2 de octubre de 2011

NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS
(Esp) Lazona /Telecinco Cinema / Manto Films, 2011. 118 min. Color. Panavision.
Pr: Álvaro Augustin y Gonzalo Salazar-Simpson. Pr Ej: Javier Ugarte y Gonzalo Salazar-Simpson. G: Enrique Urbizu y Michel Gaztambide. Ft: Unax Mendía. Mt: Pablo Blanco. DA: Antón Laguna. Son: Licio Marcos de Oliveira. Ms: Mario de Benito. Dr: Enrique Urbizu.
Int: José Coronado, Rodolfo Sancho, Helena Miquel, Juanjo Artero, Pedro María Sánchez, Nadia Casado, Younes Bachir, Karim El Kerem, Abdel Ali El Aziz, Nasser Saleh, Juan Pablo Schuck, Eduard Farelo.
Rodolfo y Santos, compañeros de trabajo... a veces
SINOPSIS: En Madrid, una noche cualquiera, el inspector de policía Santos Trinidad, borracho y tambaleante, se ve involucrado en un triple asesinato. Pero hay un testigo que consigue escapar... y podría incriminarle. Entonces inicia la caza de ese hombre, intentando localizarle y eliminarle. Mientras tanto, la jueza Chacón, encargada de la investigación del triple crimen, avanza en su trabajo. Lo que parece un simple caso de tráfico de drogas, desembocará en algo mucho más peligroso.
Nuestro hombre, una verdadera alimaña, iniciará una personal cacería
Santos Trinidad, en su descenso a los infiernos
COMENTARIO: Tras insistir hasta tres veces en un género, la comedia, para el que no parecía estar especialmente dotado, Enrique Urbizu decidió dar un brusco volantazo, enfilando una ruta que iría jalonando con obras tan importantes como “LA CAJA 507” y “LA VIDA MANCHA”, que le ha llevado, de momento, hasta “NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS”. Ya desde aquel demoledor boceto de trazos gruesos titulado “TODO POR LA PASTA” quedaba prefigurada la futura trayectoria de Urbizu. Si “LA CAJA 507” era un thriller conciso y seco que abordaba con una buena dosis de audacia y contundencia una temática espinosa como era en aquellos momentos la sangrante realidad nacional de la especulación y corrupción en los negocios inmobiliarios, la película que ahora nos ocupa, conectando con aquella pero yendo más allá, nos sumerge en las oscuras e infectadas aguas que discurren bajo la superficie brillante y esmaltada de un mundo de vulnerables cimientos que a duras penas sostienen el entramado de una ilusoria seguridad. Tras el fulgor de ese espejismo cotidiano, al otro lado de nuestro insonorizado “saloncito occidental”, existe una siniestra realidad habitada por seres de los que voluntariamente ignoramos todo. Pueden ser desechos humanos, alcohólicos y peligrosos, camino del infierno mientras pululan por garitos periféricos como ese Santos Trinidad que terminará su cacería personal, casi como una ironía bíblica, “salvando” de manera involuntaria un ignorado desenlace aterrador; o terroristas islámicos instalando (letales) extintores en centros comerciales, o esos impólutos componentes de instituciones judiciales  incapaces de “detectar” las fisuras del sistema por cuyos intersticios se cuela el caos.
En suma, estamos ante una potente y redonda película de género, cuyas reglas, guionista y realizador, no han dudado en subvertir en aras de las lógicas exigencias que dicta la actual coyuntura. En cualquier caso, un noqueante thriller y una lección de cine-cine (sin exhibiciones ni alardes estilísticos a lo Martin Scorsese) con una cámara exacta e incisiva al servicio de una historia con sesgos muy, muy inquietantes. Y conviene observar el diferente estilo de planificación utilizado por Urbizu, tenebrista y zozobrante cuando sigue las andanzas del policía Santos, o equilibrado e impecable cuando nos muestra a la racional y meticulosa jueza Chacón y sus colaboradores judiciales recavando información.
En fin, ante trabajos como éste, es lícito pensar que el cine americano no posee el patrimonio del neonoir y que quienes lo practican actualmente en Hollywood tendrían mucho que aprender de este realizador vasco ya que, por lo que parece, no supieron extraer lecciones de tipos como el Robert Lewis de "AGENTE ESPECIAL" (The Big Combo), el Robert Aldrich de "EL BESO MORTAL" (Kiss Me Deadly), o Fuller y Siegel, entre otros expeditivos cultivadores. No podemos terminar sin destacar la escalofriante composición, exenta de psicologismos, de un José Coronado dirigido con sabiduría (como el resto del reparto).