29 de abril de 2018

LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO (The Fall of the Roman Empire)
(USA-Esp) Samuel Bronston, 1964. 187 min. Color. Ultra Panavision 70.
Pr: Samuel Bronston, Michael Waszynski y Jaime Prades. G: Ben Barzman, Philip Yordan y Basilio Franchina. Ft: Robert Krasker. Dr 2ª Unidad: Yakima Canutt y Andrew Marton. Mt: Robert Lawrence. DP y Vest: Veniero Colasanti y John Moore. Ms: Dimitri Tiomkin. Dr: Anthony Mann.
Int: Stephen Boyd, Sophia Loren, Alec Guinness, James Mason, Christopher Plummer, Anthony Quayle, Omar Sharif, John Ireland, Mel Ferrer, Eric Porter, Finlay Currie, Andrew Keir, Douglas Wilmer, George Murcell, Norman Wooland, Michael Gwynn, Virgilio Texeira, Lena von Martens, Rafael Luis Calvo, Guy Rolfe, Gabriella Licudi, Peter Damon, Roland Carey.
Roma, centro del imperio, en todo su esplendor.
Timónides (James Mason) y el emperador Marco Aurelio (Alec Guinness).
El noble general Livio (Stephen Boyd) se presenta ante Marco Aurelio.
La bella Lucila (Sophia Loren), casi una hija para Marco Aurelio, ama a Livio.
En una fortaleza del norte, Marco Aurelio pasa revista a su ejército tras una dura campaña para detener a las hordas bárbaras.
Marco Aurelio se empeña en saludar a sus generales y aliados aunque en ocasiones le falle la memoria a la hora de recordar sus nombres.
La quebrantada salud del emperador no es obstáculo para cumplir con su obligación de estar junto a sus hombres en la línea del frente.
Marco Aurelio recibe en sus aposentos al ciego Cleandro (Mel Ferrer) y a Léntulo (Rafael Luis Calvo). El perceptivo Timónides no se fía de ellos.
Horas de soledad, de reflexión, de oscuros presentimientos.
El emperador ha sido envenenado mediante una manzana emponzoñada que le ha ofrecido Cleandro.
Livio y Lucila visitan al agonizante Marco Aurelio.
Este es el ambicioso Cómodo (Christopher Pummer), hijo del emperador al que le consume la prisa por ocupar el lugar de su padre.
Livio, Lucila y los generales en las honras fúnebres del fallecido emperador.
Timónides, hombre honrado, conciliador e inteligente, fiel amigo de Marco Aurelio, se despide del emperador antes de la incineración.
SINOPSIS: Tras la muerte por envenenamiento del emperador Marco Aurelio en el año 180 de nuestra era, le sucede su hijo Cómodo, cruel y disipado, que irá destruyendo todos los logros de su padre y llevará el imperio a un estado de depravación y decadencia.
En contra de los deseos del difunto emperador que prefería a Livio para sucederle, Cómodo se convierte en emperador.
Cómodo es un personaje ambicioso, inseguro, cruel y no muy inteligente.
Timónides, en su deseo de conseguir un acuerdo que evite nuevos enfrentamientos con el levantisco Balomar (John Ireland), un bárbaro deseoso de avanzar con sus hordas hacia Roma, es apresado por éste y sometido a tormento.
Vérulo (Anthony Quayle), siempre leal con Marco Aurelio, es un general que guarda un grave secreto.
En un momento dado, Vérulo confiesa a Cómodo que el difunto Marco Aurelio en realidad no era su padre. Durante años, mantuvo un secreto romance con la esposa del emperador y él es el resultado de aquel amor.
Todo lo que observa Timónides no contribuye a despejar sus temores por el futuro del imperio.
Livio es finalmente apresado por Cómodo acusado de traición. Junto a Lucila, ambos son encadenados y condenados a morir.
Livio desafía en duelo al endiosado Cómodo y el combate entre ambos es feroz.
Con la muerte de Cómodo, se desencadena una alucinante lucha por el poder. El caos se adueña de Roma. Comienza un largo proceso que desembocaría en la caída del imperio.
COMENTARIO: Samuel Bronston fue un productor aventurero ciertamente atípico y con delirios de grandeza que le llevaron a embarcarse de forma un tanto suicida en empresas millonarias que no produjeron los beneficios esperados, provocando su "caída", en la que por otro lado intervinieron circunstancias extra-cinematográficas. En cualquier caso, hay que agradecerle su sentido del riesgo a la hora de elegir para la realización de sus proyectos a directores de contrastado talento (curiosamente, Nicholas Ray y Anthony Mann habían tenido serios tropiezos por su inacomodo con la industria de Hollywood cuando fueron contratados por Bronston), en lugar de pisar terreno seguro con la disciplinada eficacia de mercenarios del tipo J. Lee Thompson o Ken Annakin.
En esta ocasión, Mann (que ya había realizado para Bronston "EL CID")  conseguía, dentro de las premisas de un film espectacular de gran presupuesto, una obra de inusual densidad en su contenido y enérgica narrativa que no excluía una impresionante belleza plástica, especialmente en su primera mitad. Con personajes muy bien definidos (respaldados por espléndidos actores como Mason, Guinness, Quayle) asistimos al crepúsculo de un mundo convulso donde la razón, la sabiduría que emana de la experiencia y las ideas de paz y convivencia son finalmente barridas y aplastadas por la codicia, la prisa, la envidia y la traición. Todo ello sintetizado y plasmado en un excelente guión del que fueron responsables entre otros el blacklisted Ben Barzman y Philip Yordan (ambos trabajaron para varias películas de Mann) y que, hay que decirlo, en su proceso tuvo muchas dificultades de construcción.
Secuencias como la que abre el film, el soliloquio de Marco Aurelio o las honras fúnebres bajo la nieve tras su muerte (todas con sabor shakespeariano), o por otro lado, en el plano colosalista, la desbocada carrera de cuádrigas entre Livio y Cómodo o su duelo final a jabalina que precede al dantesco final de la pelicula, dan la medida del vigoroso talento e inteligencia desplegados por el autor de "HOMBRE DEL OESTE" en unas condiciones de trabajo que a veces no eran las idóneas para la libre elección (las superproducciones, entonces y ahora, tienen sus pros y sus contras).

7 comentarios:

  1. De esta película me gusta casi todo, pero especialmente el inicio y el final: un peplum en la nieve (espectacular) y el caos que anuncia la "caida" del título. Mann se manejaba bien en entornos naturales, pero también en grandes decorados como hizo en El Cid y aquí. Si el protagonista en vez de Stephen Boyd hubiera sido Charlton Heston, por ejemplo, estaríamos hablando de una película del porte de Ben-Hur, seguro.

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    1. Bueno, considero "LA CAÍDA..." muy superior a "BEN-HUR", si excluimos la legendaria e impresionante secuencia de la carrera de cuadrigas de aquella (que fue diseñada y rodada por los heroicos Yakima Canutt y Andrew Marton, los mismos que en la de Mann se hicieron cargo también de alguna secuencia similar).
      En cuanto a Charlton Heston, como creo que sabrás, en efecto, estaba previsto para el papel de Livio pero las dificultades en la redacción del guión y la tardanza en presentárselo consiguieron que el "épico" actor desconfiara del proyecto y finalmente declinó participar. Lástima (con este lamento no quiero menospreciar los méritos de Boyd).

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  2. Esta película fue como el canto del cisne para este tipo de cine. Se rodó en un momento difícil en que estas superproducciones comenzaban a saturar al espectador de la época. Le habían precedido "Ben-Hur", "Espartaco", "Barrabás", "Cleopatra" y alguna otra. Por eso creo que llegó demasiado tarde. Aún así ha quedado grabada en mi memoria como una de las mejores representantes de aquella fiebre colosalista.
    Un saludo.

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    1. Estás en lo cierto. En 1964 el cine americano y en general los gustos del espectador comenzaban a mutar y "LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO" no fue bien acogida por el fatigado público de la época. Las virtudes de la película, pese a su evidencia, no fueron apreciadas y buena parte de la crítica (salvo sectores especializados) se cebó con ella. Una lástima.
      Un saludo.

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  3. Me temo que desde niño padezco de "fiebre colosal", ya que todas las películas citadas, entre las que por supuesto se incluye "La caída del Imperio Romano", me parecen extraordinarias. A Charlton Heston lo echo de menos en todo. En cuanto a los directores, es incuestionable la superioridad de Mann y Ray sobre J. Lee Thompson o Ken Annakin, pero quiero romper una pequeña lanza por estos "mercenarios" ingleses que ocasionalmente hicieron buenas películas como "El cabo del terror", "Una llamada a las doce", "Malasia" o "El valle de las mil colinas".

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    1. Mencionas la –para mí– única gran película de J. Lee Thompson que rodó en un momento de gracia o que tal vez su brillante resultado se debiera a una oportuna alineación de planetas. En cuanto a Ken Annakin, en efecto, tiene en su haber alguna buena película ("UNA LLAMADA A LAS DOCE" me parece artificiosa y está más cerca del Clouzot de "LAS DIABÓLICAS" que del cine de Hitchcock). Acudiendo a mis recuerdos, me gustaron "AL OTRO LADO DEL PUENTE" y "LOS ROBINSONES DE LOS MARES DEL SUR".

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  4. Y ya sé que no vale mucho, pero se basa en Jack London y está "Chuck". Me refiero a "La selva blanca", que tan de cerca nos toca.

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