26 de febrero de 2015

ENCADENADOS (Notorious)
(USA) RKO, 1946. 101 min. BN.
G: Ben Hecht y Clifford Odets (sin acreditar). Ft: Ted Tetzlaff. Mt: Theron Warth. DA: Albert S. D'Agostino. Vest: Edith Head. Ms: Roy Webb. Pr y Dr: Alfred Hitchcock.
Int: Cary Grant, Ingrid Bergman, Claude Rains, Louis Calhern, Leopoldine Konstantin, Reinhold Schünzel, Ivan Triesault, Alexis Minotis, Moroni Olsen, Wally Brown, Charles Mendl, Eberhard Krumschmidt, Fay Baker, Antonio Moreno, Ricardo Costa.
El agente gubernamental Devlin (Cary Grant) observa a Alicia (Ingrid Bergman) que de algún modo trata de sofocar su tristeza por la reciente ejecución de su padre acusado de espionaje. 
En el bello rostro de una ensimismada Alicia vemos candor e ingenuidad.
Prescott (Louis Calhern) es el jefe de Devlin en un plan que involucrará a la pobre Alicia.
Convencida por Devlin, Alicia finalmente acepta colaborar sin comprender del todo el alcance y peligrosidad de su papel en esa misión.
Un factor a tener en cuenta en la decisión de Alicia es su progresivo enamoramiento por Devlin quien a su vez  comienza a sentirse incómodo ante la candorosa entrega de la muchacha. 
En esta imagen, queda de manifiesto la mala conciencia de un amargado Devlin obligado a entregar a Alicia en brazos de un nazi al que quiere desenmascarar.
Mientras Alicia ama sin reservas a Devlin, él (que también la ama) no puede ignorar la peligrosa
situación en que la ha colocado.
SINOPSIS: Al término de la II Guerra Mundial, la hija de un espía suicidado, una joven hermosa que trata de olvidar lo sucedido a su progenitor llevando un estilo de vida disipado, es convencida para ayudar al gobierno de Estados Unidos en la misión de desarticular una organización nazi que opera en Brasil y desbaratar así sus planes para conseguir uranio. En el empeño, habrá de utilizar su encanto y belleza hasta tocar el corazón de uno de los componentes de ese grupo y ganar su confianza.
No sabemos a ciencia cierta si el malestar de Devlin se debe al peligro que corre Alicia, o a unos irreprimibles celos por el matrimonio de ella con Alexander Sebastian (Claude Rains), el tipo cuyos planes quiere descubrir.
En la sombría expresión de Sebastian se adivinan sus dudas respecto al "amor" de Alicia por él.
Mme. Sebastian (Leopoldine Konstantin) es una mujer lista y dura. Tiene dominado a su vulnerable hijo Alexander y decide por él lo que debe y no debe hacer.
Una sufriente y enamorada Alicia, intentando hacerse entender por un Devlin cada vez más amargado.
Alicia tras una cortina observa preocupada algo mientras sostiene en la mano una crucial llave.
Alicia muy enferma (está siendo envenenada por su suegra y su marido) recibe la visita de Devlin que ignora la naturaleza de su mal estado.
Finalmente, Devlin comprende la situación casi terminal de Alicia
y decide rescatarla "in extremis".
 
COMENTARIO: Reconozco que a estas alturas resulta difícil no caer en lugares comunes cuando se habla de Hitchcock, pero es que su cine, muy analizado desde hace medio siglo, atrae como el abismo. Y los “vertiginosos”, los que no sabemos esquivar esa invitación de descenso al Maelstrom, vamos descubriendo capas y galerías interiores de insospechados contenidos. Lo insondable de muchas de sus películas, su sentido último, las hace aún más apasionantes, qué duda cabe.
Pero ahora estamos aquí para hablar de “ENCADENADOS”, una de sus mejores películas y también una de las más retorcidas y sombrías de su filmografía; su aspereza, su carencia de humor, la colocan junto con “FALSO CULPABLE” en esa corta lista de films suyos en que el maestro se implicó a fondo con todo lo que ello conlleva. 
Entre el thriller de espionaje (que es casi el pretexto para introducir la dosis de suspense que el público siempre espera) y el drama pasional, que era lo que más le interesaba, discurre este sensacional ejercicio en el que Hitchcock mostró su ilimitado talento y sensibilidad contándonos una historia de amor reprimido e incluso masoquista, revestida de engaño y culpabilidad, a la que aplicó soluciones de puesta en escena tan originales en su concepción como eficaces en su intencionalidad. Porque está claro que Hitchcock era un formalista en el mejor sentido y sus películas resultan apasionantes investigaciones trabajando el lenguaje de la cámara hasta extremos de absoluta perfección. Es decir, mediante despliegues técnicos asombrosos, siempre hallaba la manera más bella, sofisticada y a la vez efectiva de transmitirnos lo que él deseaba. Creo que esto ya lo he dicho en alguna otra ocasión refiriéndome a su obra pero no está de más haberlo repetido ahora. Ahí están el famoso plano-secuencia que recoge sin cortes el cálido besuqueo de la pareja protagonista en la habitación del hotel de Río, o esa grúa descendente en la secuencia de la recepción que comienza con un gran plano general con todos los invitados y termina en un primerísimo plano del puño crispado de Alicia ocultando una llave.
Por otro lado, es forzoso que nos detengamos en el personaje esquinado, constreñido, tenso y profundamente antipático que interpreta Cary Grant. Ese Devlin torturado por el sentimiento pasional que le une a Alicia a la que utiliza fría y calculadoramente a pesar de amarla, y que entrega en brazos de otro hombre, es retratado por Hitchcock en repetidas ocasiones a lo largo de la película, de espaldas con el consiguiente efecto de “ocultación” de su rostro como metáfora del encubrimiento de sentimientos e intenciones. Este comportamiento acaba consiguiendo que nuestras simpatías se desvíen hacia el malo” oficial, Sebastian (soberbio Claude Rains), al que percibimos como un personaje patético e ingenuamente romántico, vigilado desconfiadamente por sus compañeros nazis, dominado por una madre terrible (como casi todas las de Hitchcock) y que termina siendo “sacrificado” con impasible crueldad en una de las secuencias más sobrecogedoras que podamos encontrar a lo largo de toda la filmografía de Hitchcock.