchacho que ha escapado de casa para convertirse en pistolero, y decide enseñarle lo necesario para sobrevivir en tal empeño. En Wyoming, ambos consiguen trabajo como vaqueros en un importante rancho regentado por una ambiciosa mujer que pretende acaparar los pastos de la región para sus miles de cabezas. El enfrentamiento con los pequeños ranche­ros poseedores de rebaños más modestos no se hace esperar y Dempsey se ve de nuevo atrapado por su pasado y las acotantes alambradas de espino.
Entre dos mundos. Uno que avanza inexorable y otro que desaparece gradualmente.
El joven Jeff, instruido por Dempsey, cree estar afianzando su personalidad frente al maestro.
Tras rechazar Dempsey las tentadoras ofertas de Reed, ésta gira estratégicamente su mirada hacia el inexperto y manipulable Jeff. Done recrimina al joven su actitud poco leal.
Inevitablemente, Steve provoca a Dempsey siempre que tiene ocasión.
Un momento muy tenso en el que Dempsey estalla a causa de la arrogancia de Jeff.
Los alambres de espino parecen perseguir a Dempsey y le traen amargos recuerdos.
COMENTARIO: Dempsey Rae, el protagonista de este ejemplar y parabólico western, mantiene una huida hacia adelante, o más precisamente, va siendo empujado hacia el norte ("A lo mejor tú y yo acabamos en Canadá", dice en un momento dado a su joven compañero) por la "civilización" y un mundo en avance que marca, parcela y acota (abusivamente, las más de las veces) el espacio vital de libertad y aire libre en el que este hombre se ha desenvuelto. Esta romántica, crepuscular postura en defensa de un paraíso perdido y el descubrimiento de las contradicciones de la realidad en que se ve inmerso (el ineludible progreso y sus métodos y consecuencias), le lleva del conflicto interior a la lucidez pero no a la renuncia, si bien habrá en él una transitoria toma de partido para finalmente asumir su irrenunciable y anacrónico individualismo que le condena a una errática soledad.
King Vidor, en la plenitud de su madurez (aunque en esos momentos, no muy considerado por la industria), consiguió un film denso y preciso, clarificador sobre el eterno conflicto entre lo viejo y lo nuevo (los pequeños ganaderos autónomos frente a los avasallantes y rentabilizadores métodos de producción) y con jocosos apartes sobre los avances de la "modernidad" en el salvaje Oeste (el asombro de Demsey ante la visión por primera vez en su vida de un lujoso cuarto de baño en el interior de una vivienda) que funcionan como aliviaderos del crescendo de tensión que acumula la trama. Por encima de todo, estamos ante un film hermoso en su clasicismo en el que el director parece reconocerse en ese hombre desplazado que -obligado- asume la realidad.

16 de julio de 2019

EL BUENO, EL FEO Y EL MALO (Il buono, il brutto, il cattivo)
(It-Esp-Al) PEA / Arturo González / Constantin, 1966. 178 min. Color. Techniscope.
Pr: Alberto Grimaldi. G: Age-Scarpelli, Luciano Vincenzoni y Sergio Leone. Ft: Tonino Delli Colli. Mt: Nino Baragli y Eugenio Alabiso. DA y Vest: Carlo Simi. Ms: Ennio Morricone. Dr: Sergio Leone.
Int: Clint Eastwood, Eli Wallach, Lee Van Cleef, Aldo Giuffré, Luigi Pistilli, Rada Rassimov, Mario Brega, Al Mulock, Claudio Scarchilli, Livio Lorenzon, Antonio Casas, Benito Stefanelli, Chelo Alonso, Axel Darna, Antonio Casale, Aldo Sambrell, Lorenzo Robledo, Antonio Molino Rojo.
Este es Blondie (Clint Eastwood), un frío cazador de recompensas.
Aquí tenemos a Tuco (Eli Wallach), un bandido histriónico y astuto como una raposa.
Un primer plano de Centena (Lee Van Cleef), su rostro y mirada de halcón denotan ambición y crueldad.
Tuco, falsamente tuerto, resolviendo asuntos a su manera.
A Blondie se le ponen las cosas difíciles y solo un certero cañonazo disparado a tiempo puede sacarle de esa apurada situación.
Blondie y Tuco ahora son socios y aprovechando que la cabeza del segundo tiene precio han montado un arriesgado "negocio" a medias.
Aquí tenemos a los dos en pleno ejercicio de sus delictivas habilidades dirimiendo qué hacer en un determinado momento.  
Una situación extremadamente delicada. La vida de Tuco depende ahora de la buena puntería de Blondie. Una cuestión de fe.
SINOPSIS: Durante la Guerra de Secesión, un cazador de recompensas, su socio y un avieso ex-oficial, unen circunstancialmente sus destinos para tratar de locali­zar un dinero enterrado en una tumba desconocida. Hasta conseguir sus fines, vivirán aventu­ras, sufrirán encerronas y finalmente se enfrentarán en un deci­sivo duelo a tres.
Las diferencias entre los dos socios traerá malas consecuencias para Blondie.
Finalmente la Guerra de Secesión termina por alcanzar a nuestros dos personajes tan mal avenidos. Ambos acaban como prisioneros en un campo nordista.
Cuando logran escapar de ese campo de prisioneros, existe un interés común que les une circunstancialmente: la búsqueda de una importante suma de dinero enterrado en una tumba desconocida.
Sumando la fragmentaria información de cada uno, Blondie y Tuco logran descubrir el dinero enterrado pero son sorprendidos por la llegada de Sentenza que también busca ese tesoro.
El enfrentamiento entre los tres resulta inevitable.
Escrutándose entre ellos, midiendo las posibilidades de cada cual, se preparan para un duelo a tres.
Con nuestros antihéroes preparados para disparar, lo dejamos aquí para quienes aún no hayan visto la película (que serán muy pocos).
COMENTARIO: El éxito a nivel planetario de "POR UN PUÑADO DE DÓLARES" y "LA MUERTE TENÍA UN PRECIO", facilitó a Sergio Leone poder cerrar sin restricciones lo que luego se conocería como la “trilogía del dólar” con este ambicioso, desmesurado, desequi­li­brado y, en muchos momentos, atractivo western en el que se entregó mayormente a rizar el rizo sobre algunas de las propuestas y hallazgos de sus dos precedentes en una clara ampliación que añadía un grado de complejidad a los asuntos tratados. Así, una vez más aparece la obtención de dinero como motor de los personajes (aquí tres pistoleros que se mueven por sus intereses en el cruento escenario de la Guerra de Secesión, una contienda sobre la que Leone procura colocar el acento en sus aspectos más cruentos y absurdos), la ausencia de valores morales y también ese malévolo y burlesco descreimiento en torno a la religión como algo obsoleto y abandonado en un mundo que no la necesita (la interesante, cambiante y reveladora secuencia del encuentro entre Tuco y su hermano fraile en el desvencijado convento lleno de imágenes cristianas deterioradas), elemento éste que ya aparecía en “LA MUERTE TENÍA UN PRECIO” (recordemos la en cierto modo paródica escena de Indio, psicópata y drogota, explicando desde el púlpito sus planes delictivos a una docena de facinerosos “apóstoles”).
La estructura del guión que solo en apariencia carece de ella (o en todo caso, lo que entiendo como una intentona de ir imbricando sucesivas temáticas que en principio parecen autónomas) y una concepción de la puesta en escena que combina el sistema de set-pieces con interminables y un tanto preten­ciosos (pero a veces seductores) regodeos de cámara, acompañados por el omnipresente Morricone en la banda sonora subrayando o creando atmósferas e incluso utilizando su música en determinados momentos como usurpadora en la función de los diálogos, terminan por causar un extraño doble efecto: fascinar en su muy calculada y efectiva formulación visual y sonora (muy ligada al sentido que desea dar a cada secuencia) y poner a prueba los nervios y el aguante del espectador con ese método in crescendo de dilatar o estirar el tempo hasta la exasperación, del que es ejemplo la tensa y ya mítica secuencia circular en el cementerio de Sad Hill con el enfrentamiento final de los tres protagonistas.
En suma, a lo largo de los años he necesitado sucesivos visionados de “EL BUENO, EL FEO, EL MALO” para diluir mis reticencias (aún quedan grumos) llegando a gustarme este western por razones no ligadas entre sí, alguna de las cuales las acabo de exponer. Pero, sobre todo, he de reconocerlo, porque en virtud de su colosal repercusión comercial, la Paramount decidió dar carta blanca a Leone para que pusiera en pie la que considero su obra magna, su gran masterpiece, “HASTA QUE LLEGÓ SU HORA” (Once Upon a Time in the West).

31 de marzo de 2019

EL HOMBRE DE LAS PISTOLAS DE ORO (Warlock)
(USA) Twentieth Century-Fox, 1959. 123 min. Color. CinemaScope.
G: Robert Alan Arthur, basado en la novela de Oakley Hall. Ft: Joe MacDonald. Mt: Jack W. Holmes. DA: Lyle R. Wheeler y Herman A. Blumenthal. Vest: Charles LeMaire. Ms: Leigh Harline. Pr y Dr: Edward Dmytryk.
Int: Henry Fonda, Richard Widmark, Anthony Quinn, Dorothy Malone, Dolores Michaels, Wallace Ford, Tom Drake, Richard Arlen, DeForest Kelley, Regis Toomey, Gary Lockwood, Walter Coy, Frank Gorshin, Vaughn Taylor, Whit Bissell, James Philbrook, Donald Barry, Don Beddoe, L.Q. Jones.
He aquí un posado de los cinco protagonistas. De izquierda a derecha: Lily (Dorothy Malone), Johnny (Richard Widmark), Jessie (Dolores Michaels), Blaisedell (Henry Fonda), Morgan (Anthony Quinn).
Tenemos a Johnny dividido entre la lealtad a su déspota hermano y lo que le pide el cuerpo: cambiar de camisa.
La bella Jessie poniendo los puntos sobre las íes en una reunión cívica para hallar solución al problema que tiene el pueblo de Warnock.
Lily, una mujer con mucha trastienda, simpatiza con el atribulado Johnny.
El recién contratado Blaisedell poniendo precio y condiciones a las fuerzas vivas de Warlock.
Morgan siempre vigilante para respaldar y proteger a Blaisedell.
Taciturno y calculador, Blaisedell cree controlar la situación pero su experiencia le hace ser cauto.
SINOPSIS: La inoperancia de los representantes de la ley frente a la violencia y los abusos de una banda de vaqueros salvajes que se creen los amos de la región, obliga a los atemorizados habitantes de Warlock, una ciudad del Oeste con deseos de modernizarse y prosperar, a contratar los servicios de un reputado pistolero "pacificador" que durante un tiempo haga las veces de marshal.
Curley (DeForest Kelley), un miembro de la banda del hermano de Johnny, parece calcular las consecuencias de que éste haya decidido colgarse la estrella de sheriff.
Una de las condiciones de Blaisedell y Morgan es la de tomar el control del "saloon" de la ciudad y así rentabilizar su estancia en la ciudad.
Después de tantos trabajos juntos, Morgan comienza a no ver el horizonte claro con su compañero.
Nuestro amigo Johnny se palpa la estrella de latón recién aceptada recapacitando como si no las tuviera todas consigo.
Una de las consecuencias de su cambio de bando es una cuchillada en la mano como represalia.
Tras varios acontecimientos que complican la situación, el cumplimiento de su contrato les enfrenta de manera inevitable con la parte contraria.
Una imagen inequívoca que antecede a un desenlace dramático. Han sucedido cosas que no vamos a desvelar.
COMENTARIO: Dentro de los planes de producción de la Fox en la segunda mitad de los años cincuenta, con numerosos westerns en su catálogo, algunos de gran interés ("DEL INFIERNO A TEXAS", "DUELO EN EL BARRO"), este que nos ocupa dispuso de un holgado presupuesto y por ello sería catalogable como serie A.
Diseñado con pretensiones psicologistas, en su denso desarrollo (especial atención merece el escindido personaje incorporado por Richard Widmark) se nos ofrece un retablo de intereses contrapuestos y cobardía social generalizada (apunto la ironía de estar producido y dirigido por quien se portó como un cobarde durante la caza de brujas mccarthysta), temática que venía siendo tratada en otros westerns "concienciadores" desde "SOLO ANTE EL PELIGRO" hasta "INVITACIÓN A UN PISTOLERO", pasando por "LOS SIETE MAGNÍFICOS".
Por supuesto, aquí tampoco podía faltar el imprescindible aderezo de acción y tensión que animara la articulación de la trama en un crescendo dramático muy bien dosificado. Pero sin duda, los elementos más destacables de la cinta acaban recayendo en su lujoso reparto y en esa matizada pero curiosa love story homosexual desarrollada entre los personajes del pistolero Blaisedell y su amigo y socio Morgan, un tahúr tullido posesivamente enamorado de su compañero (interpretados por Henry Fonda y Anthony Quinn!).