MOGAMBO
(USA) MGM, 1953. 116 min. Color.
Pr: Sam Zimbalist. G: John Lee Mahin, basado en la novela de Wilson Collinson. Ft: Robert Surtees y Frederick A. Young. Mt: Frank Clarke. DA: Alfred Junge. Vest: Helen Rose. Ms: los sonidos de la selva. Dr: John Ford.
Int: Clark Gable, Ava Gardner, Grace Kelly, Donald Sinden, Philip Stainton, Eric Pohlmann, Laurence Naismith, Denis O'Dea, Bruce Seton.
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He aquí los personajes protagonistas de un triángulo amoroso en plena selva: Victor (Clark Gable), Eloise (Ava Gardner) y Linda (Grace Kelly). |
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Linda Nordley ha llegado a Kenia acompañando a su confiado esposo para un safari hasta la peligrosa región de los gorilas. |
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El cazador Victor Marswell, un tipo de vuelta de todo que ha aceptado el encargo de acompañar a la pareja en su aventura, pronto capta el interés de Linda. |
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Inesperadamente, entra en escena Eloise Kelly, una bregada y bella mujer que llega hasta ese rincón de la selva para complicar la situación. |
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Dos mujeres muy diferentes frente a un tipo endurecido que no está muy seguro de cómo tratarlas. |
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La perceptiva y experimentada Eloise, conocedora de los hombres, pronto capta la situación y establece con la engreída Linda una tensa relación. |
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Donald Nordley (Donald Sinden), el esposo de Linda, parece ajeno a lo que se está cociendo entre su mujer y Victor, lo que empuja a Eloise a ironizar con él. |
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Nada mejor que una elegante cena para irse "conociendo". |
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Una velada trufada de insinuaciones que culmina con Eloise, Donald y John (Philip Stainton), amigo y ayudante de Victor, formando un animado trío en torno a una pianola. |
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Una relajada Eloise haciendo tiempo mientras se pasea entre las jaulas de los animales. |
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Nocturno con la serena belleza de Eloise resplandeciendo. |
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Victor se ha dejado arrastrar por el delicado encanto de Linda y cuando Eloise se lo reprocha, él la maltrata verbalmente. |
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Antes del viaje que los llevará al corazón de la selva. |
SINOPSIS: En Kenya, un bregado cazador blanco ve alterado su modus vivendi con la llegada a su cuartel general de, por un lado, una atractiva y desinhibida aventurera y, por otro, una remilgada damita inglesa acompañada de su marido, más interesado en un ingenuo estudio de las costumbres de los gorilas que en vigilar a su esposa gradualmente atraída por la saludable arrogancia y machismo de nuestro héroe, que habrá de pechar con los requerimientos amorosos de estas dos mujeres.
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El esposo de Linda, un personaje ciertamente panoli, continúa sin percatarse del naciente romance entre su mujer y Victor. |
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Durante el recorrido en canoa por el río, la tensión entre las dos mujeres se puede mascar. |
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Ambas, cada una a su manera, están muy interesadas sentimentalmente por el rudo Victor. |
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Un alto en el camino a la tierra de los gorilas es el momento en que Victor y Linda, alejados del campamento, se entregan a lo que sienten el uno por el otro. |
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Con el río de fondo, un apasionado beso que sella oficialmente su adúltero romance. |
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Linda no sabe disimular los celos que provoca en ella la presencia de Eloise en el safari. |
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Un momento apurado para Linda: ha caído en una trampa construida para cazar animales. |
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El paso de la expedición por una misión en la selva, es aprovechada por Eloise para ponerse en paz con Dios y la pide al padre Josef (Denis O'Dea) que la confiese. |
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En un remanso de paz, Eloise, a quien la vida ha vapuleado, confiesa a John, gran amigo de Victor, sus sentimientos por el cazador. |
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Linda, cegada pasionalmente por Victor, no quiere entender los consejos de Eloise. |
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Adentrándose en la peligrosa región donde moran los gorilas. |
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Por fin, Victor parece comprender que de quien está realmente enamorado es de Eloise, a la que tan rudamente ha tratado hasta ahora. |
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Victor besa a la noble y valiente mujer que tiene entre sus brazos. |
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A través de un espinoso itinerario moral y del amor, hemos descubierto a Eloise, tanto en su belleza exterior como en su grandeza interior. |
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Pose promocional de Clark Gable y Ava Gardner, luciendo ella una inconmensurable belleza. |
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Lógicamente, no podía faltar un posado semejante con la otra parte contratante de ese triángulo romántico que presentaba la película, la no menos atractiva Grace Kelly, de corta pero brillante carrera en el cine. |
COMENTARIO: A raíz del éxito de público obtenido dos años antes por “LAS MINAS DEL REY SALOMÓN”, la Metro decidió seguir explotando la veta de los relatos de aventuras africanas y optaron para la ocasión por un remake de "TIERRA DE PASIÓN", película realizada en 1932 por Victor Fleming. Cuando John Ford se hizo cargo -sorpresivamente- de este proyecto, imagino que lo hizo tomándoselo como unas vacaciones selváticas. En su día, cuando fue estrenada, se la consideró casi unánimemente como uno de sus trabajos menos personales. Lo cierto es que, sin demérito para la película, parece, por momentos, más de Howard Hawks que de Ford (ésta es una apreciación mía que pocos comparten).
Ford no nos tenía acostumbrados a una carga erótica tan intensa como la de “MOGAMBO” donde las mujeres, creo que por primera vez, adquieren una capital importancia sobrepasando con creces su papel de sumisas y asexuadas criaturas esperando en el porche el regreso del varón. En este sentido, el tratamiento que Ford da a los personajes de Grace Kelly y Ava Gardner es de una cariñosa entrega y, en el caso de la segunda, de comprensión y complicidad. De hecho, esta película resulta especialmente atractiva y memorable merced a la utilización que se hace de la Gardner, de manera próxima y muy “carnal”. Ava duchándose, Ava marcándose unos pasos de baile mientras cargan el rinoceronte atrapado, Ava tocando la pianola y cantando, Ava cubriendo su cabeza cuando entra en la capilla, una excelsa Ava confesándose tras la cortinilla bajada o narrando su vida a John (Philip Stainton) y, sobre todo, una maravillosa y espontánea Ava dando de comer a las crías de elefante y rinoceronte dentro del cercado. Ella, con la entrega de Ford, consigue que su maltratada y curtida Eloise emerja descubriéndonos esas dulzura y femineidad que laten bajo una capa externa de sarcasmo y mordacidad. En su evolución, en sus gestos, en sus réplicas, la llegamos a sentir humana y físicamente.
De niño, la disfruté naturalmente sin capacidad analítica pero ahora, después de una docena de visionados repartidos en el tiempo, continúa deleitándome esa concatenación de momentos sublimes que constituyen su desarrollo y que la convierten en una obra inolvidable en virtud de la sabiduría del autor que se deja notar en su relajada seguridad narrativa, en una sagaz utilización de los elementos de la naturaleza como aportación dramática, en su “áspero” romanticismo y en ese ocasional y avieso sentido del humor aplicado en algunas escenas.
En suma, una cinta muy estimulante, subcutáneamente fordiana (pese a ese barniz hawksiano al que aludía en el primer párrafo), cuyo “reconocimiento” por parte de aquel sector crítico que en el pasado se mostró excéptico y despreciativo tachándola de producto comercial y ejemplo de la decadencia de Ford (!), ha necesitado muchos años de reposo hasta alcanzar el privilegiado lugar que hoy ocupa en el corazón de todos los que (con las nieves del tiempo plateando nuestra sien) aún sentimos la pasión por el cine.