LA NOVIA DE ACERO (The Iron Mistress)
(USA) Warner Bros, 1952. 109 min. Color.
Pr: Henry Blanke. G: James R. Webb, basado en la novela de Paul I. Wellman. Ft: John Seitz. Mt: Alan Crosland Jr. DA: John Beckman. Ms: Max Steiner. Dr: Gordon Douglas.
Int: Alan Ladd, Virginia Mayo, Joseph Calleia, Phyllis Kirk, Alf Kjellin, Douglas Dick, Anthony Caruso, Ned Young, George Voskovec, Richard Carlyle, Robert Emhardt, Don Beddoe, Harold Gordon, Jay Novello, Nick Dennis, Sarah Selby.
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Jim Bowie (Alan Ladd), tras abandonar su vida asilvestrada y su hogar en Louisiana, entrará en contacto con la refinada sociedad de Nueva Orleans |
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La seductora, voraz y desaprensiva Judalon de Bornay (Virginia Mayo) complicará la vida de Jim de forma dramática |
SINOPSIS: Surgido de los pantanos de Louisiana, un joven que el tiempo convertiría en el legendario James Bowie, experto en el manejo del cuchillo, abandona su casa y su familia en 1825 y viaja a Nueva Orleans donde conoce a una seductora mujer de alta alcurnia por la que se verá envuelto en duelos e intrigas que le labrarán una fama que le acompañará allí donde vaya.
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Sin desearlo, Jim Bowie se verá envuelto en duelos, empujado por las circunstancias y por Judalon |
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El destino hace que en la vida de Jim se cruce una mujer, Ursula de Varamendi (Phyllis Kirk), que representa todo lo contrario de Judalon |
COMENTARIO: Esta vez ni puedo ni deseo disfrazarlo: lo que vas a leer en este primer párrafo es sólo el resultado de una mirada atrás, un arrebato de nostalgia por un cine lejano, imágenes de mi niñez perdiéndose en las brumas del tiempo. Ahora, con dos tercios del camino recorrido, la televisión y el DVD ofician para nuestra generación como exhumadores de los restos de aquellas películas a las que un día (sábados o domingos) nos asomábamos con los ojos y la mente bien abiertos, con la emoción acelerando nuestros jóvenes corazones, sentados en las butacas sin tapizar de una sala de programa doble, ay! ventanas rectangulares por las que nos escapábamos durante unas horas con la ayuda de Peter Pan y los polvos mágicos de Campanilla. El lunes, de vuelta al colegio (en mi caso, de frailes).
Bien, que me salgo del tema, hablemos un poco de “LA NOVIA DE ACERO”: película de acción basada en las primeras andanzas del famoso aventurero que acabaría sus días en 1836, defendiendo El Alamo junto a otros héroes míticos del “santoral” americano como Davy Crockett y el coronel Travis. El sentido del ritmo que solía distinguir los productos Warner de la época y la efectiva sequedad narrativa de Gordon Douglas dieron como resultado una apreciable muestra de ese cine de imágenes perfectamente calibradas, precisas y certeras que han definído una concepción de la puesta en escena que convertía la funcionalidad narrativa en el principal acicate para que estos “artesanos” idearan y perfeccionaran fórmulas expresivas de incuestionable eficacia dramática. Como primer ejemplo de lo expuesto citemos los seis primeros minutos de proyección, en los que queda perfectamente dibujado el personaje de Jim Bowie (Ladd). Otro ejemplo -hay muchos- lo constituye la magistral resolución visual de la secuencia cargada de tensión en que Jim se bate en duelo nocturno a cuchillo con su antagonista, sumidos ambos en la total oscuridad de una habitación vacía fugazmente iluminada por el resplandor de los relámpagos de una tormenta.
Me gusta ese estupendo reparto con un adecuado y sobrio Alan Ladd ( que ese mismo año rodaría "RAÍCES PROFUNDAS") y una devoradora Virginia Mayo (su última escena con Ladd resulta imborrable: “Ninguna mujer vale la vida de ocho hombres”), sin olvidarnos de esos potentes secundarios, Joseph Calleia y Anthony Caruso que con sus composiciones enriquecen la película.