18 de junio de 2016

SÁBADO TRÁGICO (Violent Saturday)
(USA) 20th Century-Fox, 1955. 91 min. Color. CinemaScope.
Pr: Buddy Adler. G: Sidney Boehm, basado en la novela de William L. Health. Ft: Charles G. Clarke. Mt: Louis Loeffler. DA: Lyle R. Wheeler y George W. Davis. Vest: Kay Nelson y Charles LeMaire Ms: Hugo Friedhofer. Dr: Richard Fleischer.
Int: Victor Mature, Richard Egan, Virginia Leith, Sylvia Sidney, Stephen McNally, Ernest Borgnine, Lee Marvin, Margaret Hayes, Tommy Noonan, J. Carrol Naish, Brad Dexter, Dorothy Patrick, Billy Chapin, Raymond Greenleaf, Robert Adler.
Del autocar detenido en Bradenville se apea un individuo bien trajeado (Stephen McNally) al que conoceremos como Harper y que aparenta ser un viajante de comercio.
Emily Fairchild (Margaret Hayes) es una mujer casada insatisfecha y de vida mundana que ahoga su frustración en sus encuentros con un amante.
Chapman (J. Carrol Naish) y Dill (Lee Marvin), dos individuos de los que más tarde sabremos que son atracadores, viajan en tren hacia Bradenville.
Harper se inscribe en el hotel de la ciudad y se presenta como un amigable vendedor. Mientras, vemos bajar por la escalera a Linda (Virginia Leith), una atractiva enfermera que también se hospeda allí.
Shelley Martin (Victor Mature) que trabaja como gerente de una vital mina para la ciudad, trata de convencer a su hijo Steve (Billy Chapin) de que no todos pueden ser héroes y que los que -como él- no han ido a la guerra también tienen un importante cometido en la vida civil y cotidiana.
Shelley charla con su esposa Helen (Dorothy Patrick) sobre los problemas y peleas que su hijo Steve tiene en el colegio con alguno de sus compañeros en torno a la valía de su padre.
Ahora ya sabemos que Harper, Chapman y Dill, esos tres hombres llegados discretamente a la ciudad, son delincuentes que planean atracar el banco.
Dill, hombre áspero y nervioso,  padece de insomnio y descarga sus dudas y cuitas personales con Harper en medio de la noche.
Aquí vemos a Emily en el Club de Campo coqueteando abiertamente con Gil Clayton (Brad Dexter) 
antes de iniciar una partida de golf.
Boyd Fairchild (Richard Egan), bebedor y dicharachero, ahoga su complejo de inferioridad (está al frente de la mina de su padre pero se cree incapaz de gestionar el negocio familiar) y su infelicidad matrimonial tomando unos whiskies y contándole sus penas a la enfermera Linda.
Es Linda quien se encarga de acompañar a Boyd, completamente borracho, hasta su casa. Emily, la esposa, no ve con buenos ojos su presencia allí y ambas mujeres se enzarzan una agria discusión en la que Linda recrimina a la otra el abandono al que somete a su esposo.
SINOPSIS: En un soleado y tranquilo día, unos individuos de aspecto apacible, en realidad unos gangsters, llegan discretamente a una pequeña ciudad minera con la intención de atracar su banco. Este hecho violento sacudirá y afectará en diverso grado las vidas de varias personas, cuyos asuntos y problemáticas personales se han ido entrelazando en las horas previas al atraco.
Emily, ante las palabras de su esposo,  parece tomar conciencia del fracaso 
de su matrimonio y se siente culpable por ello.
Elsie Braden (Sylvia Sidney), empleada de la biblioteca local, sorprende a Harry Reeves (Tommy Noonan), director del banco, espiando a Linda mientras se quita la ropa.
El día ha llegado y la cuenta atrás se ha iniciado. Harper y Chapman se dirigen al banco.
El nervioso Dill, desde su posición, hace lo propio.
Típica imagen de los atracadores, dentro del banco, apuntando con sus armas a todo el mundo.
Entre los atemorizados presentes, se halla la esposa de Shelley y su hijo pequeño.
Los atracadores, en su plan de fuga, han secuestrado a Shelley y utilizan la granja de una familia amish como punto de fuga, utilizando un camión que despiste a la policía.
Shelley atado y amordazado en el granero, trata de calibrar la situación y zafarse de las ligaduras.
Un momento especialmente tenso: Dill se dispone a rematar a Shelley que en su intentona de reducir a los delincuentes yace en el suelo herido. Detrás de él, el escindido granjero amish (Ernest Borgnine) duda sobre quebrantar o no sus principios religiosos.
En el último segundo, el granjero decide salvar a Shelley clavando su horca en la espalda de Dill.
Durante el atraco, la esposa de Boyd ha muerto alcanzada por los disparos de Dill. Él ahora está atormentado porque unas horas antes habían acordado arreglar su situación y empezar desde cero. Linda (que ama a este hombre) le consuela.
COMENTARIO: Richard Fleischer, como realizador contratado por los estudios, tocó todos los géneros y de vez en cuando, superando con creces los niveles que podían esperarse de un “artesano asalariado”, conseguía, con talento e inspiración, adherir a sus sólidas y briosas puestas en escena partículas de un universo propio que por alquimia "violentaban" las propiedades del grisáceo material de base hasta transformarlo, eso sí, sin por ello sacarlo del molde impuesto. ¿Cómo explicar de otro modo la fascinación, riqueza y redondez de films de encargo como "20.000 LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO" y "LOS VIKINGOS", o la audaz concepción de un western como "DUELO EN EL BARRO"?.
El título que ahora nos ocupa se encuentra, en mi opinión, entre los mejores trabajos que realizó Fleischer en la década de los cincuenta. Es una historia coral con varias acciones en paralelo, una crónica dramática que se adentra con una portentosa efectividad narrativa en lo que esconde la cotidiana y apacible vida de varios de los habitantes de una pequeña ciudad minera llamada Bradenville. Y son los tres delincuentes llegados discretamente a esa localidad para atracar su banco los que en sus idas y venidas van engarzando de manera involuntaria las diferentes historias por el mero contacto visual o coincidencia espacial con algunos de los habitantes.
Ya una de las primeras escenas de la película nos proporciona la pista sobre el método narrativo que adoptará Fleischer partiendo de un guión milimétricamente estructurado: asistimos a la presentación del personaje de la bibliotecaria, una mujer de mediana edad solitaria y triste (soberbia Sylvia Sidney) con apuros de dinero y acuciada por el Banco. La eficacia de esta escena que culmina con ella robando un bolso mientras es observada de manera casual por uno de los delincuentes que se encuentra allí estudiando en un mapa las carreteras que circundan esa ciudad, reside en la fluidez y economía de su construcción (la mirada de un personaje nos lleva a otro) y también en la significación e importancia que adquieren el decorado, los objetos, en relación al personaje (ella, en su tenso desplazamiento, acompañada por la cámara, se aferra al carrito de recoger libros para, en cierto modo, descargar físicamente su desesperación y resentimiento por cómo la han tratado la vida y esa ciudad).               
Lo que narra “SÁBADO TRÁGICO” a partir del conocimiento que ya tenemos de las entrecruzadas vidas de los personajes es el súbito estallido de la precaria, aparencial armonía social y emocional de unos seres por la intrusión de un elemento desencadenante (los atracadores) en su apaciguado microcosmos. Estamos ante un cer­tero retrato colectivo de contrastadas pinceladas de “ciudadanos respetables” tratando de superar sus frustraciones a través del alcohol, el adulterio, la búsqueda del respeto y, en ocasiones, sorprendidos en actos bochornosos (terribe escena nocturna de nuevo con la bibliotecaria cuando ésta va a tirar el bolso robado a un contenedor y sorprende al apocado empleado del banco (Tommy Noonan) espiando desde la oscuridad a la enfermera a través de su ventana mientras se desnuda). 
Si bien en el último tercio, tras el atraco, la película incursiona en el terreno del thriller, no ha sido -como explicaba antes- ese el tono predominante de la trama. De hecho, a los atracadores y la preparación del golpe no se les presta mayor atención que a los conflictos de los demás personajes y solo representarán en un momento determinado el elemento catalizador. En cualquier caso, estamos ante un espectáculo cinematográfico de primer orden en el que una vez más, cuando hablamos del cine de Fleischer, tenemos que aludir a un seco y contundente tratamiento de la violencia casi siempre ligada a estados tensionales (los dos alaridos guturales de Emily en el banco al ser alcanzada por dos disparos) u objetos y texturas que intervienen en la acción (salpicaduras de agua del abrevadero tras el que se parapeta uno de los delincuentes cuando es abatido por los perdigones de una escopeta). Y también a este respecto, resulta memorable el dibujo conseguido del gangster con rinitis interpretado por Lee Marvin, así como su muerte (impresionante por su fisicidad y significado moral) ensartado por la acción del amish, resuelta en un solo plano frontal.
En este blog volveremos sobre Richard Fleischer, un excelente director cuya obra -nunca es tarde- merece ser revisada y de nuevo valorada con la debida atención, esa que durante décadas apenas se le ha prestado a ambos lados del Atlántico. Imagino que por la pereza de unos y el menosprecio de otros.