15 de septiembre de 2015

GRAN JUGADA EN LA COSTA AZUL (Mélodie en sous-sol)
(Fr-It) Jacques Bar / MGM / Cipra / CCM / Cité, 1963. 118 min. BN. CinemasScope.
Pr: Jacques Bar y Jacques Juranville. G: Michel Audiard (diálogos), Albert Simonin y Henri Verneuil, basado en la novela de John Trinian. Ft: Louis Page. Mt: Françoise Bonnot. DA: Robert Clavel. Ms: Michel Magne. Dr: Henri Verneuil.
Int: Jean Gabin, Alain Delon, Viviane Romance, Carla Marlier, Maurice Biraud, Claude Cerval, Jean Carmet, José Luis de Vilallonga, Germaine Montero, Rita Cadillac, Henri Virlojeux, Dora Doll, Jimmy Davis, Dominique Davray.
Charles (Jean Gabin) acaba de salir en libertad tras un largo periodo en prisión. El entorno le resulta ajeno.
Cuando llega a su antiguo barrio, apenas reconoce nada. Todo ha cambiado.
Ginette (Viviane Romance), su desencantada esposa, le recibe con cierta frialdad.
En el rostro cansado de Charles no se atisba resignación. Necesita una vida tranquila y acomodada y tendrá que emprender una última intentona para conseguirlo.
Charles visita a Mario (Henri Virlogeux), un delincuente retirado amigo suyo, que le proporciona una valiosa información para dar un golpe en un casino de la Costa Azul.
Nuestro hombre necesita un compañero para llevar a cabo la delictiva hazaña y se pone en contacto con Francis Verlot (Alain Delon), un tipo algo macarra al que conoció en prisión.
Charles conoce bien a las personas y está seguro de que Francis servirá para el trabajo en cuanto le pula los modales y le vista adecuadamente.
Algunas lecciones imprescindibles que llegado el momento servirán para la intimidación.
Un tercer hombre también será necesario y recurren a Louis (Maurice Biraud), el cuñado de Francis, un tipo hogareño que se gana la vida como mecánico.
Con su nueva personalidad, Francis llega a Cannes haciéndose pasar por un adinerado playboy.
. Fin de temporada turística. El paisaje en Cannes es de lo más placentero.
SINOPSIS: Un maduro delincuente recién salido de prisión tras un largo periodo de encierro, pretende llevar a cabo un último trabajo que le permita retirarse definitivamente. Se trata de atracar un casino en Cannes, cuyos planos le ha proporcionado un antiguo compañero. Para la ejecución del golpe necesitará la ayuda de un joven de los bajos fondos al que conoció en la cárcel.
Francis desempeñando su papel de joven atractivo y con dinero para conseguir ligar con alguna de las bailarinas que trabajan en el casino que él y Charles van a atracar.
Noche de ojeo en el casino para ir asimilando el rutinario comportamiento de clientes y empleados.
A estas alturas, Francis ha conseguido engatusar a Brigitte (Carla Marlier), una de las componentes del ballet que el casino ha contratado para la gala de final de temporada.
Brigitte, que se ha enamorado de Francis, se siente burlada cuando percibe que él no lo está de ella.
Fiesta de despedida entre bastidores de los componentes del espectáculo. Mientras, Francis, espera el momento de entrar en acción.
La hora de la verdad ha llegado y el plan se pone en marcha.
Monsieur Grimp (José Luis de Vilallonga), el gerente del local, sorprendido junto a sus empleados por un armado y encapuchado Francis.
Tras ser atracados, la policía llega e intenta recopilar información con las declaraciones de los
desconcertados empleados del casino.
Francis, a quienes todos suponen un cliente del hotel, observa la escena con mucha sangre fría, mientras el dinero del atraco lo tiene junto a él en dos bolsas de viaje.
Charles, situado en la terraza frente a la piscina como otro cliente del hotel, observa impertérrito todo lo que ocurre ante él sin poder intervenir.
Lo que en un determinado momento contemplan impotentes tanto Francis como Charles, es materia reservada por si quien lee esto, ha cometido el error de no haber visto aún esta cinta.
COMENTARIO: Hay realizadores eficaces pero mediocres que un buen día, tal vez tocados por la gracia (y ayudados por la concurrencia de otros factores), consiguen un trabajo inspirado y redondo. Por ejemplo, le ocurrió a J. Lee Thompson con “EL CABO DEL TERROR” y a Henri Verneuil con la que ahora nos ocupa, un polar francés diseñado sobre un milimétrico guión que sintetiza las situaciones reduciendo a lo esencial las líneas de diálogo.
Partiendo de esta premisa, el director apostó por una puesta en escena de precisión matemática en la que las miradas y movimientos de los actores dentro del plano marcan con adecuada gelidez las relaciones entre unos personajes que en razón de su trabajo no pueden permitirse las emociones o, sencillamente, están incapacitados para ellas. En el caso del viejo atracador interpretado por Jean Gabin, son los años pasados en prisión, la experiencia adquirida en décadas de ejercicio delictivo, su conocimiento de la condición humana, lo que le ha llevado a un excepticismo terminal (señalar al respecto, la profunda tristeza que destilan las concisas escenas de él con su mujer). Seres que se mueven en un mundo geométrico, desde el calculado movimiento de las bolas en una mesa de un billar de barrio (sintéticas escenas de presentación del personaje de Delon, primero en su casa con la madre y luego con Charles) a los planos detallados de un casino como “mapa del tesoro” en el que los protagonistas cifran sus expectativas de un ilusorio ajuste de cuentas con la vida.
El acierto de elegir la atmósfera otoñal de un Cannes fuera de temporada, las pinceldas y detalles descriptivos de ese ambiente (hotel, clientes, camareros, piscina, personal del casino, bailarinas) las potentes composiciones de Gabin y Delon con todo el bagaje de su presencia en el noir, la excelente música de Michel Magne y esos magníficos, soberbios, veinte minutos finales, son virtudes que añadir a lo ya expuesto sobre un film que más de medio siglo después no ha perdido un ápice de su interés y que no dudaría en situar entre los mejores títulos del género, a la altura -por qué no- de clásicos intocables.