MELODÍAS DE BROADWAY 1955 (The Band Wagon)
(USA) MGM, 1953. 112 min. Color.
Pr: Arthur Freed y Roger Edens. G: Betty Comden y Adolph Green. Ft: Harry Jackson Mt: Albert Akst. DA: Cedric Gibbons y Preston Ames. Ms: Arthur Schwartz. Can: varios. Dr Ms: Adolph Deutsch. Cor: Michael Kidd. Vest: Mary Ann Nyberg. Dr: Vincente Minnelli.
Int: Fred Astaire, Cyd Charisse, Oscar Levant, Jack Buchanan, Nanette Fabray, James Mitchell, Robert Gist, Douglas Fowley, Leroy Daniels, Julie Newmar. Cameo: Ava Gardner.
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Alegría, ritmo y color en la feria |
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Jamás el cine musical brilló tanto en la oscuridad de una noche mágica en el parque |
SINOPSIS: Tony Hunter, un bailarín que teme haber perdido su popularidad tras un prolongado periodo de tiempo sin trabajar en el cine, es llamado por un prestigioso y excéntrico director de Broadway para que forme parte de su enloquecido proyecto de montar en Broadway un musical serio basado en Fausto. Allí reencuentra a sus viejos amigos Lester y Lily, también reclutados para este asunto, y es presentado a Gaby, su compañera en la obra, una atractiva bailarina de ballet clásico con la que al principio no congenia. Previsiblemente, el estreno resulta un fracaso. Sin ceder al desánimo y para salvar la inversión, los miembros del equipo deciden reconvertir el espectáculo en algo menos “artístico” y más alegre.
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Las piernas de Cyd y las de Fred, sus cuerpos, en un musical de Minnelli ¿se puede pedir más? Sinceramente, creo que no. |
COMENTARIO: Indudablemente, se trata del mejor musical rodado por Vincente Minnelli; tan perfecto y fascinante, tan inventivo y dinámico como el que hicieran un año antes Donen y Kelly, “CANTANDO BAJO LA LLUVIA”, del que, en cierto modo, heredó la estructura dramática y la esencia de su argumento (dejarse de ampulosas ambiciones “artísticas”, desembarazarse de prejuicios y dar al público lo que le gusta con la mayor dosis posible de talento) y algunas de las características que animan a los personajes (compañerismo, amistad, amor, contagiosa alegría de vivir y por lo tanto, capacidad para pasar al otro lado del espejo –y nosotros con ellos– transformando lo cotidiano en algo mágico). La ilusión se completa con una cámara integrada y participante (así, la sensación de emplazamiento y escenario viene a desaparecer) en un estilizado mundo de luz, color, ritmo, adorables personajes y problemas con solución. La película contiene –entre otros muchos– tres momentos de indescriptible musicalidad que son al mismo tiempo la esencia del cine-cine y para los que las palabras no valen, hay que verlos y sentirlos: cuando Fred Astaire, recién llegado a Broadway, penetra en un local de diversión con máquinas tragamonedas y un orondo limpiabotas de color comienza a lustrar sus zapatos (“A Shine on Your Shoes”), o cuando Astaire y la electrizante Cyd Charisse, pasean de noche por Central Park e inician un embelesante baile (“Dancing in the Dark”), y en tercer lugar, el más famoso de todos, el ballet final, de audaz coreografía, homenajeando el mundo de las novelas pulp de Mickey Spillane y el género negro en general (“Girl Hunt Ballet”).