27 de diciembre de 2013

QUE EL CIELO LA JUZGUE (Leave Her to Heaven)
(USA) T. Century-Fox, 1945. 111 min. Color.
Pr: William A. Bacher. G: Jo Swerling, basado en la novela de Ben Ames Williams. Ft: Leon Shamroy. Mt: James B. Clark. DA: Lyle R. Wheeler y Maurice Ransford. Vest: Kay Nelson. Ms: Alfred Newman. Dr: John M. Stahl.
Int: Gene Tierney, Cornel Wilde, Jeanne Crain, Vincent Price, Mary Phillips, Ray Collins, Gene Lockhart, Reed Hadley, Chill Wills, Grant Mitchell, Addison Richards.
Conocemos a Ellen Berent (Gene Tierney) dando una cabezadita mientras viaja en tren.
Cuando despierta, nos deslumbra su belleza y ella a su vez queda extrañamente fascinada por el caballero que recoge el libro que leía cuando cae de su regazo mientras dormía.
El caballero en cuestión es Richard Harland (Cornel Wilde), autor de ese libro, como podemos percibir por la fotografía de la contraportada.
Ellen, a lomos de un caballo, recorre un agreste paisaje mientras esparce las cenizas de su fallecido padre.
Ellen y Richard, ya casados, viven las primeras semanas de su matrimonio en una nube de amor.
Ellen pronto comienza a dar muestras de desequilibrios emocionales (observad sus manos crispadas).
La dulzura y belleza de Ellen ocultan el lado oscuro de esta mujer.
Richard está muy enamorado de su esposa y ella de él, hasta el punto de querer apartarlo del resto del mundo dejando a las claras el carácter posesivo de su amor por ese hombre.
Angustia y un toque de locura en los ojos de la bellísima Ellen.
SINOPSIS: Tras conocerle durante un viaje en tren, una bella mujer posesiva y celosa se casa con un escritor, y el obsesivo amor que siente por él la lleva a provocar de forma intencionada la muerte de dos seres inocentes. Cuando el esposo toma conciencia de que se ha casado con una perturbada, pretende abandonarla, pero ella se suicidará de forma que parezca un asesinato cometido por su hermanastra, a la que creía su rival.
La secuencia cumbre de la película, de noqueante dureza, comienza así...
Danny (Darryl Hickman) es el hermano pequeño de Richard y padece parálisis en las piernas. No obstante, su carácter voluntarioso y tenaz le empuja a querer nadar en el lago acompañado por Ellen.
Ellen consiente el deseo del muchacho de nadar y aprovecha la ocasión para "librarse" del estorbo de su presencia en la vida de ella y su esposo.
El pobre Danny se hunde en las aguas sin ser auxiliado.
Posesiva y perturbada, Ellen no se detendrá ante nada para eliminar obstáculos en su enfermiza obsesión por conservar el amor de Richard.
Con una criatura en sus entrañas, Ellen prepara el "accidente" de las escaleras.
En su delirante carrera hacia ninguna parte, esta mujer no duda en "asesinarse" a sí misma de tal manera que las culpas recaigan sobre su hermanastra, a la que considera su rival.
En el juicio, Richard será presionado sin compasión por Russel Quinton (Vincent Price) un fiscal con una motivación personal en la obtención de culpabilidad. 
Era inevitable: Ruth aparece en el juicio como culpable de la muerte de Ellen.
COMENTARIO: Cuando hablamos de la sublimación del melodrama, rápida e inevitablemente nuestra “cultura” cinematográfica nos lleva a Douglas Sirk. Sin embargo, no fue el único capaz de elevar a la categoría de obra de arte films adscritos a este -muchas veces- menospreciado género por aquellos críticos y espectadores que consideraban su proximidad al folletín como material destinado a públicos intelectualmente poco exigentes. Pues bien, antes de que en la década de los cincuenta Sirk se convirtiera en su mejor cultivador, existió un director, John M. Stahl, que lo abordó con exquisitez y evidente talento. De hecho, aquel alemán importado por Hollywood “remakeó” años después algunos títulos que Stahl había rodado en la decada de los treinta (“MAGNIFICENT OBSESSION”, “IMITATION OF LIFE”).
“QUE EL CIELO LA JUZGUE” es un melodrama depurado hasta la absoluta perfección cuya arquitectura argumental se basa en el geométrico ensamblaje de sus piezas sin necesidad de argamasa; una es consecuencia de la anterior y presiona sobre la siguiente formando así un todo lógico e inexorable. No faltan además algunos elementos de thriller y toques freudianos (o más exactamente jungianos) pues algunos detalles (que dejan de serlo por su evidencia) nos ponen sobre la pista de que Ellen arrastra un complejo de Electra sobre el que pivota la trayectoria de su enfermiza y posesiva obsesión amorosa que deviene locura y maldad casi en estado puro.
El film, de narrativa suave y precisa a través de un gran flashback, contiene momentos antológicos que han quedado enganchados para siempre en nuestra memoria cinéfila, como esas imágenes de onírica belleza que muestran a la Tierney cabalgando a lomos de un caballo sobre un paisaje agreste mientras esparce las cenizas de su difunto padre (de quien evidentemente estaba enamorada), o más tarde, la noqueadora secuencia de ella en medio del lago escudándose tras unas gafas negras mientras desde la barca contempla con estatuaria frialdad el escalofriante desarrollo del ahogamiento de su tullida e inocente víctima, o cómo diseña su “caída” por las escaleras en su intentona para librarse de otro ser inocente que la estorba. Y la cumbre, ese delirio vengativo de Ellen llevado "más allá de la muerte".
Se trata probablemente del mejor trabajo de John M. Stahl (como decía al principio de este comentario, un olvidado director a reivindicar) en el que debe desta­carse asimismo un inspirado trabajo con el color como elemento dramático y la sabia utilización tanto del paisaje como de la embelesante y a la vez ambivalente belleza de Gene Tierney en el mejor papel de toda su carrera. 

7 de diciembre de 2013

DUELO AL SOL (Duel in the Sun)
(USA) David O. Selznick-Vanguard, 1945-46. 144 min. Color.
Pr: David O. Selznick G: David O. Selznick y Ben Hecht (sin acreditar), basado en la novela de Niven Busch. Ft: Lee Garmes, Harold Rosson y Ray Rennahan. Mt: Hal C. Kern. DA: James Basevi y J. McMillan Johnson. Vest: Walter Plunkett. Dr 2ª Unidad: Otto Brower y Reaves Eason. Ms: Dimitri Tiomkin. Dr: King Vidor y (no acreditados) Josef Von Sternberg, William Dieterle, Sidney Franklin, William Cameron Menzies y (por supuesto) David O. Selznick. 
Int: Jennifer Jones, Joseph Cotten, Gregory Peck, Lionel Barrymore, Herbert Marshall, Lillian Gish, Walter Huston, Charles Bickford, Harry Carey, Joan Tetzel, Tilly Losch, Butterfly McQueen, Otto Kruger, Sidney Blackmer, Charles Dingle.
El eje de nuestra historia se llama Perla Chavez (Jennifer Jones) y tiene este desafiante y sensual aspecto.
Este es Lewt (Gregory Peck) el asilvestrado hijo del senador McCanles, que vive para divertirse y tomar lo que desea sin esperar oposición.
La llegada de Perla al rancho de los McCanles augura futuras tensiones. Aquí la vemos siendo recibida de manera agria por el patriarca McCanles (Lionel Barrynore) ante las consternadas miradas de su esposa Laura Belle (Lillian Gish) y su hijo Jesse (Joseph Cotten).
Jesse es un ser apacible, educado, sensible y cariñoso en contraste con su padre y hermano.
La delicada salud de Laura Belle no la impide entregarse a los suyos, demostrando un especial cariño hacia Perla a la que considera como una hija.
Pese al brusco machismo que preside todos los actos de Lewt, una parte de la joven Perla siente una irremediable atracción hacia por él.
Como en la Biblia, el poderoso McCanles tiene dos hijos, Lewt y Jesse, que corresponderían en su naturaleza a Caín y Abel. Helos aquí frente a frente.
SINOPSIS: Cuando su padre es ahorcado por matar a su infiel esposa y al amante, la bella mestiza Perla Chavez viaja hasta Texas para ser acogida por su tía Laura Belle, casada con un despótico e influyente ganadero. La llegada al rancho de la atractiva y sensual huérfana provocará disturbios familiares y viscerales enfrentamientos entre dos hermanos que desembocarán en la tragedia.
La inconsciente sensualidad que rezuma Perla, su voluptuosidad, no deja insensible al histriónico predicador (Walter Huston) que se autodenomina "matador de pecados", empeñado en salvarla de sí misma.
La inexplicable pasión amorosa que Perla siente hacia Lewt la provoca estados de confusión al no reconocerse a sí misma en sus entregas sexuales al montaraz personaje.
Bajo un cielo encapotado, una gráfica escena de dominación y deseo entre Lewt y Perla.
Un bellísimo y flamígero atardecer, marca de la casa en una producción Selznick. Se trata del encuentro entre Lewt y su padre cuando el primero está reclamado por la justicia tras haber matado a un rival que pretendía casarse con Perla.
Cuando la pasión amorosa cruza esa delgada línea y se torna en odio irreprimible.
Perla, rifle en mano, cabalga hacia su destino en busca del proscrito Lewt.
El último encuentro de los amantes tiroteados en el desierto y uno de los besos pasionales
más famosos de la historia del cine.
COMENTARIO: King Vidor fue uno de los pioneros, uno de los padres de ese hermoso y complejo arte de las imágenes en movimiento. Su cine, como el de Griffith, De Mille, Stroheim, Murnau, Chaplin, Sternberg, Lubitsch, Ford, Lang, Walsh, Hawks, Wellman, McCarey, Hitchcock, etc., ha contribuido a la creación de una arquitectura narrativa que hace que el cine clásico norteamericano haya sido (junto a la obra de algunos casos de autores de otros continentes que nunca pisaron Hollywood), la más indispensable aportación del arte de nuestro tiempo a la cultura. Y entiendo lo de cultura en su más genuino sentido, es decir, como aportación que sin la existencia del cine, no podría haber tenido lugar por otros medios, porque la naturaleza misma del cine es su plenitud abarcadora y su capacidad de profundización en la esencia del ser humano.
Bueno, después de esta breve introducción que consideraba imprescindible para entender en toda su significación films como el que ahora nos ocupa, paso a describir sintéticamente lo que para mí es esta obra maestra. Si bien las pasiones amorosas han alimentado las tramas de innumerables películas, lo cierto es que en muy pocas ocasiones estuvieron representadas con la fuerza que alcanzaron las imágenes de “DUELO AL SOL”, un western lírico, de características poco usuales, cuyos personajes, espoleados por febriles pasiones que impregnan la atmósfera hasta enfermarla, actúan con fanatismo bíblico, recortados sobre abrasadores paisajes y cielos premonitorios. Un film delirante y bellísimo que conjuga el melodrama más desatado con la ilustración de lo que fueron y representaron aquellos desafiantes individualistas forjadores de un país. Por otro lado, expone al mismo tiempo la pugna entre ese individualismo en busca de su propia realización y los frenos sociales y morales de una sociedad en embrión. En este sentido, algunos de sus personajes, al rebelarse contra el medio y no respetar el equilibrio de la colectividad, acaban provocando grandes catástrofes (el senador McCanles, su hijo Lewt).
Como veis, la grandeza de “DUELO AL SOL” alberga una absorbente historia pasional de seres que no admiten bridas, espoleados por su naturaleza a la que no se niegan (atracción, lujuria, rencor, ambición) y a la vez nos ofrece un fresco, entre la épica y el expresionismo, de alucinante fuerza descriptiva, a la que no son ajenas las interpretaciones bigger than life de Jennifer Jones, Lionel Barrymore, Lillian Gish (maravillosa escena la de su muerte) y un Gregory Peck fuera de su registro habitual.
Vidor está en toda la película, resulta evidente, sin embargo él no fue el único responsable del magnífico resultado. El férreo criterio de Selznick, sus intromisiones y cambios de director (con los que siempre entraba en conflicto), volvieron a funcionar, mal que nos pese, como ya sucediera en "LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ". Por ejemplo, toda la secuencia inicial con Herbert marshall en aquel increible saloon de atmósfera irrespirable y barroco diseño, estuvo rodada nada menos que por Josef von Sternberg.