30 de marzo de 2014

DE REPENTE, EL ÚLTIMO VERANO (Suddenly, Last Summer)
(USA) Horizon Pictures / Columbia, 1959. 114 min. BN.
Pr: Sam Spiegel. G: Gore Vidal y Tennessee Williams, basada en la obra de Tennessee Williams. Ft: Jack Hildyard. Mt: William A. Hornbeck y Tom Sandford. DA: Oliver Messel y Joan Ellacott. Vest: Oliver Messel. Ms: Malcolm Arnold y Burton Orr. Dr: Joseph L. Mankiewicz.
Int: Elizabeth Taylor, Katharine Hepburn, Montgomery Clift, Albert Dekker, Mercedes McCambridge, Gary Raymond, Mavis Villiers, Maria Britneva.
Violet Venable (Katharine Hepburn) es una adinerada viuda que vive recluida en su decadente mansión
con un enmarañado jardín botánico.
El doctor Cukrowicz (Montgomery Clift) es un notable neurocirujano a quien se le encomienda un delicado asunto relacionado con la sobrina de Violet.
Tras la entrevista que la viuda Venable tiene con el doctor Cukrowicz, esta torturada mujer accede al posible tratamiento de su sobrina, internada en una clínica mental.
Catherine (Elizabeth Taylor) arrastra un grave desequilibrio psicológico a raíz de la muerte violenta de su primo mientras ambos pasaban unas vacaciones en un indeterminado lugar del sur, junto al mar.
Catherine observa a otros internos desde lo alto del recinto, mientras en su fracturada mente están agazapados los recuerdos de una tragedia cercana.
Enfrentamiento dialéctico entre tía y sobrina, bajo la atenta observación del doctor Cukrowicz.
La dulce y serena belleza de Catherine oculta un grave trauma anclado en el pasado.
También Violet, ante las preguntas de Cukrowicz y su mirada escrutadora, se debate en su rechazo
de una realidad oculta y terrible.
SINOPSIS: En Nueva Orleans, el pragmático director de una clínica para enfermedades mentales con serios problemas económicos para su mante­nimiento, encarga a un joven y eminente neurocirujano para que convenza a una viuda millonaria de que financie su modernización. Ella accederá a condición de que este doctor cure (a través de una lobotomía) la neurosis de su traumatizada sobrina.
Cauto y a la vez inquisitivo, Cukrowicz intenta penetrar en el atormentado cerebro de Catherine.
Nadie es inmune a esa mirada violeta (pese al blanco y negro), tampoco el joven doctor.
Sin embargo, un verano esos ojos vieron el infierno.
Liz y Monty, grandes amigos en la vida real, metidos en la piel de Catherine y Cukrowicz, era la
tercera vez que trabajaban juntos.
El persistente doctor Cukrowicz, acercándose cada vez más al núcleo del problema, encara su labor con Catherine casi como un acto de exorcismo.
Las escenas retrospectivas sitúan a Catherine y su primo Sebastian (su condición de homosexual queda patente aunque no asumida) en unas soleadas vacaciones playeras en que ella, con su belleza, ejerce como anzuelo (tal vez sin saberlo) para atraer jóvenes en torno a él.
En ese extraño lugar vacacional, bajo un sol abrasador, la extrema pobreza de los asilvestrados lugareños
crea situaciones angustiosas para la pareja.
Las horripilantes imágenes de las que Catherine fue testigo aquel verano, trastornarían su mente, sumiéndola en un estado de bloqueo y ensimismamiento.
Cukrowicz y Violet frente a frente en el selvático jardín privado de su mansión, del que emergen
tétricas y premonitorias estatuas.
COMENTARIO: Hablar en este caso de fidelidad a la obra de Tennessee Williams resulta casi una obviedad pues la presencia del propio Williams acompañando a Gore Vidal en la redacción del guión, digamos que aseguraba ese apego al original literario. Pero “DE REPENTE, EL ÚLTIMO VERANO” va más allá del concepto “fidelidad” y digo que la película de Mankiewicz me parece el más afortunado y equilibrado acercamiento cinematográfico al denso, melodramático y desmelenado universo de este autor. Pero es que, al mismo tiempo, el talento del director conseguía empujar esa trama hasta su terreno, sobre el que ha construido muchas de sus películas (por cierto, utilizando aquí también una estructura de flashbacks), ese escenario de personajes enajenados, perseguidos y abrumados por un pretérito que gravita sobre ellos hasta provocarles heridas psicológicas de difícil superación.
Adelantándome a quienes vengan a recordarme títulos como la mítica “UN TRANVÍA LLAMADO DESEO” de Kazan, “LA GATA SOBRE EL TEJADO DE ZINC” y “DULCE PÁJARO DE JUVENTUD” de Richard Brooks, o “LA NOCHE DE LA IGUANA” de Huston, diré que siendo, con diferentes matices, todas ellas excelentes, dejándose llevar por el sello Williams, resultaban más enfáticas y desbocadas que la que nos ocupa, mesurada y contenida, cualidades que no le restan, sin embargo, una gran intensidad dramática a la hora de transmitirnos con fuerza las emociones, los mecanismos mentales, las motivaciones de las conductas humanas que siempre han apasionado a Mankiewicz, aquí, a través de esa indagación psicoanalítica sobre el personaje de Catherine (Elizabeth Taylor) hasta su liberación.
Locura, incesto, homosexualidad y canibalismo. Casi nada. Sin duda, la obra más calenturienta y enfermiza de cuantas yo conozco de Tennessee Williams, perfectamente controlada por el genio y la inteligencia de Mankiewicz que sin perder de vista el universo de su autor llega -como decíamos- a hacer suya esta historia de dos mujeres aprisionadas sin aparente escapatoria bajo la losa de un pasado reciente, oscuro y terrible. Un tercer personaje irá desgarrando trabajosamente las cortinas que lo cubren hasta dejarlo a la luz. El exorcismo liberará a Catherine y sumirá definitivamente en las tinieblas a su tía Violet.
Ya para cerrar estas líneas de observación y centrándonos en los intérpretes, decir, más bien exclamar, la necesidad de despojarnos del sombrero (y todo lo que queramos quitarnos), ante las portentosas composiciones llevadas a cabo por Liz Taylor (aquí, qué bella y buena actriz), Katharine Hepburn y Monty Clift, magníficamente dirigidos y dando lo mejor de sí mismos.
Liz Taylor durante el rodaje de la película, entre plano y plano, dormitando relajada sobre una roca de Platja d'Aro, mientras el sol tuesta su pecho.
Por primera vez podemos "ver" (ya que en la película se nos escamotea) el apuesto rostro de Sebastian Venable, incorporado por un actor absolutamente desconocido del que nunca hemos sabido el nombre.
NOTA: A principios del verano de 1959, la población (masculina) de las localidades de Bagur y S'Agaró, en Girona, se vio sobresaltada y excitada con la presencia de una exuberante Elizabeth Taylor que venía a rodar los escasos exteriores de la película de Joseph Mankiewicz (ver fotografía en color). Por supuesto, dado lo escabroso de la temática, en la España de entonces, la exhibición de esta película permaneció prohibida durante veinte años, es decir, hasta la desaparición de la censura franquista con el advenimiento de la democracia.

5 de marzo de 2014

PÁGINA EN BLANCO (The Grass Is Greener)
(USA-GB) Grandon / Universal, 1960. 104 min. Color. Technirama.
Pr: Cary Grant, Stanley Donen y James Ware. G: Paul Sheriff, basado en la obra de Hugh & Margaret Williams. Ft: Christopher Challis. Mt: James Clark y Peter Musgrave. DA: Paul Sheriff. Vest: Christian Dior, Hardy Amies y John Wilson-Apperson. Ms y Can: Noel Coward. Dr Ms: Muir Mathieson. Dr: Stanley Donen.
Int: Cary Grant, Deborah Kerr, Robert Mitchum, Jean Simmons, Moray Watson.
Victor (Cary Grant) y Hilary Rhyall (Debotah Kerr), forman un reposado matrimonio de nobles ingleses que redondean sus ingresos abriendo al público las puertas de su mansión un día a la semana y cultivando champiñón. 
El flemático Victor es un esposo despreocupado que da por sentada la solidez de su matrimonio.
De repente y de rondón, se les cuela en las habitaciones privadas un turista americano desligado del grupo de visita, el magnate del petroleo Charles Delacro (Robert Mitchum).
El impulsivo Charles Delacro sorprende a Hilary en su intimidad y de inmediato se prenda de ella.
A su vez, Hilary se siente atraída por Charles y como despertando de su letargo sentimental, se deja "llevar" por este atractivo millonario.
Antes de que ambos se den cuenta, están enamorados y se entregan a un frenético weekend sexual y romántico en Londres, a espaldas de Victor.
SINOPSIS: Víctor y Hilary, condes de Rhyall, forman un matrimonio inglés, equilibrado y mode­radamente feliz que habita una magnífica y aristocrática mansión. Una vez por semana es abierta al público para ser visitada por grupos de turistas y cierto día uno de ellos, un millonario americano, se cuela en los aposentos privados sorpren­diendo a Hilary por la que de inmediato se sentirá atraído y naturalmente intentará conquistarla.
Victor, desde su aparente y consentidora inapetencia, ama a su mujer y no es ajeno al riesgo que ahora corre la estabilidad de su matrimonio.
Entra en escena la frívola y entrometida Hattie (Jean Simmons), antigua novia de Victor y a pesar de ello, amiga de Hilary.
Entre bromas, nuestra festiva Hattie no pierde la esperanza de recuperar a Victor, o por lo menos darse un "revolcón" con él. Y la actual coyuntura parece la ideal.
Por el sistema de división de la pantalla Scope, he aquí a las dos "parejas" hablando por teléfono y, claro, sabiendo los cuatro que todos mienten.
Hattie aconseja a una desconcertada Hilary que no sabe por dónde tirar ante la avasalladora fuerza de Charles que la tiene seducida.
Victor, consciente de que está a punto de perder a su esposa, urde un retorcido y arriesgado plan para conseguir que las aguas vuelvan a su cauce.
COMENTARIO: Si bien la pareja es el eje sobre el que giran la mayoría de las comedias ahora consideradas como “clásicas”, las de Stanley Donen tienen un sabor especial, mezcla de calidez y elegancia, de lucidez no exenta de amor en el acercamiento a los personajes pero, sobre todo, en la atenta observación de las relaciones establecidas entre esos personajes y cómo son inteligentemente planificadas para que no perdamos ningún detalle revelador por fugaz que este sea. Instantes furtivos que nos ayudan a conocerles mejor. En consecuencia, esa perceptiva mirada dota a sus comedias, en ocasiones, de una cierta gravedad y de un poso de amargura cuando se nos muestran los efectos adormecedores y a la vez erosivos del paso del tiempo (a este respecto, recordemos el matrimonio formado por Joanna y Mark de “DOS EN LA CARRETERA”).
En la que ahora nos ocupa, nos encontramos, como en “VOLVERÁS A MÍ” y posteriormente “DOS EN LA CARRETERA” y “LA ESCALERA” (ésta en clave homosexual), ese tipo de pareja formada y asentada, con años de convivencia, antes de que comience la película. Por el contrario, también en la filmografía de Donen nos hallamos ante otras que se forman (trabajosamente) a lo largo de la trama y que comienzan a existir como tales cuando finaliza la cinta (por ejemplo, “BÉSALAS POR MÍ”, “CHARADA” y “ARABESCO”).
“PÁGINA EN BLANCO” es una comedia resuelta con un ritmo fluído y reposado que por momentos puede parecer teatral, pero que resulta el más adecuado para mostrarnos el tipo de existencia que la pareja protagonista lleva, confortablemente instalada en un estado a medio camino entre el tedio y la felicidad. Absolutamente seguros de sí mismos y el uno del otro, conformistas y conservadores, Victor (Cary Grant) y Hilary (Deborah Kerr) han aletargado cualquier elemento de inquietud y dejan transcurrir el tiempo con placidez entre conversaciones triviales, costumbres y pequeñas manías, confundiendo probablemente esa felicidad de la que creen disfrutar con un recurrente sucedáneo: la confortabilidad. Sin embargo, en la aparente solidez de esa relación aparece la primera grieta cuando de improviso el equilibrio de su placentera vida es roto por la intrusión de un extraño que se cuela de rondón, el americano Charles Delacro (Robert Mitchum) que vendrá a remover las estancadas aguas de ese matrimonio.
Está claro (por lo menos para mí) que en las últimas décadas, salvo alguna gloriosa excepción, ya no se hacen comedias inteligentes, dirigidas al cerebro y el corazón antes que al estómago o más abajo. Y Donen, junto a maestros como Leo McCarey, Vincente Minnelli, George Cukor, Howard Hawks o Preston Sturges, fue uno de los más brillantes cultivadores de un género muy, muy difícil y codificado y con el que más cosas pueden decirse a la hora de reflexionar sobre las relaciones interpersonales y en suma, de la condición humana. Ahora no toca hablar de sus maravillosos musicales.